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... inflamación - Dr. Pablo Peña – Esp. en Medicina Ortomolecular – Medicina Integrativa - Tel.: 602-050 »

¿Qué es la inflamación?

La inflamación es una respuesta fisiológica, normal del cuerpo, cuyo objetivo principal es la curación del tejido lastimado.

Un proceso inflamatorio empieza cuando los compuestos químicos son liberados por el tejido dañado, como respuesta, los glóbulos blancos producen sustancias que hacen que las células se dividan y crezcan para reconstruir el tejido y así ayudar a reparar la lesión. Una vez que sana la herida, termina el proceso inflamatorio. Esto se conoce como inflamación aguda.

¿Qué es la inflamación crónica?

En la inflamación crónica, el proceso inflamatorio puede empezar aun cuando no haya lesión, y no termina cuando debería terminar. No siempre se sabe por qué continúa la inflamación.

Puede ser causada por infecciones que no desaparecen, por reacciones inmunitarias anormales a los tejidos normales o por estados como la obesidad. Con el tiempo, la inflamación crónica puede causar daño al ADN y llevar al cáncer. Por ejemplo, pacientes con enfermedades inflamatorias crónicas del intestino, como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, tienen un riesgo mayor de cáncer de colon. El punto crítico es que la inflamación crónica se ha vuelto una pandemia, como por ejemplo; el síndrome metabólico, la obesidad, el mal de Alzheimer; relacionados todos con la inflamación. Las últimas cifras estadísticas demuestran que las inflamaciones no infecciosas se han agravado en los últimos años, al punto que se han vuelto un problema de salud pública en varios países del mundo, sean estos desarrollados o subdesarrollados.

¿Por qué un proceso que está diseñado para curarnos, puede volverse potencialmente peligroso?

En primer lugar debemos conocer los diferentes estímulos nocivos exógenos y endógenos que dan lugar a la reacción inflamatoria, llamados agentes inflamatorios, estos pueden ser:

  • Agentes biológicos: bacterias, virus, parásitos, hongos
  • Agentes o condiciones que producen daño de los tejidos afectados: agentes físicos (radiaciones, frío, calor, rayos UV) y agentes químicos (venenos, toxinas).
  • Traumatismos y cuerpos extraños.
  • Alteraciones vasculares: como por ejemplo las que producen isquemia.
  • Alteraciones inmunitarias: como por ejemplo las respuestas de hipersensibilidad o las autoinmunes; en estos casos es la propia respuesta inmunitaria la que induce la inflamación, que es la causa principal del daño tisular.

En este último punto es importante reflexionar sobre el proceso autoinmune, que normalmente se denomina “idiopático”, es decir sin causa aparente y con teorías e hipótesis acerca origen del problema. Una de las hipótesis y a mi criterio la que tiene mayor peso, considera como causantes principales de la pandemia de inflamación crónica al estilo de vida actual, la alimentación saturada de alimentos procesados y ultraprocesados, la contaminación ambiental y el estrés crónico como factores principales del inicio y mantenimiento de este proceso inflamatorio.

¿Qué hacer ante una enfermedad de origen inflamatorio?

Tener en cuenta que para que se produzca la inflamación deben encontrarse diversos factores alterados y son esos los factores los que debemos equilibrar, de la siguiente manera:

En primer lugar. Conociendo el rol del intestino en el desequilibrio inmunológico, en primer lugar debemos equilibrar el mismo. En países subtropicales como el nuestro, donde el calor y los alimentos ricos en azúcares abundan, debemos utilizar antiparasitarios y antifúngicos, además de una alimentación equilibrada, la cual consiste en:

Disminuir el consumo de alimentos pro-inflamatorios:

  • Alimentos procesados (enlatados, envasados, gaseosas, jugos procesados, embutidos, carnes procesadas, cereales, condimentos y aderezos, galletas, galletitas, chicles).
  • Lácteos, la leche, sobre todo si es procesada, igual descremada o deslactosada, peor en polvo.
  • Harina blanca contenidas en el pan, pastas, masas, masitas.
  • Azúcar (blanca, golosinas, repostería o pastelería) y edulcorantes (sacarina, sucralosa, sorbitol, ciclamato, aspartame, acesulfame).
  • Sal fina.
  • Alimentos sometidos a altas temperaturas, sobre todo mayor a 200°C (fritados, asados y horneados).

Moderar el consumo de:

  • Carnes de vaca, pollo, pescado, cordero, cerdo.
  • Quesos (port salut, parmesano, suizo, cheddar).
  • Huevo casero.
  • Yogur natural.
  • Maní.
  • Legumbres como poroto, guisantes, lentejas, garbanzos, alubia.
  • Cereales integrales como copos de maíz, maíz dulce, arroz parbolizado, avena, trigo, centeno, cebada y pseudocereales como quinoa y amaranto.
  • Tubérculos como papa, batata, mandioca.

Consumir abundantes:

  • Verduras agroecológicas (producidas sin agroquímicos).
  • Frutas de estación (arrancar del árbol y comer es lo mejor).
  • Frutos secos: almendras, nueces, castañas.
  • Semillas de lino, sésamo, chía.
  • Stevia.
  • Sal marina.
  • Superalimentos: miel, propóleo, jalea real, polen, coco, aloe vera, arándano, açaí, cacao, goji berry, espirulina, maca, noni, echinacea.
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En segundo lugar. Existen algunos productos naturales que disminuyen la inflamación tales como: Uña de Gato (Uncaria tomentosa), cúrcuma (Cúrcuma longa) y omega-3 (ácido linolénico).

En tercer lugar. Medidas generales de higiene corporal y mental, como: manejo del estrés, sueño adecuado y ejercicio físico.

Como conclusión y para reflexionar, debemos entender que nuestro cuerpo es sabio, es una máquina perfecta y debemos considerar que el mismo actúa de diferentes maneras en respuesta a diferentes estímulos; nunca actúa por actuar.

Por lo tanto debemos aceptar que muchas veces somos los médicos los que ignoramos conceptos importantes, creyendo en la existencia de un cuerpo tonto, cuando en realidad la enfermedad viene dada por el intento del cuerpo de cuidarnos y protegernos ante estímulos lesivos a los que nosotros, voluntaria o involuntariamente exponemos diariamente.

Por lo tanto es de fundamental importancia, tener en cuenta antes de iniciar cualquier tratamiento antiinflamatorio para enfermedades crónicas:

  • Tratar el intestino.
  • Equilibrar la alimentación.
  • Consumir productos naturales que disminuyen la inflamación.
  • Medidas generales de higiene corporal y mental.
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