
La zona de confort
1 Marzo 2023
Padres al día
de nuestra zona de confort, y para realizar cambios o elegir realizarlos, casi siempre estos se encuentran fuera de esta zona, en lo que se llama “la zona mágica”.
“Cuando nos ponemos en movimiento, el mundo cambia a nuestro alrededor porque nosotros cambiamos la manera de percibir el mundo. En cierto momento, todo comienza a fluir más naturalmente porque hemos tomado la decisión de ser artífices de nuestro destino, y no de soportarlo positivamente.”
¿Qué es la zona de confort?
Hace unos años escuché por primera vez la famosa frase “zona de confort”, y al comienzo lo primero que me vino a la mente fue una zona cómoda, armoniosa, amena, tranquila, silenciosa, donde nadie te molesta. Con el paso del tiempo, investigué más sobre esta frase que cada vez se escucha más. La zona de confort es una zona imaginaria en donde nos sentimos “seguros”, no necesariamente es una zona armoniosa, tranquila, cómoda, silenciosa como yo creía, es una zona a la cual estamos acostumbrados; sería la rutina que tenemos hace años, nuestras actividades, nuestros hábitos, el estilo de vida al que estamos acostumbrados, nuestro trabajo, nuestros amigos, nuestra familia, nuestro contexto en general.
Es una zona en donde casi no hay cambios, todo se mantiene constante; por más que sea caótico, el caos es una constante. Por más que no nos guste o nos estrese nuestro trabajo, al menos es algo constante; por más que no estemos a gusto con nuestra pareja, creemos que más vale malo conocido que bueno por conocer (yo preferiría más vale bueno por conocer que malo conocido).
¿Por qué nos cuesta tanto salir?
Nos mantenemos dentro de esta zona de supuesta comodidad porque es lo que conocemos, lo que sabemos cómo funciona y prácticamente vivimos en “piloto automático”, sin pensar mucho, sin sentir mucho, y generalmente, lo que nos frena a salir de esta zona es el MIEDO. El miedo a perder algo, el miedo a fracasar, el miedo al cambio, a perder lo que tenemos, a perder lo que somos, miedo a probar cosas nuevas, en general: miedo al cambio. Entonces, elegimos seguir como estamos porque ya sabemos cómo funciona y casi no requiere energía, ni creatividad, simplemente presiono el botón de “piloto automático” y todo sigue normal. Pero tenemos la creencia, por alguna razón, de que es peligroso salir.
¿Cómo hago para salir?
Hay muchas frases que invitan a salir de esa zona de confort, que a mí me encantan:
- “Ningún mar en calma hizo experto a un marinero”.
- “Si no tuvieras miedo, ¿qué harías?”
- “La vida comienza donde termina la zona de confort.”
- “La zona de confort es un hermoso lugar, pero nada crece allí.”
Nuestra mente busca la homeostasis o el equilibrio, mínimos cambios, entonces tenemos esa voz interna que nos dice: “ ¿para qué buscar algo nuevo, si así estamos bien?", " esto ya lo conocemos; quedate nomas donde estás que ya sabemos cómo funciona ”, etc. Esto hace el cerebro para mantener el equilibrio de energía, porque el cambio significa utilizar más energía de la habitual, y la función principal de nuestro cerebro es “ahorrar energía”.
El cerebro busca asegurar su confort y su estabilidad porque esa es su función principal, no porque le está boicoteando como a veces creemos. Creo profundamente que la diferencia entre animarse o no a salir de la zona de confort depende casi exclusivamente de las creencias que tenemos con respecto al “cambio”, es decir, el hecho de creer o no creer que podemos cambiar es fundamental para abrir las puertas y salir de la zona de confort.
¿Qué hay fuera de la zona de confort?
Esto también depende de nuestras creencias... hay gente que cree que no vale la pena arriesgar, que es mejor seguir en lo seguro, en lo conocido, porque no saben cómo les puede ir si deciden cambiar. Escucho mucho las frases: “la vida es dura” “ no es fácil emprender algo nuevo”, “es difícil la vida”, etc., etc.; con estas creencias, lo único que estamos fortaleciendo son esas ideas, y atraemos a nuestra vida exactamente lo que pensamos, sentimos y creemos.
Y entonces, me pregunto: si somos dueños de nuestros pensamientos, sentimientos y creencias, ¿por qué no elegimos pensar siempre que puede sucedernos lo mejor?
En lugar de preguntarnos: "¿y si algo sale mal?", podemos preguntarnos: "¿y si todo sale bien?". Requiere exactamente el mismo esfuerzo pensar en ambas cosas, y la primera pregunta genera ansiedad y estrés, sin embargo la segunda, genera esperanzas, sueños, creatividad.

Lic. Patricia Zubizarreta Canillas
Psicóloga Clínica