
Cambie su forma de ver las cosas y las cosas que ve cambiarán
1 Mayo 2023
Padres al día
El títulode este artículoes una frase de Wayne Dyer que nos invita a ver la vida con otros ojos. Últimamente, me encontré mucho con esta frase, y la empecé a analizar y a encontrarle sentido observando nuestra realidad, nuestras costumbres, nuestros estilos de vida, nuestra cultura, y por sobre todo, nuestras maneras de ver las cosas, de ver la vida, de ver el mundo.
Tuve el privilegio de participar de un taller de escritura creativa virtual, y una de mis tareas era convertirme en etnógrafa por un rato (Etnografía es la ciencia de la diversidad cultural, se enfoca en el conjunto de las creaciones de todo tipo de los grupos sociales humanos). Me tocó observar la vida como si estuviera de visita en este país por primera vez, con ojos de viajera. Esto me llevó a sorprenderme de varias cosas, actitudes o costumbres que tenemos tan “naturalizadas” que casi pasan como la única manera de hacer o ver las cosas. Y me incluyo en varias de ellas.
Por ejemplo, me sorprende la mirada que tenemos hacia las personas con las que dejamos a nuestros hijos, las “niñeras” o “nanas”, los términos o frases que escucho o leo con frecuencia me asustan, por ejemplo: “son un mal necesario” o “son de terror”. Me produce mucha tristeza que nos refiramos a otro ser humano como un “mal”, sobre todo si son estas personas con las que “decidimos” dejar a nuestros hijos, probablemente, lo más preciado que tenemos en la vida. ¿Qué paradójico no? Voluntariamente decidimos (porque nadie nos obliga) dejar a nuestros hijos con estas personas a las cuales no valoramos, a veces las denigramos, y la remuneración que reciben suele no ser la adecuada.
¡Si pudiéramos cambiar la forma de mirarlas! Si pudiéramos verlas realmente como“personas”y no como “objetos” que nos sirven hoy para una supuesta necesidad imperante; ellas son tan dignas de respeto como cualquiera. Se merecen que las miremos con respeto, con confianza, creyendo en ellas, apostando por ellas, acompañándolas en su proceso.
Estaría bueno empezar a creer que somos nosotros quienes creamos la realidad en que vivimos, en la medida en que miremos de formas diferentes las cosas o la vida, vamos a generar un cambio.
Y lo que me sorprende aún máses la nueva moda de tener una enfermera para el recién nacido, pero no solo eso, lo que más me genera angustia es la desesperación en la que entran algunas madres por conseguir una enfermera antes de que siquiera nazca el hijo. ¿Cuál es el temor?
El nacimiento de un hijo es una de las cosas más milagrosas, hermosas e incomparables del mundo, ¿por qué nos cuesta tanto apropiarnos de ese momento, como madres, y volcar todo nuestro tiempo, amor y dedicación a esa persona que vino al mundo porque nosotros decidimos traerla? El vínculo que se genera en los primeros meses de vida entre la madre y el bebé es el que nos mantendrá unidos de por vida. ¿Por qué sentimos esa necesidad de contratar a alguien para que nos reemplace? ¿Cuál es nuestro miedo? ¿Con qué ojos estamos mirando esta etapa de la vida? Esa base es emocional, solo se construye en los primeros meses.
Si pudiéramosver lo esencial de todo esto, cambiaríamos nuestras costumbres, formas, estilos. Pospondríamos por un momento las necesidades del ego para disfrutar de esa intimidad que no tiene precio ni comparación y no se vende.
Si cambiamos la forma de mirar nuestra maternidad,nuestra relación con nuestros hijos también cambiará, y más adelante, en la adolescencia no nos quejaremos porque no nos tienen confianza, no nos hablan, no creen en nosotros. Tenemos la creencia también de que si estamos mucho con el bebé, lo malcriamos, que es bueno dejarlo llorar para que aprenda. Yo me pregunto: ¿para que aprenda qué cosa?, ¿que su llanto no me importa?, ¿que sus necesidades no son de mi incumbencia?
Una vez alguien me dijo, y se me quedó grabado, “¿acaso sillegása tu casa y ves a tu esposo llorando, lodejásllorar para que aprenda?” Creo que nadie va a hacer eso. ¿Por qué al niño sí le hacemos eso? Una persona más indefensa, con menos herramientas, y más necesidad de amor.
El exceso de amor nunca es malo, el exceso de cariño y de atención tampoco. Confundimos el “exceso de amor” con “sobreprotección”, y creo que la sobreprotección sí puede generar cuestiones no tan constructivas, porque el mensaje que les damos es: “nopodés”, “dejamehacerlo porvos”, “si hago algo porvos, esporque creo que notenésla capacidad, y te anulo, te descalifico”. Muchas veces, los padres hacemos muchas cosas “por ellos” para hacerlo más rápido o más perfecto, pero lo que hacemos es desvalorizar a nuestros hijos, diciéndoles entrelíneas que no creemos en ellos.
Sé que todos los padres hacemos siempre lo mejor que podemos, pero si viviéramos más conscientes de los impactos que tienen nuestros actos y nuestro lenguaje en nuestros hijos, creo que podríamos construir un mundo mejor para ellos y para nosotros .

Lic. Patricia Zubizarreta Canillas
Psicóloga Clínica