Apoyar el talento de los hijos
1 Julio 2026
Padres al dia
Mirá la entrevista completa: https://youtu.be/OWU7KIAbU8c
Los papás, cuando queremos acompañar, solemos entrar en lo que es una exigencia, ¿verdad?
Sí, hay padres que esperan que eso vaya a aflorar solo, de manera espontánea.
Y otros, al contrario, ejercen una exigencia tan alta que apuntan únicamente al desarrollo de una habilidad, sin tener en cuenta otros aspectos también necesarios de estimular y acompañar, sobre todo la parte socioafectiva. Es fundamental darle al niño herramientas para gestionar esa presión y esa exigencia que implican un entrenamiento mayor y un nivel de desafío más alto.
¿Por qué sobreexigimos tanto a los chicos?
Muchas veces influyen los sueños y frustraciones de los padres, que se trasladan a los hijos. También ocurre que, al ver un potencial o habilidades que sobresalen, creemos que estimulando y acompañando podrán llegar más lejos y alcanzar logros mayores. Sin querer, caemos en la trampa de sobreexigir, sin tener en cuenta sus propias necesidades.
¿Qué pasa cuando el chico no se engancha con su talento?
Hay chicos que tienen habilidades para ciertas actividades ---deportivas, artísticas, musicales--- pero sus intereses están en otras cosas. Lo ideal, cuando son pequeños, es estimular y ofrecer diversidad de recursos y experiencias, para que disfruten de la actividad sin sentir una presión excesiva. De lo contrario, esa presión puede limitar el aprendizaje.
¿Cómo podemos detectar la sobreexigencia académica?
Muchas veces los chicos están muy presionados. En consultorio he visto casos de niños que se angustiaban al escribir porque aún no lo lograban y pensaban que era un problema de voluntad. A veces, puede haber dificultades asociadas a la escritura o al lenguaje.
El estrés puede expresarse en palabras o somatizarse con dolores de cabeza, de panza, o con intentos de evitar la actividad. Ellos perciben la expectativa de los padres y sienten la frustración de no poder alcanzarla.
¿Podemos bloquear a los chicos o hacer que se desencanten de su talento?
Sí. El nivel de ansiedad y malestar puede ser tan alto que termine bloqueándolos o llevándolos a rechazar la actividad.
Muchas veces no es la actividad en sí, sino la situación de presión que la rodea. Por ejemplo, en un partido de fútbol lo primero que se les pregunta es: "¿Cuántos goles hiciste? ¿Ganaron?". Es una manera de exigirles siempre que nos reporten un resultado. Y se pierde la oportunidad de compartir: "¿Qué aprendiste? ¿Con quién te encontraste? ¿Disfrutaste el partido?".
He visto casos de entrenamientos excesivos para la edad del niño, y lo mismo ocurre en lo escolar: hijos sin vacaciones, con salidas y cumpleaños limitados por su desempeño. También influye la falta de empatía y conexión con las necesidades emocionales del hijo, más allá de la habilidad.
Cuando tenemos más de un hijo, tendemos a presionar más a uno que a otro, ¿cómo se maneja eso?
A veces, sin querer, presionamos más a uno que a otro. Puede ser por afinidad o porque nos recuerda a alguien: "se parece a mi papá", "es igual al tío", "tiene la misma habilidad que el abuelo". Eso genera una carga de expectativas.
También aparecen etiquetas: "él es bueno en esto, es pésimo en aquello". Con comentarios así podemos limitar el desarrollo de otras habilidades.
Exigir es una cosa, motivar es otra, ¿cómo nos damos cuenta de qué lado del límite estamos?
La clave está en observar al chico: ver si disfruta, si maneja sus emociones en situaciones de estrés, si no llega a un nivel de malestar que afecte su sueño, alimentación o interacción con otros. Estos son indicadores de que puede estar bajo exceso de presión o que no cuenta con los recursos suficientes para afrontarla.
Por otro lado, muchas veces los padres nos quedamos atrapados en nuestros propios deseos y expectativas sobre lo que esperamos de nuestro hijo, y dejamos de observarlo realmente a él.
¿Es sano mostrarles historias de deportistas exitosos?
Sí, puede ser un recurso motivador. Tomar una figura significativa para ellos y mostrarles que detrás hay un camino de esfuerzo, frustraciones, rechazos y acompañamiento familiar. No es solo la figura, es todo un entorno y un proceso.
Es importante mostrar la historia completa: el esfuerzo, las derrotas y el aprendizaje. Algunos chicos tienen alto potencial pero poca motivación; empiezan con entusiasmo y luego abandonan. Ahí los padres deben observar si realmente les gusta o si la actividad los está aburriendo.
¿La frustración influye?
Sí, y ahí es donde debemos acompañar. No se trata solo de desarrollar la habilidad, sino de dar herramientas para gestionar la presión y la frustración. No siempre se gana: muchas veces se pierde antes de alcanzar un trofeo o un puesto.
Lo importante es aprender a disfrutar, reconocer errores y mejorar, valorando todo el recorrido y los aprendizajes más allá del resultado.
Más allá del éxito, más allá de la recompensa, lo fundamental es ayudarles a transitar el proceso. Es en ese camino donde se fortalece el carácter y donde los padres debemos acompañar con conciencia y amor.
Lic. Laura Romero




