Violencias visibles ...

... e invisibles en la infancia - Aurora Bachem – Psicóloga, Psicoanalista. Tel.: 227-665 »

Hablaremos de los diferentes tipos de violencia y agresiones que sufre el niño del siglo XXI. Empezando por lo macro: las guerras en Siria; el hambre y la desnutrición en nuestro país; la falta de educación, seguridad, salud, familia, entre otras; forman parte de las violencias visibles y por las que mucha gente lucha y denuncia. Pero, existen otros tipos de violencias y agresiones imperceptibles que no estamos distinguiendo y son tan nocivas como la desnutrición intelectual a la que se están exponiendo los chicos hoy día.

Tipos de violencia

Las denominadas visibles son aquellas que se ejercen en lo verbal y físico: agresiones psicológicas; golpes, maltratos, humillaciones; privaciones de alimento, vestimenta, seguridad, educación, amor, escucha, etc. Pero las violencias invisibles, son aquellas que también se ejercen sobre los niños en forma indirecta, por citar: a través del ejemplo de adultos que tienen conductas inapropiadas en el hogar donde viven los chicos, como uso de alcohol o drogas; a través de los medios de comunicación y las redes sociales con todo el contenido sin censura que existe a disposición y el fácil acceso a ellos en cualquier horario; músicas de alto contenido erótico y obsceno, etc., son formas imperceptibles de violencia, que no dejan “marcas” visibles, pero son perjudiciales y reales.

Violencia en la televisión

Varios estudios confirman que los niños/adolescentes expuestos a programación violenta, tienden a responder ante la frustración y enojo en forma violenta, altanera, contestando, gritando, como primer recurso, en vez de conversar o llorar si algo les hizo sentir mal. Al reaccionar violentamente, nadie los comprende y reciben nuevamente sermones, es un círculo vicioso sin salida. Es importante considerar, fiscalizar y analizar qué tipo de información estamos dejando entrar a la mente de nuestros hijos (y a la nuestra también al tolerarlos). Por otro lado, si el niño tiene problemas conductuales, es prioridad también fijarse en los programas que consume, ver con quién se está identificando, a quién admira, la conducta de quién quiere reproducir o si tiene acceso a canales prohibidos en la televisión, celular o computadora

Una solución radical: eliminar la televisión de la casa o al menos tener una sola. ¿El precio a pagar? Compensar la soledad y sensación de vacío en la que se encontrarán los niños privados de los estímulos audiovisuales adictivos a los que están mal acostumbrados y reestructurar sus rutinas. Tratar de que pasen tiempo al aire libre, y estimular la creatividad e imaginación.

Violencias visibles e invisibles en la infancia

Comprarles demasiadas cosas

El consumismo se aprende en la temprana infancia. El riesgo no está en el juguete mismo, ni en la marca de ropa, sino en crear seres egocéntricos, que crean que todas sus necesidades deben ser satisfechas. Con este patrón consumista no solamente los juguetes operan con esta lógica utilitaria y desechable, sino que, contamina hasta los sentimientos más sublimes. Los afectos, los vínculos, las amistades y los valores también son desechables, pueden negociarse, y cuando dejan de producir la emoción inicial, se dejan de lado.

Qué evidencia el patrón consumista

Evidencia una autoestima tan débil como dependiente de las cosas que desea obtener. El niño se siente más valioso y exitoso cuando tiene algo que socialmente está de moda, pero el precio que paga es seguir desconectado de sus virtudes y talentos. Muchas veces más que el juguete en sí, lo que quiere el niño es hacerse ver, jugar con sus amigos o la atención de los adultos, pero justamente la utilidad que representan los juguetes para los niños, son diferentes para los adultos. Mientras que los niños buscan que estos les permitan ser los chicos divertidos y llenos de amigos o con padres sonrientes de las publicidades a las que están expuestos, los padres les compran los juguetes para que jueguen un rato solos.

La tarea de los padres

En esta época es mucho más compleja, porque requiere mucha creatividad para fijar normas y límites, empezando por nosotros mismos. Pero así también, tenemos la oportunidad de crear lazos más estrechos. Podemos analizar juntos, viendo la televisión en familia, de qué manera la publicidad ilusiona falsamente. Con esto, podemos fortalecer su juicio, si confiamos en su capacidad de comprender, les estamos dando la oportunidad de salir del lugar pasivo y conectarse con los valores humanos, esos que no se negocian y que nos dan satisfacciones reales más allá de las falsas necesidades.

Luchar contra la publicidad no es la solución, ya que los niños no tienen las herramientas cognitivas ni emocionales para comprender lo irreal de las expectativas que se les están creando, pero por ese mismo motivo, es importante recalcar en la familia cuáles son los valores que promulgan, qué es lo que nos importa como núcleo, cuáles son las actitudes ante la vida, los amigos, los objetos y el valor de las personas y los sentimientos.

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