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Lic. Sergio Carrón - Psicólogo

Desde que era niño, no quería ser yo. Quería ser como Daniel López, aunque sabía que no le caía bien a él. Caminaba como él, hablaba como él y me inscribí en la misma secundaria a la cual él asistía.

Esta fue la misma razón por la que Daniel López cambió; comenzó a pasar tiempo con Carlos Martínez. ¡Me confundía! Comencé a caminar y hablar como Daniel López, quien a su vez, caminaba y hablaba como Carlos Martínez.

Entonces, caí en la cuenta de que Carlos Martínez caminaba y hablaba como Pedro García. Y Pedro García, caminaba y hablaba igual que Roberto Fernández.

Así que aquí estoy, caminando y hablando como la imitación de Daniel López de la versión de Carlos Martínez de Pedro García, tratando de caminar y hablar como Roberto Fernández. ¿Y cómo quién cree que Roberto Fernández caminaba y hablaba? De todas las personas, como Rolando Ramos – ese pequeño parásito que camina y habla como yo. (Extraído del Libro The Coaching Game, de Point Of You)

En ocasiones buscamos la felicidad antes que la autenticidad… al leer esto seguramente se preguntará si no son la misma cosa. En mi opinión, en la actualidad existe una cierta adoración a la felicidad, es un valor, es un bien, es algo que todos debemos buscar y tener. Y en esta búsqueda, aparecen “mandatos” sociales de lo que uno debe hacer para ser feliz: dónde vacacionar, qué cosas tener, qué experiencias tener, la obligatoriedad de hacerse una selfie para “mostrar” cómo estamos, contar a los cuatro vientos lo que uno está logrando…

Pero, muy en el fondo, muchos buscan aprobación, buscan los likes que le darán la confirmación de que lo que hicieron es algo “feliz”…

ser feliz o ser auténtico

Recuerdo un festejo del día de la madre, donde los niños cantaban mientras sus madres los filmaban… querían registrar ese momento inolvidable en sus celulares; al terminar la canción, se quitaban una selfie con sus hijos, varias veces, hasta que la foto esté bien, y luego se sumergían en sus celulares para compartir el vídeo, la foto y comenzar a interactuar en las redes para manifestar lo “felices” que estaban por vivir ese momento…

Y así, como la pequeña narración del cuento que inicia este artículo, caminamos, hablamos y hacemos un montón de cosas “como otros” y hay una presión social por “ser feliz” desde esas experiencias… Hacemos, caminamos, hablamos, etc., queriendo ser otros y así ser felices como manda el mundo.

Pero pregunto, ¿es lo que “auténticamente” queremos hacer?

Ser auténtico pasa por hacer lo que “a mí” me hace feliz, no lo que manda el mundo.

Por ejemplo, a veces vamos de vacaciones con un programa “lleno” de actividades, las cuales son fantásticas, inolvidables, felices, pero me pregunto… por qué las hacemos si terminamos volviendo más cansados de como estábamos al ir... por qué no “paramos” y disfrutamos de la felicidad de estar juntos, entre amigos, en familia, etc.

Ser auténtico:

Es decir, no filmo nada, no me quito ninguna selfie, porque quiero estar contigo ahora, contigo que sos físicamente real y que estás aquí, conmigo, en este momento de felicidad que difícilmente volverá a ser igual a como está pasando ahora.

Ser auténtico es decir que no necesito de cosas o experiencias extraordinarias, porque a veces, los momentos más “ordinarios”, más comunes, son los más profundos.

Mi reflexión:

No es un llamado a una vida mediocre, lejana de experiencias inolvidables; tampoco es un planteamiento de que, habiendo ido a vacacionar a un lugar lejano, no aproveche para conocer ese país, esa cultura, etc.

Mi reflexión, que más bien es una invitación, es que su vida sea auténtica, sea suya, sea su elección, y desde ahí, estoy seguro que será auténtica.

Y comenzará a caminar y a hablar como usted mismo…

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