Decisiones que duelen, pero liberan
1 Junio 2026
Padres al dia
Hay decisiones que no se toman con la cabeza, sino con el cuerpo entero: con el nudo en la garganta, las manos frías y la sensación de estar a punto de saltar al vacío sin saber si habrá red abajo. Sin embargo, son las decisiones que más nos transforman.
Desde afuera, algunas elecciones pueden parecer irracionales:
- Dejar un trabajo estable.
- Cerrar un proyecto en el que invertiste años.
- Soltar un vínculo que ya no te nutre, aunque todavía duela.
Estas decisiones no traen aplausos inmediatos. Llegan acompañadas de miedo, culpa y el peso de decepcionar a alguien, incluso a uno mismo.
Elegir es renunciar
Para hacer lo que hacemos y estar donde estamos, siempre renunciamos a algo. Reconfigurar la vida implica tomar decisiones que no siempre son fáciles ni livianas. Generalmente vienen acompañadas de tristeza y dolor, porque lo que duele no son las elecciones en sí, sino las renuncias que conllevan, aunque sepamos que lo que vendrá después será mejor.
Con el tiempo comprendí que al elegir renunciaba, pero al renunciar generaba nuevas posibilidades. Esa distinción cambia la perspectiva.
Existen dos tipos de dolor:
- El que paraliza y te deja dando vueltas en el mismo lugar.
- El que transforma, te empuja y te desarma para reconstruirte de otra manera.
La clave está en preguntarse desde dónde se toma la decisión: ¿desde el miedo a perder lo conocido o desde la confianza en lo que se puede construir?
Soltar también duele
Tony Robbins afirma que nuestro destino se configura en momentos de decisión. No son las circunstancias las que definen la vida, sino las elecciones que hacemos frente a ellas.
Pero elegir implica soltar, y soltar duele. Duele porque detrás de cada cosa que dejamos hay afecto, historia e identidad. No se trata de negar ese dolor, sino de no permitir que nos paralice.
Hoy, después de más de veinte años de carrera y de haber construido vida y familia, puedo decir con certeza: las decisiones que más me dolieron son las que más me liberaron.
Me enseñaron que no se crece sin cambiar y que no se cambia sin perder o renunciar a algo en el camino.
Lo que se pierde nunca es en vano: cada ciclo que se cierra deja más liviandad, más claridad y más cercanía con quien realmente somos.
Si hoy está frente a una decisión que le quita el sueño, recuerde que el temblor es parte del proceso. No espere a sentirse seguro para actuar. A veces la seguridad llega después, cuando mirá hacia atrás y entiende que el salto valió la pena.
Hasta la próxima nota.
Laura Inés Frutos Perina
Coach Ontológico Profesional -- Coach Ejecutivo y Organizacional -- Coach Deportivo
Postgrado en Neurociencias -- Especialización en Biodecodificación




