
ESPECIAL: INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS
1 Junio 2023
Nutrición Inteligente
El término “intolerancia alimentaria” es cada vez más común, y cada vez más personas parecen tener una intolerancia alimentaria.
La intolerancia alimentaria es la dificultad que tiene el organismo para digerir ciertos alimentos, esto origina reacciones que surgen poco tiempo después de ingerirlos, los síntomas más comunes incluyen: exceso de gases, dolor abdominal o náuseas, por ejemplo.
Tipos de intolerancias a los alimentos
En primer lugar, es importante saber que no todas son iguales. En función de su origen, se deberá seguir un tipo de tratamiento u otro en el caso de padecer alguna de ellas.
Los 3 tipos en los que se distinguen en función de su origen:
1-Las intolerancias primarias: son las que se heredan. Pueden hacerse más graves con el paso de los años y aparecer a cualquier edad. No existe una cura completa.
2-Las intolerancias secundarias:se presentan sin ningún motivo relacionado con factores genéticos, y es posible revertirlas al atacar el problema de raíz. Con una alimentación adecuada puede ayudar a la mucosa del intestino a recuperarse pronto.
3-Las deficiencias congénitas: son parecidas a las del primer grupo, pero en este caso, el problema con la alimentación ocurre desde el nacimiento. No son las más habituales, pero muchas personas las padecen.
Síntomas generales frecuentes
- Dolor abdominal.
- Diarrea (en ocasiones con periodos de estreñimiento).
- Náuseas.
- Vómito.
- Cambios de humor.
- Depresión.
- Trastornos del sueño.
- Reacciones en la piel.
- Nerviosismo.
- Jaqueca.
- Asma o tos.
- Cansancio general o fatiga.
- Dolor en articulaciones.
- Gases.
Son los principales síntomas, pero pueden ser más. La aparición, intensidad y frecuencia dependen totalmente de la cantidad del alimento que lo ha ocasionado.
Las intolerancias más comunes
- Intolerancia a la lactosa:
Es una de las más comunes; numerosos estudios demuestran que un alto porcentaje de la población mundial no produce suficiente lactasa.
La lactasa es la enzima que se encarga de descomponer la lactosa, azúcar de la leche, para que el torrente sanguíneo pueda absorberla sin problemas. Cuando no se dispone de esta enzima en la cantidad que el organismo necesita, o no funciona correctamente, el problema derivado es que la lactosa pasa al intestino grueso directamente.
Algunas personas, al percibir esas molestias, comienzan a darse cuenta de su intolerancia al tomar leche u otros lácteos. Sin embargo, en los casos más leves, pueden ingerir yogures o quesos. Esto se debe a que estos alimentos contienen muy poca lactosa y no producen dichas reacciones.
A medida que nos hacemos mayores, la producción de lactasa es cada vez menor, por ello, muchas personas comienzan a padecer la intolerancia a la lactosa siendo adultas.
- Intolerancia al gluten:
El problema deriva de los daños que causa el gluten a la mucosa del intestino. Esto es debido a que evita que esta pueda absorber los nutrientes de los alimentos de forma adecuada.
La intolerancia al gluten puede llegar a ser causa de desnutrición, principalmente en los más pequeños.
El gluten está presente en los cereales como: trigo, avena, centeno, cebada, y en los alimentos cuya preparación incluya alguno de estos cereales. Es de suma importancia la lectura de las etiquetas nutricionales de los productos.
La intolerancia al gluten es permanente y, por esto, es necesario retirar por completo el gluten de la alimentación, de esta forma los síntomas desaparecen.
Muchas personas no son conscientes de que padecen este trastorno, piensan que las molestias están relacionadas con otros problemas y no ha sido, por tanto, diagnosticado por un especialista.
- Intolerancia a la fructosa:
Aunque de todas las intolerancias a los alimentos más habituales esta es la menos conocida, es importante saber de su existencia. En este caso, el aparato digestivo es incapaz de descomponer la fructosa y absorberla de forma adecuada.
La fructosa es el azúcar natural que se encuentra principalmente en la fruta.
Las personas que tienen este problema con la fructosa deben, como es lógico, evitar su ingesta. Esto incluye, por ejemplo, los alimentos con azúcar añadido y fruta muy madura.
Las pruebas de intolerancia alimentaria
Consisten en análisis de sangre que permiten detectar la presencia de anticuerpos IgG ante más de 200 proteínas procedentes de alimentos de consumo habitual. De esta manera, se puede saber cuáles causan malestar, eliminarlos de la dieta o moderar su ingesta.
Para el diagnóstico de la intolerancia al gluten, la enfermedad celíaca o la intolerancia a la lactosa son necesarios análisis específicos.
Mediante el diagnóstico y la eliminación de los alimentos que no se toleran se han conseguido mejorías significativas de los síntomas en más de la mitad de los casos.
En general, la mejoría se percibe al cabo de uno o dos meses de haber instaurado la alimentación adecuada.

Lic. Lorena Benítez
Nutricionista
Reg. Prof.: 1327