
Vivimos en "Piloto automático"
1 Enero 2022
Se dice que el 90% del tiempo vivimos en “piloto automático”, sin pensar y con la mente subconsciente al mando, y solamente un 10% del tiempo domina la mente consciente, o elegimos de manera consciente cómo vivir.
Desde que somos pequeños, nuestra mente se programa para funcionar y responder de determinadas maneras; nos enseñan qué creer, qué hacer, qué decir, cómo decirlo, cómo comportarnos, y vamos caminando por la vida con esos programas mentales, repitiendo, casi sin pensar.
Vivimos queriendo cambiar las cosas que no nos gustan en nuestra vida, todo aquello que no nos hace felices. Se presentan frases como: “El lunes empiezo la dieta”, “Empiezo a entrenar”, “Desde ahora voy a ser diferente en el trabajo”, “Voy a cambiar mi actitud”, “Ya no quiero estar en este grupo de amigos”, “Quisiera renunciar a mi trabajo, pero no sé qué hacer”.
Muchas veces, no nos animamos a dar ese paso primero porque tenemos mucho miedo a lo desconocido, a lo que va a pasar, al fracaso, y nos quedamos a mitad de camino, o ni siquiera lo intentamos, y luego nos culpamos por no haber conseguido el cambio, y nos castigamos.
¿Por qué los cambios nos cuestan tanto?
Una de las razones por las que los cambios son tan difíciles, según estudios científicos, es porque los sistemas complejos (como la mente humana) tienden a la homeostasis, es decir, al equilibrio. Es decir, si se siente confortable con sus pensamientos, emociones y comportamientos, entonces es consistente como persona. Pero si no, entra en conflicto. Cambiar, muchas veces implica entrar en conflicto.
Esto significa admitir que los comportamientos de su pasado estaban mal o simplemente no le hacían sentir bien, y esta ruptura con el pasado es un gran disparador de ansiedad que se establece por la inconsistencia entre lo que hizo o cómo lo hizo en el pasado y sus nuevas creencias del presente.
Hay algunas sensaciones que parecen destinadas a convertirse en parte de su esencia, de su personalidad, de su carácter, y todo ello, sin que se dé cuenta. Se dice a sí mismo “ya soy así”, y que no puede cambiar. Es como si estuviera en piloto automático, comportándose y reaccionando ante las diversas situaciones de su vida siempre igual o de manera parecida, casi sin pensar. Esto no es casual. Estas reacciones automáticas son determinadas por patrones cerebrales que va construyendo a lo largo de su vida. Ante disparadores y eventos similares, tiende a reaccionar igual.
Cuando conseguimos mirar atrás, reconocer esos patrones que construimos y que nos hacían estar atrapados en nuestro cerebro, nos damos cuenta de que esas reacciones y pensamientos ya no nos sirven, no nos ayudan a avanzar y no nos hacen mejor persona. Lo más importante, la clave es ser conscientes y darnos cuenta, solo así podremos repensarlos y esculpirlos. Cambiar aquellos patrones y pensamientos que no nos sirven, reemplazarlos por otros que sí nos pueden servir.
El primer obstáculo al cambio es que nos gusta pensar que “somos así”, que nuestras identidades permanecen estables en el tiempo. El dilema de “este soy yo” se ve amenazado por cualquier tipo de cambio en sus patrones de pensamiento, emociones o forma de actuar, incluso, si son cambios positivos. El peligro es que el nuevo “este soy yo”, puede invalidar años de comportamiento particular.
¿Cuántas veces en su vida ha pedido un cambio o deseado un cambio, pero ha seguido haciendo exactamente las mismas cosas? Empiece dando pequeños pasos cada día. No es suficiente que repita día y noche lo que desea si no lleva ninguna acción a cabo.
Ejemplo:
Si repite a diario “yo merezco recibir todo lo mejor”, pero cada vez que alguien le quiere regalar algo, lo rechaza, o cada vez que alguien le piropea, da justificaciones. Cada vez que rechaza un regalo, elogio, ayuda o dinero, está demostrando que no es un buen receptor.
Para poder recibir, tiene que abrirse a recibir, no sólo con palabras sino también con hechos.
Para poder conseguir lo que aún no tiene, es necesario aprender algo que aún no sabe, hacer algo que aún no ha hecho, sino ya lo tendría.
Para aprender es necesario ver las cosas desde otro punto de vista, y para eso hay que estar dispuesto a cambiar.
Las creencias son la estructura y los cimientos de cualquier proyecto que emprendamos en la vida. Sus creencias son como las paredes de la casa en donde vive. Sus creencias delimitan el tamaño de su mundo. Hay creencias MURO y hay creencias PUERTA.
LAS CREENCIAS LIMITANTES SON LOS MUROS, no le dejan ver más allá.
LAS CREENCIAS POTENCIADORAS SON LAS PUERTAS, que le permiten el paso a lo que quiere.
Los MIEDOS solo son los muros de su mente. Y detrás de cada muro se esconde un nuevo horizonte, una oportunidad, un talento, un sueño. Anímese a cuestionar las formas y maneras que tiene de ver la vida, y a hacer un cambio de percepción.

Lic. Patricia Zubizarreta Canillas
Psicóloga Clínica