
La importancia de validar las emociones de los niños
1 Marzo 2022
Padres al día
Sea cual sea la etapa de vida en la que estemos, la validación emocional es un componente importante para nuestro bienestar. Sentirnos escuchados, comprendidos y apoyados en las distintas situaciones produce un gran impacto en la vida.
Pero… ¿a qué llamamos validación emocional?
Validar las emociones consiste en aceptar aquellas emociones que siente la otra persona sin juzgar ni querer modificar. En otras palabras, es empatizar con el otro y permitirle vivir sus experiencias emocionales sin querer intervenir. La validación emocional puede aplicarse hacia los demás y también hacia uno mismo.
La mayoría de los padres fueron educados bajo un estilo de crianza autoritaria donde la alta exigencia y escasa empatía eran características principales. Es frecuente encontrar padres repitiendo los mismos patrones de crianza con el cual fueron educados ya que es la mejor forma que conocen. Como resultado nos encontramos con una sociedad donde las emociones aún son algo mal vistas o como signo de debilidad, por esto es probable que tendamos a dar respuestas automáticas cuando los demás comenten sobre sus emociones ante alguna situación.
Actualmente, andamos con prisa para cumplir con las responsabilidades del día a día y esto muchas veces no nos permite parar, pensar y reflexionar antes de emitir algún juicio o actuar.
La infancia son los años más importantes de la vida
Es cuando se asientan y fortalecen los cimientos para una buena adultez. Muchas de las heridas de la infancia se producen a causa de las expresiones tanto verbales (palabras) como no verbales (gestos, golpes, abrazos) que tenemos con nuestros niños. De aquí la importancia de comprender el valor de las emociones de las personas para poder empatizar con ellas a través de la validación emocional.
Validemos las emociones de los niños
Colóquese un momento en la piel del niño, aquello que siente es importante para el/ella, aunque usted no comprenda sus razones. Acepte lo que siente, aunque no esté de acuerdo. Muchas veces, a nuestros ojos sus motivos pueden parecer insignificantes, pero si ellos lo están sintiendo y expresando es porque para ellos tienen un valor.
Ayúdele a poner nombre a lo que siente, y una vez identificada la emoción, valide aquello que siente: “Cuando era niño, o tenía tu edad también me dolía que…”, o simplemente escuche y acompañe.
Cuando practicamos esto con nuestros hijos y con las personas cercanas, aumenta la confianza y los vínculos afectivos se ven fortalecidos. Cuando juzgamos y rechazamos o minimizamos aquello que el otro siente estamos haciendo justo lo contrario, invalidar las emociones donde los lazos se ven afectados, y comenzarán a reprimir sus emociones y a vivirlas con malestar.
Los niños se sentirán inseguros y crecerán con dificultades para gestionar y comprender sus propias emociones.

Lic. María José Rodríguez
Psicóloga
Reg. Prof.: 8.091