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... violencia infantil - Mg. Teresa Galeano - Psicóloga clínica »

La violencia contra los niños puede y debe prevenirse.La violencia infantil tiene consecuencias a largo plazo y poco reconocidas para la salud de niños y niñas, incluidos problemas de desarrollo social, emocional y cognitivo.

La violencia infantil incluye todas las formas de violencia física, sexual y emocional, descuido, trato negligente y explotación. La violencia física y emocional es la que los adultos realizan con la intención de corregir una conducta no deseable y enseñar nuevas conductas que se consideran importantes. Causa dolor físico y emocional en la persona agredida. La diferencia con el maltrato físico es la intensidad y la intención.

Maltrato infantil se refiere más concretamente a actos de violencia perpetrados por adultos en posiciones de responsabilidad, confianza o poder. Es toda acción que realiza una persona con la intención de hacer un daño inmediato en la persona agredida. Las tres formas conocidas son: maltrato físico, emocional y psicológico. Producen lesiones físicas y emocionales indelebles, muerte o daño severo. La exposición a la violencia de pareja también se incluye a veces entre las formas de maltrato infantil.

DATOS Y CIFRAS QUE NOS ARROJA LA OMS

  • Una cuarta parte de todos los adultos manifiestan haber sufrido maltratos físicos de niños.
  • Una de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 hombres declaran haber sufrido abusos sexuales en la infancia.
  • Muchos niños son objeto de maltrato psicológico (también llamado maltrato emocional) y son víctimas de desatención
  • El maltrato infantil causa alteraciones en la salud mental y física que perduran toda la vida, y sus consecuencias a nivel socioprofesional pueden, en última instancia, ralentizar el desarrollo económico y social de un país.
Especial violencia infantil

Magnitud del problema


La violencia infantil es un problema mundial con graves consecuencias que pueden durar toda la vida. Un estudio de UNICEF revela cifras escalofriantes en torno al grado de violencia que padecen los niños en el mundo. Se ha llegado a extremos nunca antes vistos, en los cuales el asesinato es sólo la punta del iceberg: En 58 países más de la mitad de los pequeños son disciplinados mediante violencia en sus casas o en las escuelas. 6 de cada 10 niños en el mundo de entre 2 y 14 años sufren maltrato físico a diario; el porcentaje representa aproximadamente a 1.000 millones de niños que padecen maltrato de parte de sus cuidadores. La mayoría de los niños sufren una combinación de castigos físicos y psicológicos. Cada 5 minutos 1 niño muere a causa de la violencia.

El maltrato infantil es complejo y su estudio resulta difícil. En Paraguay, el 61% de los niños y adolescentes declaró haber sido víctima de algún tipo de maltrato por parte de sus familiares cercanos, según datos recabados por Unicef en 2010.

DESTAQUE - Lo que ocurre en la infancia sigue teniendo importantes efectos 30, 40 e incluso 50 años más tarde.

Consecuencias del maltrato

  • Cuando el maltrato se da en niños pequeños, menores de tres años, es probable que no se desarrolle el apego y por lo tanto, se dañarán sus habilidades sociales y su autoestima. En estos casos, es habitual ver que el niño tenga pesadillas, trastornos del sueño, cambios en los hábitos alimenticios, retrasos en su desarrollo psicomotor o pérdida del control de esfínteres.
  • Al crecer, es probable que los niños maltratados tengan dificultades para comprender, graduar y regular sus emociones y sus impulsos. Con frecuencia carecen de creencias positivas acerca de sí mismos y del mundo que los rodea. En general, tienen menos habilidades para reconocer o reaccionar ante el malestar de los demás. Suelen interpretar las intenciones de sus pares o maestros como más hostiles de lo que verdaderamente son. Esto se debe, principalmente, a las continuas contradicciones emocionales a las que son sometidos, pues una persona que se supone que debería cuidarlos y que ellos aman, en realidad los maltrata.
  • Cuando el maltrato se da en niños mayores o adolescentes, éstos suelen huir del hogar, agredirse ellos mismos y en general tienen bajo rendimiento académico.
  • También es frecuente el aislamiento social, la delincuencia juvenil, el abuso de sustancias, el rechazo del propio cuerpo, el miedo generalizado, o la aparición de sentimientos de vergüenza o culpa, o enfermedades tales como la depresión o el trastorno disociativo de la identidad.
  • Al llegar a la adultez, las personas que fueron maltratadas en su infancia suelen transformarse ellos mismos en maltratadores de sus hijos.
  • Más allá de los trastornos psicológicos, una investigación llevada a cabo en los Estados Unidos ha demostrado que el castigo físico puede provocar cambios en el cerebro. De esta manera, los niños que son golpeados o maltratados físicamente desde pequeños hasta más allá de los cinco años de edad pueden tener un coeficiente intelectual más bajo, en comparación con los niños que no sufren este tipo de violencia, debido a que tienen menor cantidad de materia gris en la zona pre-frontal del cerebro.
  • El maltrato causa estrés y se asocia a trastornos del desarrollo cerebral temprano. Los casos extremos de estrés pueden alterar el desarrollo de los sistemas nervioso e inmunitario.

