
TRASTORNOS MENTALES QUE SE REPITEN EN LA FAMILIA: EL AMBIENTE Y LA EDUCACIÓN
1 Junio 2023
Padres al día
Si consideramos que la herencia genética no es un condicionante definitivo para desarrollar un trastorno mental, hemos de poner la vista en el ambiente y la educación.
El entorno y las circunstancias en las que crecemos juegan un papel crucial; así, los trastornos mentales que se repiten en la familia están influidos por los siguientes procesos:
Epigenética
Genes y ambientes interaccionan de una forma más estrecha y relevante de lo que podemos pensar, y lo hacen principalmente a través de la epigenética. Este mecanismo regula la expresión de los genes, de forma que la información contenida en el ADN del individuo se traduce en función de las experiencias con el entorno. La epigénetica afecta a la forma en que la persona reacciona a los factores ambientales; influyendo así en la probabilidad de que desarrolle un trastorno mental a consecuencia de ello. Los hallazgos más sorprendentes al respecto provienen de estudios realizados con pares de gemelos en los que solo uno de ellos presenta el trastorno mental; de este modo, desechando cualquier causa genética, se concluye que la epigénetica es la responsable de la presencia o ausencia de la enfermedad.
Vínculo de apego
Se establece con los cuidadores principales durante la infancia y puede actuar como factor de riesgo o de protección ante el desarrollo de trastornos mentales. Así, es menor el riesgo en el infante que establece un apego seguro y disfruta de tener cubiertas sus necesidades básicas a todos los niveles. Por el contrario, aquellos niños que son víctimas de negligencia, de abuso o de cuidadores indiferentes o ambivalentes son más vulnerables frente a los posibles agentes disparadores de un trastorno mental. Así, estas experiencias vinculares tempranas pueden contrarrestar en cierta medida la predisposición genética al trastorno o, por el contrario, exacerbarla.
Modelado
Los progenitores son los primeros referentes para un niño. De ellos aprende a pensar, a sentir, a comportarse y a interpretar el mundo. Así, si uno de los padres (o ambos) presentan un trastorno mental, es probable que ofrezcan un modelo inadecuado que sea asumido por el pequeño. Quizá aprenda a percibir o atender con más enfoque a los aspectos negativos de la realidad (lo cual es un factor de riesgo para la depresión); o tal vez aprenda a ser excesivamente vigilante, cauteloso y temeroso (factores asociados con los trastornos de ansiedad). Al ver a sus personas más cercanas reaccionar, gestionar sus sentimientos y desenvolverse en el mundo, el niño asume esos patrones como propios; y, si no son los más apropiados, pueden perjudicar su bienestar mental a corto y a largo plazo.
Por ejemplo, un padre con escasas habilidades sociales o con pobres estrategias de afrontamiento es esto lo único que podrá mostrar a su descendencia. Así, probablemente las dificultades que él mismo experimenta se repitan en sus hijos.
Experiencias vitales
Por último, incluso si se recibe la mejor crianza y los mejores cuidados, hay eventos vitales que pueden desencadenar la aparición de un trastorno psicológico.
Por ejemplo, la pérdida de un familiar cercano, ser víctima de abusos o de acoso escolar, sufrir dificultades socioeconómicas o enfrentar un gran estrés durante la infancia son factores de riesgo.

Mg. María Teresa Galeano
Psicóloga Clínica - Máster en Terapia Familiar
Reg. Prof.: 865