Sí... pero no ...

Lic. Sergio Carron – Psicólogo, Senior Coach Ontológico »

Una empresa me contrató para trabajar algunos puntos con sus gerentes. Uno de ellos era el cumplimiento de los planes y proyectos, puesto que aunque los mismos se acordaban, no se cumplían.

Durante las sesiones de coaching, un diálogo recurrente era el siguiente: - Cuando el gerente general me pide algo, siempre le digo que “sí”, aunque no pueda cumplirlo – decían los gerentes de línea, frente a los pedidos del gerente general.

- ¿Y por qué hacés eso? – les preguntaba.
- Porque si le digo que “no”, se enoja.
- Y cuando llega el plazo y lo que dijiste "sí" no se cumple, ¿se enoja?.
- Sí, peor…
Se darán cuenta de lo ilógico de la situación, pero es un caso real. En este caso, la idea mágica era “patear el tema hacia adelante”, evitando el conflicto en el presente, pero, evidentemente, llegaba un momento en que el tema volvía a aparecer y allí era peor. Si usted cree que esto sólo pasa en el ámbito laboral porque hay un riesgo de algún castigo o despido, puede sorprenderse.

¿Cuántas veces decimos que “sí” y terminamos prestando, aceptando, concediendo, algo cuando en verdad hubiésemos querido decir que “no”?. Esto nos ocurre con la pareja, los hijos, los amigos, los compañeros de trabajo, sean estos colaboradores, pares o superiores.

El tema no sería muy complicado si no tuviera el impacto comunicacional que tiene. El “sí” y el “no” son según el coaching ontológico: “declaraciones universales”, palabras que al decirlas, cambian la realidad. ¿Cómo ocurre esto?. Al decir que “sí”, estoy asumiendo un compromiso y estoy poniendo en juego mi credibilidad. La gente cuenta conmigo. El incumplimiento me deja mal parado a mí. Al decir que “no”, estoy poniendo límites y, en ocasiones, estoy protegiendo mi integridad… pero, puedo ser malinterpretado por los demás y quedar mal.

¿Cuáles son los miedos que se tienen al decir “no”?

  • Que el otro se enoje.
  • Que el otro nos reprenda, se queje.
  • Que no nos hagan caso.
  • Quedar como los malos de la relación.
  • Que nos tomen por poco amables, poco solidarios, malos amigos, etc.
  • En el ámbito laboral, puede ser que nos tomen como incompetentes o poco colaboradores.

A veces decimos que “sí” (como en el ejemplo al inicio) para evitar una supuesta sanción (si digo que “no”, me van a amonestar, sancionar o despedir). Pero otras veces decimos que “no”, para evitar una supuesta discusión; suele darse con las personas con las que nos une una relación afectiva como las parejas, los hijos, la familia, los amigos.

Y en este segundo ejemplo. Somos nosotros, no la persona a la que le decimos que “sí”, los que nos sentimos mal por el "sí" que dijimos y el "no" que no dijimos…

Sí... pero no

Otro ejemplo: Cuando un familiar pide el automóvil prestado, lo devuelve sucio y, en más de una ocasión, con algún daño. Cuando lo pide, uno quiere decir que “no”, pero para evitar una (supuesta) discusión, le dice que “sí”. Queda “bien” con este familiar, pero “mal” con uno mismo.

Así que vale las siguientes preguntas: ¿Cómo nos quedamos al decir “sí” cuando en realidad queremos decir que “no”? ¿Cuánto nos estamos cuidando o cuánto nos estamos exponiendo? ¿Qué conversación interna, con nosotros mismos, se inicia cuando pasa esto?. El punto a analizar es el cómo decir que “no”.

El “NO” puede ser:

1- Cortante y seco.
2- Amable.
3- Puede ir acompañado de un replanteamiento: “Jefe, no podría terminar ese proyecto en este plazo porque tengo otras tareas o poco tiempo, ¿podríamos ampliar el plazo o qué tareas dejo de hacer para cumplir con este nuevo pedido?”.
4- “En este momento no puedo/quiero hacer esto, hablemos otro día...”
5- “Me gustaría prestarte de nuevo… (lo que sea) pero quiero que tengas cuidado en…” (y dejar en claro nuestras condiciones).

Cada una de las maneras o formas tiene sus consecuencias, tanto buenas como malas.Esto no significa que, a partir de ahora voy a decir que "no" a todo lo que no quiero. A partir de ahora puedo “elegir” qué respuesta dar y hacerme cargo de la misma.

Si digo que "sí", es porque voy a cumplir el compromiso, porque decido prestar o conceder algo a alguien (quizás poniendo ciertas condiciones para ello), etc. Si digo que "no", puedo elegir asegurarme de que esto no corte la relación, ni que me deje “mal parado” (en el ámbito laboral, por ejemplo). En los procesos de comunicación, existe la posibilidad de malas interpretaciones, y frente a ellas, existe nuestra posibilidad de intentar aclarar las mismas.

Les invito a elegir el “sí” y el “no” responsable, para bien de las comunicaciones.

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