En consecuencia, los adultos que han sufrido maltrato en la infancia corren mayor riesgo de sufrir problemas conductuales, físicos y mentales, tales como:

  • Actos de violencia (como víctimas o perpetradores).
  • Depresión.
  • Consumo de tabaco.
  • Obesidad.
  • Comportamientos sexuales de alto riesgo.
  • Embarazos no deseados.
  • Consumo indebido de alcohol y drogas.

A través de estas consecuencias en la conducta y la salud mental, el maltrato puede contribuir a las enfermedades del corazón, al cáncer, al suicidio y a las infecciones de transmisión sexual.

Las estadísticas acerca del maltrato físico de los niños son alarmantes. Se estima que cada año cientos de miles de niños reciben abuso y maltrato a manos de sus padres o parientes. Miles mueren. Los que sobreviven al maltrato, viven marcados por el trauma emocional que perdura mucho después de que los moretones físicos hayan desaparecido.

Las comunidades y las cortes de justicia reconocen que estas “heridas emocionales ocultas” pueden ser tratadas. El reconocer y dar tratamiento a tiempo es importante para minimizar los efectos a largo plazo causados por el abuso o maltrato físico. Cuando un niño/niña dice que ha sido abusado, hay que tomarlo en serio y evaluarlo de inmediato.

Los niños que han sido abusados pueden exhibir:

  • Una pobre auto-imagen.
  • Reactuación del acto sexual.
  • Incapacidad para confiar o amar a otros.
  • Conducta agresiva, problemas de disciplina y a veces, comportamiento ilegal.
  • Coraje y rabia.
  • Comportamiento auto-destructivo o auto-abusivo, pensamientos suicidas.
  • Pasividad, comportamiento retraído o apegamiento.
  • Miedo de establecer relaciones nuevas o de comenzar actividades nuevas.
  • Ansiedad y miedos.
  • Problemas en la escuela o fracaso escolar.
  • Sentimientos de tristeza u otros síntomas de depresión.
  • Visiones de experiencias ya vividas y pesadillas.
  • Abuso de drogas o de alcohol.
  • Problemas al dormir.

A menudo el daño emocional severo a los niños maltratados no se refleja hasta la adolescencia, o aún más tarde, cuando muchos de estos niños maltratados se convierten en padres abusivos.

Un adulto que fue abusado de niño tiene mucha dificultad para establecer relaciones personales íntimas. Estos hombres y mujeres pueden tener problemas con el acercamiento físico, el tocar, la intimidad y el confiar en otros al llegar a adultos. Están expuestos a un riesgo mayor de ansiedad, depresión, abuso de sustancias, enfermedades médicas y problemas en la escuela o en el trabajo. Sin el tratamiento adecuado el daño hecho al niño abusado físicamente puede perdurar de por vida.

DESTAQUE. La identificación y el tratamiento a tiempo son importantes para minimizar las consecuencias de la violencia a largo plazo.

Los profesionales de la salud mental capacitados deben de llevar a cabo una evaluación comprensiva y proveer el tratamiento para los niños que han sido víctimas de algún tipo de violencia. Mediante el tratamiento, el niño maltratado comienza a recuperar su sentido de confianza en sí mismo y en otros. Pueden ayudar a la familia a aprender nuevas formas de darse apoyo y de comunicarse los unos con los otros. Los padres pueden también beneficiarse del apoyo, entrenamiento y manejo del coraje.

