
Crianza consciente
1 Noviembre 2022
Padres al día
Nuestros hijos, son almas que nos pusieron a cargo, y ya vienen equipados para cumplir con su propósito o misión en la vida. Y como padres, a veces queremos forzarlos a caminar ciertos caminos que creemos que son buenos para ellos.
Nuestra labor como padres es “acompañar” esas almas; somos los responsables de conocerles, no de querer que sean de una cierta manera, sino de mirarlos con curiosidad, para descubrir realmente quiénes son. Si logramos mirar a nuestros hijos quitando nuestras expectativas del medio, es maravilloso. Si como padres conseguimos mirar a nuestros hijos desde la curiosidad, cambia todo.
Nuestra responsabilidad es caminar a su lado y poder ver su grandeza, no solamente las cosas que no hace o que no cumple. Aparte de las cosas que hace o no hace nuestro hijo, hay un ser humano al que le pasan cosas. Tengamos mucho cuidado con las etiquetas, cuando iniciamos una frase con la palabra “sos…”, se lo terminan creyendo y van por el mundo con ese programa. Lo mejor que podemos hacer es describir lo que hace y corregir su acción, no su “ser”, porque su ser ya es completo. Esos programas mentales de quién soy, se quedan guardados en el subconsciente, sobre todo aquellos que recibimos en la infancia, y por más de que ya no nos sirvan para nada, siguen ahí, hasta el día que uno mismo se da cuenta que ya no le sirve para nada, y que ya no se alinea con quién quiere ser y quién es frente a la vida.
Otra responsabilidad como padres es “respetarles”, y esto incluye muchas cosas, desde respetar sus ritmos, sus procesos, sus tiempos, no hablar mal de ellos en público ni en privado, no hacerles sentir culpables por cosas que hacen, ni sentirse avergonzados por las cosas que hacen.
Una pregunta interesante para los padres es: ¿Desde dónde me estoy relacionando con mis hijos? Por ejemplo: si me estoy relacionando desde mis expectativas, es decir, yo quiero que sea de cierta manera, o que tenga ciertos resultados; si eso no se da, voy a vivir en conflicto porque voy a ver que él no es suficiente porque no está pudiendo cumplir con mis expectativas. Y cuando me relaciono desde allí, no me permito ver lo que sea que esté viviendo mi hijo. Porque detrás de una conducta (no deseable desde mi óptica), hay un ser humano que le pasan cosas, sintiendo,
sufriendo, etc.
“Su hijo desea ser conocido, no definido”
A veces los hijos no se sienten vistos, es importante mirarlo a él, no a mis expectativas, no a sus notas, o a sus conductas. Su hijo es quien le va a dar las respuestas de quién es él, de cuáles son sus necesidades, de cómo se está sintiendo en un momento determinado.
“Su hijo está descubriendo y revelando quién es ante la vida”
Pero para esto la tierra tiene que ser fértil, el terreno debe cumplir con ciertas condiciones para que ese hijo se desarrolle hasta su máximo potencial. La naturaleza tiene su sabiduría, pero necesita ciertas condiciones para florecer. Los padres somos los responsables de proveer esas condiciones: amor, respeto, libertad, seguridad, confianza, cariño, sostén, contención, atención, escucha generosa . Que su hijo florezca quiere decir que esté realizado y feliz con quién es él, por más de que su camino esté totalmente alejado de lo que yo como padre soñaba para él. Ellos son seres independientes y autónomos, no nacieron para complacer a nadie ni para cumplir con las expectativas de nadie más.
Ante la duda, regálele la confianza
Si no sabemos qué hacer con una conducta de nuestros hijos, en lugar de juzgarlos y castigarlos, es mejor validar sus errores. Es lo más común cometer errores, sentémonos con ellos, y desde la curiosidad, hagamos preguntas para entender qué pasó, cómo se sienten con eso y qué podrían hacer diferente la siguiente vez, y confiemos en que lo van a hacer. Sentir que sus padres confían en ellos convierte a los hijos en personas fuertes, seguras de sí mismas, y con confianza en ellos mismos, porque saben que pueden equivocarse y que no pasa nada, que pueden también volver a levantarse y seguir adelante, pero que muchas veces, nuestras acciones tienen consecuencias, y como padres debemos acompañarlos a vivir esas consecuencias, a hacerse cargo, a hacerse responsables de las decisiones que toman en la vida.
Y otra cosa importante es entender que podemos tener el discurso más lindo del mundo, pero si las acciones no se alinean con las palabras, los hijos se van a quedar con nuestras acciones; ellos siempre nos están mirando, y nos van a imitar, por naturaleza. Nuestra responsabilidad es ser “los modelos” de lo que queremos para nuestros hijos.

Lic. Patricia Zubizarreta Canillas
Psicóloga Clínica