
¿Cómo lidiar con las emociones?
1 Diciembre 2022
Padres al día
Las emociones son energía en movimiento, es la respuesta que muestra nuestro cuerpo frente a las situaciones de la vida. Lastimosamente, nadie nos enseñó a reconocerlas, darles un nombre, entenderlas, mirarlas.
Nos educaron para sentir lo que sea agradable y para reprimir todas aquellas emociones incómodas (rabia, tristeza, miedo, enojo, etc). Pero no por el hecho de reprimirlas, ellas desaparecen, no, ellas se alojan en el cuerpo y, si no son expresadas, se encapsulan, y más tarde se convierten en una dolencia física o una enfermedad.
Cuando nos tragamos las emociones, nos ahogamos. Como decía Freud: “Las emociones reprimidas nunca mueren. Están enterradas vivas y saldrán a la luz de la peor manera” .
Vivimos en una cultura que nos impulsa a bloquear o reprimir las emociones, dando mucho más importancia a lo racional. También el hecho de “sentir o emocionarse” está visto como signo de debilidad. Reprimir una emoción equivale a no aceptarla, la estamos negando, y de esa manera se quedan enquistadas en el subconsciente y en el cuerpo, y generalmente, afloran de una u otra manera en otro momento de nuestra vida, quitándonos la armonía y el equilibrio.
Los motivos por los cuales no expresamos las emociones son:
-Miedo al rechazo.
-Miedo a lo que los demás piensen o a quedar en ridículo.
-Simple incapacidad para expresarlo.
Las emociones se acumulan y en algún momento se colma el vaso. Ya no hay espacio para guardarlas, entonces explotan y salpican; nos perjudican a nosotros y probablemente a los que nos rodean. Cuando no somos capaces de expresar lo que nos pasa, esperamos que el otro se dé cuenta o descubra aquello que estamos sintiendo, o a veces, queremos que el otro se dé cuenta del daño que nos hicieron.
En verdad, las personas que juzgan, critican o dañan, no lo hacen con intención o con maldad. Incluso ignoran el daño que causan a otros. Por lo tanto, si no expresamos lo que sentimos a la persona que nos está causando daño, probablemente nunca lo sepa, porque al no recibir una respuesta nuestra, no son conscientes del daño que están causando.
Todas aquellas personas que no son capaces de expresar las emociones, se quedan ancladas en el pasado. Se culpan por algunas situaciones del pasado, por eventos o emociones no superadas o no digeridas.
¿Cómo podemos aprender a expresar y liberar las emociones?
Idealmente, este aprendizaje debería iniciar en la infancia. Como adultos responsables de niños, debemos acompañar y enseñar a nuestros niños a aceptar y a reconocer todas sus emociones, sin cuestionarlas, sin negarlas ni tampoco invalidarlas. Reconocer las emociones de los niños es primordial para que ellos aprendan a entenderlas, y lo más importante, a aceptarlas. De este modo, se van a sentir cómodos con ellas, no se sentirán juzgados, y cuando sean mayores, las utilizarán de otro modo, como indicadores o señales. Se preguntarán: “¿Por qué me siento así? ¿Qué me está mostrando esta emoción?”.
Las emociones son nuestra brújula y nos pueden guiar para tomar decisiones asertivas, si es que las escuchamos. Así, por ejemplo:
-La tristeza, nos invita a pausar, a reposar y a soltar algo.
-El enojo puede impulsarnos a tener una conversación necesaria con alguien.
-La alegría nos invita a la celebración y la gratitud.
Las emociones son respuestas naturales de nuestro cuerpo a lo que acontece en nuestra vida.
Todas las emociones que sentimos vienen a nuestra vida con un propósito u objetivo específico, pero si no las aceptamos, las reprimimos o las negamos, difícilmente cumplan con su propósito y se conviertan en alguna dolencia o enfermedad.
El gran desafío es poder captar el mensaje de nuestras emociones. Son el puente entre mente y cuerpo, y responsables de la salud. Al escucharlas y usarlas adecuadamente, lograremos adueñarnos de ellas para vivir en mayor armonía y bienestar. |

Lic. Patricia Zubizarreta Canillas
Psicóloga Clínica