El maltrato físico no es el único tipo de violencia infantil. Muchos niños son víctimas de abandono, de abuso sexual o de maltrato emocional. En todos los tipos de violencia infantil, el niño y la familia pueden beneficiarse de una evaluación y tratamiento de un profesional de la salud mental capacitado.

Seguramente, al leer esto usted se imagina que además de las consecuencias físicas inmediatas que puede causar el maltrato infantil, estas situaciones de violencia también provocan trastornos emocionales, conductuales y sociales.

La importancia y severidad del impacto depende de:

  • La frecuencia del maltrato y su intensidad y su prolongación en el tiempo.
  • Las características del niño (edad, temperamento, susceptibilidad, habilidades sociales, etc.).
  • La presencia o ausencia de violencia física.
  • La relación que tiene el niño con su agresor.
  • El apoyo que reciba el niño por parte de su familia
  • El acceso a atención médica, psicológica y social.

EL MALTRATO INFANTIL ES GRAVE. A MEDIDA QUE SE ESTUDIA SE CONOCEN MÁS LAS CONSECUENCIAS A LARGO PLAZO, A ESTAS CONSECUENCIAS LAS DENOMINAMOS HUELLAS INVISIBLES. MARCAN LA VIDA DE UN NIÑO, QUE SERÁ ADULTO Y VERÁ SU MUNDO DISTORSIONADO. AYUDEMOS A DISMINUIR EL MALTRATO INFANTIL

CORTAR EL PROBLEMA DESDE LA RAÍZ: CÓMO CRIAR A LOS NIÑOS PARA QUE SE OPONGAN A LA VIOLENCIA

Las investigaciones indican que la conducta violenta o agresiva suele aprenderse a una edad temprana. Los padres, familiares y otras personas que cuidan niños pueden ayudarles a aprender cómo enfrentar sus emociones sin usar la violencia. Los padres y otras personas pueden también tomar medidas para reducir o minimizar la violencia.

Aquí presentamos algunas sugerencias que pueden resultar útiles. Es posible que no pueda seguir cada una exactamente, pero hacer todo lo que esté a su alcance supondrá una gran diferencia en las vidas de sus hijos.

Brinde a sus hijos amor y atención constantes

Cada niño necesita una relación fuerte y afectuosa con un padre u otro adulto para sentirse seguro y desarrollar un sentido de confianza. Hay menos probabilidad de que se desarrollen problemas de conducta y delincuencia en niños cuyos padres participan en sus vidas, en especial a una corta edad.

No es fácil demostrarle amor a un niño todo el tiempo. Puede resultar incluso más difícil si usted es joven, no tiene experiencia, su familia es monoparental, o si su hijo está enfermo o tiene necesidades especiales. Si su bebé parece sumamente difícil de cuidar y consolar, analice esto con su pediatra, con otro médico, un psicólogo o un proveedor de salud mental, quienes pueden darle consejos y recomendarle clases para padres en su localidad que enseñan formas positivas de lidiar con las dificultades en la crianza de los hijos.

Asegúrese de que sus hijos sean supervisados

Los niños dependen de sus padres y familiares para recibir aliento, protección y apoyo a medida que aprenden a pensar por sí mismos. Sin la supervisión adecuada, los niños no reciben la orientación que necesitan. Los estudios indican que los niños sin supervisión suelen tener problemas de conducta.

Insista en saber dónde están sus hijos en todo momento y quiénes son sus amigos. Cuando no pueda vigilar a sus hijos, pídale a una persona de confianza que los vigile por usted. Nunca deje a niños solos en la casa, aunque sea un breve período.

Anime a los niños en edad escolar y mayores a participar en actividades extracurriculares supervisadas como equipos deportivos, programas de tutoría o recreación organizada. Inscríbalos en programas comunitarios locales, en especial aquellos dirigidos por adultos cuyos valores usted respeta.

Acompañe a sus hijos a actividades de juego supervisadas y observe cómo se llevan con los demás. Enséñeles a sus hijos cómo responder adecuadamente cuando otros recurren a insultos o amenazas o lidian con el enojo dando golpes. Explíqueles que esas no son conductas adecuadas y anímelos a mantenerse alejados de los niños que se comportan así.

