Uso racional ...

...de antibióticos - Dr. Wilson Martín Agüero Echeverría - Infectólogo Pediatra »

La resistencia bacteriana a los antibióticos en los hospitales se ha convertido en un problema de salud pública. Cuando se descubrió la penicilina se vaticinó el fin de las enfermedades infecciosas, pero hoy, 80 años después, nos vemos enfrentados a bacterias multirresistentes e incluso bacterias panresistentes (resistentes a todos los antibióticos disponibles), que dificultan el manejo de los pacientes, aumentan los costos de atención y la mortalidad ocasionada por estas infecciones. Estas bacterias han sido denominadas superbacterias y se han agrupado en la sigla ESCAPE: Enterococcus faecium, Staphylococcus aureus, Clostridium difficile, Acinetobacter baumannii, Pseudomonas aeruginosa y Enterobacteriaceae, en esta última se incluye entre otras a: Escherichia coli, Klebsiella pneumoniae, Enterobacter sp, Proteus sp y Serratia sp.

Disminución en la producción de nuevas moléculas de antibióticos

El panorama es aún más preocupante si consideramos que hay una disminución en la producción de nuevas moléculas de antibióticos. En el período de 1983 a 1987 se aprobaron 16 nuevas moléculas de antibióticos, en contraste con el período de 2008 a 2011 en el que aprobaron tan solo 4. La mayoría de las familias de antimicrobianos fueron desarrolladas entre 1950 y 1970, desde el año 1996 no hay una familia nueva para tratar bacterias gramnegativas y desde el año 2000 no la hay para el tratamiento de bacterias grampositivas. Esto ha llevado a tener que utilizar de nuevo antibióticos que se usaban poco en el pasado, especialmente por razones de toxicidad, como son la vancomicina, la colistina, la polimixina B y la fosfomicina.

La farmacorresistencia

Es un fenómeno evolutivo natural, cuando una población bacteriana se expone a cierto antibiótico, los gérmenes sensibles mueren y los resistentes quedan, propagando esta resistencia a su descendencia. Este fenómeno se ve favorecido por el uso inadecuado de los antibióticos, que puede ser excesivo, insuficiente o inapropiado; hay datos que estiman que en un 25 a 40% de los pacientes de un hospital pueden tener antibiótico en un momento dado y que, de ellos, entre un 10 a 50% lo reciben de forma inadecuada. Otros factores que contribuyen a la aparición de bacterias resistentes son: la falta de acceso a los medicamentos o la baja calidad de los mismos, ya que los pacientes pueden quedar expuestos a bajas concentraciones del fármaco; el uso de antimicrobianos en dosis subóptimas en la ganadería y la avicultura, que generan bacterias multirresistentes que pueden ser transmitidas al humano; y en cuanto a la transmisión en los hospitales, las deficiencias en la prevención y control de infecciones, así como la debilidad de los sistemas de vigilancia, contribuyen a la diseminación de estos microrganismos.

Ante esta situación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado una alerta mundial y ha recomendado a los países miembros que incluyan como una política prioritaria de salud la expedición de medidas y controles específicos para la prescripción, dispensación y comercialización de los antibióticos. La OMS ha propuesto varias estrategias, entre ellas la creación de programas de uso prudente de antibióticos en los hospitales.

Uso racional de antibióticos ¿Qué se entiende por “uso prudente de antibióticos”?

Según la OMS, el uso prudente de antibióticos implica un uso eficaz de los antibióticos en relación con su costo, con el cual se obtiene su máximo esfuerzo clínico terapéutico y simultáneamente se minimiza la toxicidad del medicamento y el desarrollo de resistencia microbiana.

Y, ¿qué es un programa de uso prudente de antibióticos? Consiste en una serie de intervenciones para monitorear y dirigir el uso de antibióticos en una institución prestadora de servicios de salud, aplicando un enfoque estandarizado y basado en la evidencia sobre el correcto uso de antibióticos. El objetivo de estos programas es: optimizar los resultados clínicos minimizando las consecuencias no intencionadas que conlleva el uso de antibióticos, que incluyen la toxicidad, la selección de microorganismos patógenos y la emergencia de resistencia bacteriana para así reducir los costos relacionados con la atención en salud, sin impactar negativamente en la calidad de la atención prestada.

Cada institución debe desarrollar su propio programa de uso prudente de antibióticos acorde con sus necesidades y su capacidad económica, se requiere de un compromiso institucional para llevarlo a cabo. El primer paso es identificar el problema, el segundo paso es reunir al grupo de personas que intervienen en el proceso en los hospitales, como son el director médico, médico infectólogo, médico pediatra, médico internista, médico intensivista, químico farmacéutico, microbiólogo, especialista en sistemas de información, epidemiólogo y enfermera del programa de control de infecciones.

De nuestras acciones presentes desde el plano médico dependen las generaciones del futuro, por ello es importante que se genere conciencia en la población general: no todas las infecciones se curan con antibióticos, y en caso de que se deban usar, es conveniente que se haga tras la consulta con un médico.

Seguinos en Facebook

revista