Todo sobre: hepatitis
1 Julio 2026
Consultas al doctor
Imagine que dentro de usted funciona una de las fábricas más eficientes del mundo. Trabaja las 24 horas del día y procesa todo lo que come, respira o absorbe. Ese órgano extraordinario es el HÍGADO, encargado de más de quinientas funciones: desde limpiar toxinas y almacenar energía, hasta producir elementos para coagular la sangre. A pesar de su resistencia, existe una condición capaz de poner en jaque su funcionamiento y alterar nuestro bienestar: la HEPATITIS.
En nuestro medio, gracias al idioma guaraní, es común escuchar la expresión "py'a ruru" (hinchazón del py'a: hígado y estómago). Nuestros abuelos la usaban para describir lo que médicamente llamamos hepatitis: vientre inflamado, piel amarillenta y decaimiento profundo.
Como médicos, respetamos esta sabiduría popular; entender cómo lo nombramos en casa es el primer paso para perder el miedo y tratarlo oportunamente.
¿Qué es realmente la hepatitis?
En términos sencillos:
- "Hepat" refiere al hígado.
- "Itis" significa inflamación.
Cuando el tejido hepático sufre agresión, los hepatocitos fallan o se destruyen, alterando sus funciones y liberando proteínas en sangre que se reflejan en un perfil hepático alterado. Esa es la gran pista de su inflamación.
Un hígado enfermo puede ser traicionero porque inicialmente no da síntomas: al no tener fibras sensitivas, sufre en silencio.
Síntomas característicos
Cuando la inflamación avanza, el cuerpo emite alertas:
- Ictericia: color amarillento en piel y ojos, que ocurre porque el órgano no puede procesar la bilirrubina y esta se acumula.
- Coluria: orina oscura, similar a bebida cola.
- Acolia: deposiciones pálidas, como arcilla.
- Cansancio extremo y dolores musculares tipo gripales.
- Náuseas persistentes y pérdida absoluta del apetito.
- Dolor sordo o pesadez debajo de las costillas derechas, donde se ubica el hígado.
Causas principales
Aunque la consecuencia es la inflamación, los detonantes son diversos:
Hepatitis virales:
- A y E: transmisión fecal-oral por agua o alimentos contaminados. Suelen ser agudas, causando malestar por semanas y el cuerpo las combate sin secuelas.
- B, C y D: transmisión sanguínea, sexual o de madre a hijo. Pueden volverse crónicas y dañar el tejido silenciosamente durante años, hasta provocar cirrosis o cáncer.
Otras causas:
- Hepatitis alcohólica (por consumo tóxico).
- Hepatitis por hígado graso (esteatohepatitis).
- Hepatitis autoinmune (el sistema de defensa ataca por error al hígado).
¿Cuándo NO deberíamos llamarlo hepatitis?
Es frecuente asumir que cualquier alteración abdominal o tono amarillo es hepatitis.
Sin embargo:
- Síndrome de Gilbert: condición genética benigna que causa ojos amarillos por estrés, ayuno o esfuerzo físico. El hígado está sano, es solo un retraso inofensivo procesando pigmento.
- Obstrucción biliar: un cálculo (piedra) bloquea los conductos de la bilis. El paciente está amarillo y con dolor, pero no es hepatitis.
- Dolores digestivos: gastritis o colon irritable no deben etiquetarse como hepatitis.
- Análisis con transaminasas elevadas por ruptura muscular en un ejercicio intenso (rabdomiólisis), el hígado está intacto aunque los valores alarmen.
La hepatitis siempre requiere confirmar inflamación en el propio órgano.
La prevención: el mejor escudo
El hígado perdona excesos y se regenera, pero tiene límites.
La clave es la prevención:
- Vacunas efectivas contra hepatitis A y B.
- Higiene en alimentos y agua.
- Pruebas de detección oportunas.
- Escuchar al cuerpo y evitar automedicarse.
- Moderar el consumo de alcohol.
- Consultar al especialista.
Cuidar de su hígado es cuidar de su vida.
Dr. Elías Morán González
Especialista en Gastroenterología, Hepatología y Endoscopía Digestiva
R. P. N.º 13.569 -- Cel.: (0982) 663-321




