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Dr. Jorge Vacante - Médico de flia., Nutricionista

La dieta mediterránea impulsa las bacterias intestinales relacionadas con el envejecimiento saludable y reduce las asociadas a la inflamación.

El envejecimiento saludable es el proceso de desarrollo y mantenimiento de la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez.

Una microbiótica saludable produce los metabolitos y las vitaminas que son importantes para la salud, mientras que una fragmentada se asocia con el deterioro de las personas.

Hay que educar a la población que envejece en el consumo de una dieta nutritiva con alto contenido de alimentos y fibras de orden vegetal.

La dieta mediterránea ayuda a mantener la juventud genética, según lo expone un nuevo estudio de la Universidad de Harvard; este tipo de alimentación favorece la longevidad.

Frutas, verduras, legumbres, cereales, pescado, aceite de oliva y el consumo moderado de vino, ayuda a mantener la juventud genética, dado que se asocia con telómeros más largos que podrían ser indicio de más años de vida.

¿Qué son los telómeros?

Son estructuras especializadas situadas en los extremos de los cromosomas, cuya función principal es proteger la estabilidad del material genético que contienen. La menor longitud de los telómeros, está relacionada con una disminución de la esperanza de vida y a un mayor riesgo de enfermedades vinculadas con el envejecimiento.

Las personas que tienen una dieta más próxima a la dieta mediterránea tienen los telómeros más largos.

Cómo retrasar los procesos de envejecimiento con la dieta mediterránea

Más que un simple patrón alimentario, la dieta mediterránea, declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO, es un estilo de vida formado por componentes que ofrecen bienestar y mejoran la salud. Pero no solo está en la comida, sino en una forma de entender la vida, en la que prima la idea de tomarse un tiempo para comer, evitar el estrés, mantener el buen humor y fomentar unas cordiales relaciones familiares, sociales y laborales.

Recomendaciones

a). Utilizar aceite de oliva en las preparaciones diarias.

b). Consumir alimentos de origen vegetal en abundancia. Frutas, verduras, legumbres y frutos secos.

c). Incluir: pan, pasta, arroz (especialmente integral) y cereales en la alimentación diaria.

d). Carne roja con moderación (cortes magros y en pequeñas cantidades).

e). Consumir pescado en abundancia como mínimo una o dos veces por semana.

f). Tres a cuatro huevos por semana.

g). Consumir diariamente productos lácteos, principalmente yogur con probióticos y quesos.

h). Incorporar fruta fresca, que debe ser el postre habitual.

i). El agua es la bebida por excelencia. Vino con moderación y durante las comidas, no más de una 1 copa (150 ml) para la mujer y 2 copas (300ml) para el hombre, en el día. Cada copa suma 110 calorías.

j). Realizar actividad física todos los días, ya que es importante con una buena alimentación.

El uso de prebióticos y probióticos (con aporte de saludables microorganismos vivos), así como una cuidadosa selección de los alimentos que ayuden a preservar una equilibrada función intestinal, tendrían el potencial efecto de mejorar la química cerebral y reducir los trastornos relacionados con la ansiedad y la depresión; y entre otras acciones, por incrementar los niveles de GABA y serotonina en el cerebro, y disminuir el nivel de las hormonas del estrés.

“Todas las enfermedades se generan en el intestino” afirmó Hipócrates, y las investigaciones recientes parecen darle la razón, ya que diversos trastornos vinculados con el cerebro y el sistema inmunológico se relacionan con el mal funcionamiento del aparato digestivo. En la actualidad, se hace foco en la flora intestinal.

El intestino humano, reino de sus normales y necesarias bacterias, tuvo que acostumbrarse al reemplazo de ingerir alimentos frescos y naturales, por otros con predominio masivo de azúcares, grasas hidrogenadas, harinas refinadas, exceso de sodio y muchas modificaciones para su conservación, fruto del proceso de la industrialización alimentaria.

La flora intestinal puede ser alterada por diversos factores: medicamentos (antibióticos, anticonceptivos orales, antiinflamatorios, inhibidores de las bombas de protones), bactericidas químicos en el agua, pesticidas residuales en los alimentos, el alcohol, las radiaciones, los edulcorantes artificiales. La flora intestinal es muy sencible a la alimentación: si se consume excesiva cantidad de azúcar, alimentos transgénicos y/o muy procesados o bebidas con mucha fructosa, estos tienden a destruir la flora saludable y alimentan las bacterias malas.

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