Muestre a sus hijos conductas adecuadas con su ejemplo

Los niños suelen aprender siguiendo un ejemplo. La conducta, valores y actitudes de los padres y hermanos tienen una gran influencia en los niños. Los valores de respeto, honestidad y orgullo de su familia y las tradiciones pueden ser fuentes importantes de fortaleza para los niños, en especial si se enfrentan con presiones negativas de otros niños de su edad, viven en una zona violenta o asisten a una escuela en una zona peligrosa.

La mayoría de los niños actúan agresivamente a veces y pueden golpear a otra persona. Sea firme con sus hijos con respecto a los posibles peligros que implica una conducta violenta. Recuerde también elogiar a sus hijos cuando resuelvan problemas en forma constructiva y sin recurrir a la violencia. Es más probable que los niños repitan las buenas conductas cuando son recompensados con atención y elogios. Los padres alientan a veces conductas agresivas sin saberlo. Por ejemplo, algunos padres piensan que es bueno para un niño aprender a pelear. Enséñeles a sus hijos que es mejor solucionar las riñas hablando con calma, y no con puñetazos, amenazas o armas. Y más importante aún, no les pegue a sus hijos.

Sea consecuente con las reglas y disciplina

Cuando establezca una regla, aténgase a ella. Los niños necesitan una estructura con expectativas claras para su conducta. Establecer reglas y luego no hacerlas cumplir resulta confuso, esto puede suscitar que los niños se salgan con la suya. Para establecer las reglas, los padres deben hacer participar a los niños siempre que sea posible. Explíqueles qué espera y cuáles son las consecuencias de no seguir las reglas. Esto los ayudará a aprender a comportarse de un modo que sea beneficioso para ellos y para quienes los rodean.

Mantenga la violencia lejos de su hogar

La violencia en el hogar puede causar miedo y ser dañina para los niños. Los niños necesitan un hogar seguro y lleno de afecto donde no tengan que crecer con miedo. Un niño que ha visto violencia en su hogar no siempre se vuelve violento, pero hay más probabilidad de que trate de resolver los conflictos a través de la violencia.

Procure que su hogar sea un lugar seguro y no violento, y siempre desanime el comportamiento violento entre hermanos. Tenga en cuenta también que las discusiones hostiles y agresivas entre los padres asustan a los niños y les dan un mal ejemplo. Si hay situaciones de abuso o lesión física o verbal entre personas en su hogar, obtenga ayuda de un psicólogo u otro tipo de proveedor de salud mental. Este profesional lo ayudará a usted y a su familia a entender por qué se produce la violencia doméstica y cómo detenerla.

Procure que sus hijos no vean demasiada violencia en los medios de comunicación

Un informe publicado a comienzos de este mes confirmó nuevamente que ver demasiada violencia en televisión, en las películas y en los videojuegos puede tener un efecto negativo en los niños. Usted como padre, puede controlar la cantidad de violencia que sus hijos ven en los medios de comunicación. Estas son algunas ideas:

  • Asegúrese de saber qué programas de televisión miran sus hijos, qué películas ven y a qué tipos de videojuegos juegan.
  • Limite el tiempo de ver televisión de 1 a 2 horas por día.
  • Hable con sus hijos sobre la violencia que ven en los programas de televisión, en las películas y en los videojuegos.
  • Ayúdelos a entender cuán doloroso sería en la vida real y las graves consecuencias de las conductas violentas.
  • Analice con ellos maneras de resolver problemas sin recurrir a la violencia.

Ayude a sus hijos a oponerse a la violencia

Apoye a sus hijos a oponerse a la violencia. Enséñeles a responder con palabras firmes pero manteniendo la calma cuando otros insultan, amenazan o golpean a otra persona. Ayúdelos a entender que se necesita más coraje y liderazgo para oponerse a la violencia que para secundarla. Ayude a sus hijos a aceptar y llevarse bien con otras personas de diversas razas y origen étnico. Enséñeles que criticar a las personas porque son diferentes es algo hiriente y que insultar es inaceptable. Asegúrese de que entiendan que usar palabras para comenzar o alentar la violencia, o aceptar silenciosamente una conducta violenta, es dañino. Advierta a sus hijos que las amenazas y los actos de intimidación pueden derivar en violencia.

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