
Educar sin culpa
3 Mayo 2021
Padres al día
Los padres de HOY hemos vivido como hijos en un mundo totalmente diferente al que nos toca vivir como padres, es por eso que a veces nos cuesta tanto entender a nuestros hijos, porque ellos vienen con otro chip, y nosotros necesitamos desinstalar los programas que teníamos para reprogramar otros nuevos, que nos ayuden a leer el mundo de nuestros hijos. Los hijos no vienen con un manual de instrucciones, el ser padres se aprende de la experiencia, y la mayoría de las veces repitiendo ciertos patrones que hemos recibido de nuestros padres, pero que hoy en día ya no nos sirven. Necesitamos nuevas maneras que se adapten a las características tanto del mundo de hoy, como de los hijos.
Una de las emociones que nos visita a la mayoría de los padres es la culpa. Los padres perdimos la confianza en nuestro rol de padres, buscamos que alguien de “afuera” me diga cómo educar a mi hijo. Hay una buena y mala noticia: “No hay una receta ni una manera correcta de ser padres”, esa es la buena y la mala noticia. Los padres ya tenemos adentro la caja de herramientas para educar a nuestros hijos, solo tenemos que confiar. Los padres son los primeros expertos en la educación de sus hijos, necesitamos recuperar nuestro rol de “guías”, nosotros somos los referentes más importantes para nuestros hijos, y ellos nos están mirando todo el tiempo. La guía no tiene que ver con los discursos que le doy a mis hijos sino con la experiencia que vivo con ellos y los ejemplos que le doy.
Sí es verdad que hoy en día los padres se animan a consultar mucho más o a pedir más ayuda con respecto a la educación de sus hijos. Pero esto tiene una desventaja, y es que al pedir ayuda, hay una aceptación implícita de que ellos no saben lo que le pasa a sus hijos y que hay otros que sí saben (psicólogos, docentes, amigos, etc.) y le van a dar una técnica o una receta para educarlos de la mejor manera.
Lamento decirles que no existe ni una técnica adecuada ni libro de recetas, y tampoco una manera exitosa de educar. Los padres, son los únicos expertos en la educación de sus hijos. Es por eso que los padres necesitamos recuperar nuestro rol en la vida de ellos. Debemos volver a confiar en nuestra experticia para dejar de renunciar a nuestra responsabilidad y tomar la vida en nuestras manos.
Esto no quiere decir que tenga que dejar de pedir ayuda cuando sienta la necesidad, pero hay que estar muy atentos a las señales que vienen desde nuestro interior, porque esas señales, cada padre va a sentir diferente; está bueno escuchar consejos y pedir ayuda, pero sin perder de vista que soy yo (padre/madre) quien tengo la responsabilidad de elegir el camino que más se alinea conmigo.
En la cultura actual, donde la búsqueda de la perfección aparece como exigencia, el intentar ser los “mejores padres” se transformó en otro deber más. No basta con ser un buen padre, tengo que ser el mejor.
Debemos restaurar nuestro lugar de “guía sin culpa”, ya que educar a nuestros hijos forma parte de la vida y no debemos hacerlo como respuesta a: “como nos educaron a nosotros” “no voy a hacer con mis hijos lo que mis padres hicieron conmigo”. Esto refleja: Miedo/inseguridad/rencor, a cómo fueron educados. Y cuando esto se instala, el niño termina siendo víctima de un pasado que sus padres no saldaron con sus propios padres.
El mejor camino para educar es el que cada padre construye con sus hijos y el vínculo que construyen. No hay recetas, pero sí hay ingredientes que no deberían faltar. Este vínculo requiere:
- Paciencia
- Presencia
- Atención
- Compromiso
- Amor
- Respeto
Y la capacidad para reparar los errores, saber estar, ser suave y firme cuando se precisa. Los valores que forman la base de un vínculo sano se “viven”, no se “inculcan”.
Por miedo a vivir, no vivimos, o vivimos a medias, sin tiempo para perder el tiempo, sin tiempo para ganar: vivimos una vida de locos, vida a full, fast life.
¿Calidad de vida, o vida sin más?
Porque si no tengo tiempo no me tengo a mí mismo.
Antes de la pandemia, estábamos llevando una vida “a mil por hora”, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, siempre corriendo: para llevar a los chicos al colegio, llegar a una reunión, ir al trabajo, al gimnasio, al super, concentrados en ser competentes, efectivos, etc.
Estamos la mayor parte del tiempo diciendo frases a nuestros hijos del tipo: “Apurate”, “dale, bañate que ya es tarde”, “rápido hace la tarea”, y después no entendemos por qué están estresados.
En el mundo de hoy, el estrés es una característica muy común, y es la raíz y el origen de muchas enfermedades actuales.
Creo que esta pandemia vino a mostrarnos que estábamos viviendo estresados, probablemente la mayor parte del tiempo, y posiblemente, sin darnos cuenta.
Miles de investigaciones nos dicen que “vivir estresados”, enferma, y sin darnos cuenta, contagiamos a nuestros hijos esa manera acelerada y estresada de vivir.
Estoy convencida de que la pandemia es una invitación a:
- Vivir más lento.
- Educar más lento.
- Respirar.
- Comer más despacio.
- Tener tiempo para estar sin agenda.
- Disfrutar del tiempo libre, del juego, del trabajo, de la pareja, de educar sin estrés.

Lic. Patricia Zubizarreta Canillas
Psicóloga Clínica