
¿Cómo identificar el estrés en los niños y adolescentes?
5 abril 2021
Padres al día
El estrés no es solamente un tema de adultos. Los niños y jóvenes también lo sufren. El mismo surge como una respuesta ante las demandas que tenemos y nuestra capacidad para satisfacerlas. A corto plazo, el estrés nos permite afrontar las pruebas y dificultades que se presentan. En los niños puede darse a raíz de un examen, una presentación, una prueba deportiva, etc.
A veces, las personas son expuestas por periodos prolongados al estrés, dejándolos sin los recursos necesarios para adaptarse a nuevas situaciones, provocando una serie de síntomas emocionales y conductuales.
Fuentes de estrés
Las presiones a menudo provienen de fuentes externas (la familia, los amigos o la escuela), pero también pueden surgir de la propia persona. La presión que nos imponemos puede ser muy significativa, porque a menudo hay una discrepancia entre lo que queremos y lo que realmente podemos.
En los niños en edad preescolar, el hecho de separarse de sus padres puede provocarles ansiedad. Por otra parte, a medida que los mismos crecen, las presiones académicas y sociales pueden constituirse en fuentes de estrés.
Las noticias e informativos también pueden causar estrés. Los niños que ven imágenes perturbadoras por televisión o que escuchan hablar sobre desastres naturales, guerra y terrorismo pueden preocuparse por su propia seguridad y de las personas que quieren.
También se debe tener en cuenta los factores agravantes, como una enfermedad, la muerte de un ser querido o un divorcio, que sumado a las presiones cotidianas que los niños enfrentan, magnifican el estrés.
Algunos de los signos de alerta del estrés infanto-juvenil son:
1) Cambios en la conducta
El estrés se puede manifestar de muchas formas.
En los niños se puede dar a través de cambios negativos de conducta. Los más comunes son:
- Irritabilidad.
- Malhumor.
- Dejar o retirarse de actividades que solían gustarles.
- Expresan preocupaciones de forma rutinaria.
- Quejarse más de lo habitual de la escuela.
- Llorar o mostrar reacciones de temor que no eran habituales en el niño.
- Aferrarse a un padre o maestro.
- Dormir demasiado o muy poco.
- Comer demasiado o muy poco.
En los adolescentes, se pueden evidenciar a través de los siguientes signos:
- Evitar a los padres. En la adolescencia hay un distanciamiento natural de los padres y prefieren buscar consejo y ayuda en sus pares, pero la evitación recurrente también puede ser un indicador de estrés.
- Abandonar o alejarse abruptamente de sus mejores amigos.
- Expresar excesiva hostilidad hacia los miembros de la familia.
2) "Sentirse enfermo" puede ser un signo del estrés
El estrés puede generar síntomas físicos, como dolor de estómago y dolores de cabeza (en adultos también se evidencia en dolor de espalda). Los niños pueden experimentar síntomas de estrés significativos cuando se quejan frecuentemente de dolores físicos o cuando los dolores y los síntomas se incrementan ante ciertas situaciones estresantes, como un examen o una presentación.
3) Cambios significativos en la interacción con sus pares
Muchos chicos actúan en casa como si todo estuviera bien, pero su conducta es muy diferente en presencia de sus amigos y pares. Por este motivo, es importante estar atentos al comportamiento de los hijos fuera del hogar. Un cambio significativo en la interacción con los amigos puede ser un indicador valioso de que el niño o adolescentes está pasando por un mal momento.
¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos?
Frecuentemente, los niños no saben qué significa sentirse estresados y/o no pueden describirlo adecuadamente. Por lo tanto, es sumamente importante que los padres puedan escucharlos y ayudarlos a poner en palabras aquello que sienten y piensan. De esta manera, podemos tratar de identificar la fuente de estrés que lo está afectando.
¿Cuándo debemos consultar con un especialista?
Debe buscar atención profesional si cualquier cambio en la conducta persiste, si el estrés causa ansiedad grave o si la conducta genera problemas significativos en el funcionamiento diario del niño o joven.

Lic. María Laura Romero Lévera