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Dr. Walter Martínez Gill – Oftalmólogo

La toxoplasmosis es una infección de las capas internas del ojo producida por un parásito (toxoplasma gondii).

Los felinos, entre ellos el gato doméstico, son los principales huéspedes. También el hombre y otros animales de sangre caliente, como aves y mamíferos, son sus huéspedes intermediarios. Es una parasitosis muy frecuente.

Principales de transmisión
  • La transmisión de madre a feto (a través de la placenta), ha sido la más aceptada y se ha planteado que la mayoría de los pacientes con toxoplasmosis ocular se contagian de esta manera.
  • Toxoplasmosis congénita. Cuando la infección es adquirida durante el tercer trimestre de embarazo. La transmisión al feto ocurre casi en 60% de los casos, probablemente debido a una mayor vascularización de la placenta. La retinocoroiditis es la manifestación más común. Es bilateral en un 85% de los pacientes y afecta la mácula (zona central de la visión) a un 58% de ellos.
  • - Sin embargo, la vía oral, por la ingestión de los quistes del parásito contenidos en productos, como verduras, frutas, agua de beber o carne cruda o mal cocinada de un animal infectado, se acepta actualmente como la de mayor transmisibilidad.
¿Afecta por igual a personas de todas las edades?

Sí, y no distingue sexo, raza ni estrato social. Aproximadamente el 80% de los episodios de toxoplasmosis ocular ocurren en pacientes entre los 15 y 45 años.

Signos y síntomas

La infección por el parásito Toxoplasma gondii no es sinónimo de enfermedad; suele cursar de manera asintomática o con síntomas muy ligeros, benignos, de corta duración, y que rara vez compromete a otros órganos en los pacientes con sistemas de defensa (inmunitarios) normales.

Una fase aguda de este padecimiento podría manifestarse con la inflamación de los ganglios de la región cervical, fiebre y decaimiento (astenia).

¿Qué es la toxoplasmosis? ¿Cómo se manifiesta a nivel ocular?

Puede ser congénita y declararse al nacimiento, o aparecer posteriormente, con mayor frecuencia entre los 10 y 20 años; o adquirirse y presentarse en cualquier momento de la vida.

En los niños pequeños, como manifestaciones predominan el estrabismo, la leucocoria o pupila blanca y el nistagmo (movimientos oculares espontáneos). En los niños mayores, adolescentes y adultos, los síntomas más comunes son enturbiamiento de la agudeza visual o pérdida de la visión central. En ocasiones, la afección no da síntomas y suele diagnosticarse durante exploraciones de rutina.

¿Qué exámenes se requieren para el establecimiento de un diagnóstico?

Es eminentemente clínico. Además de la observación de las lesiones típicas del fondo de ojo y confirmado por las pruebas de laboratorio.

¿Qué tratamientos se emplean?

En la terapéutica se utilizan combinaciones de medicamentos. En pacientes con un adecuado estado inmune, dura de uno a dos meses.

La meta del tratamiento es detener la multiplicación del parásito durante el período activo de la inflamación de la retina y el nervio óptico.

La terapia clásica consiste en el uso de pirimetamina, sulfadiazina, corticoides, ácido folínico, entre 4 a 6 semanas, aproximadamente.

El tratamiento clásico requiere de supervisión semanal de las células sanguíneas y las plaquetas, debido a la toxicidad de los mismos.

¿Cuál es su complicación más temida?

La pérdida de la visión central por afectación de la mácula; lamentablemente, se da con frecuencia debido a la "preferencia" del parásito por esta zona de la retina. También se da la aparición de catarata, opacidades en el vítreo y desprendimiento de la retina.

¿Es posible la prevención?

Una adecuada eliminación de las heces de los gatos domésticos es una de las vías para controlar la diseminación del protozoario. Otras medidas son: la adecuada cocción de las carnes y un correcto lavado de los alimentos que ingerimos crudos.

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