Mitos y verdades ...

... sobre el cigarrillo electrónico - Dr. José Manuel Fusillo - Neumólogo »

El tabaquismo es una adicción ampliamente difundida en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud es la primera causa de muerte prevenible en los países en vías de desarrollo, a pesar de ello los recursos terapéuticos son limitados. Existen solo tres tratamientos farmacológicos de primera línea: nicotina, bupropion y vareniclina, para tratar esta severa enfermedad. Las tasas de éxito de los tratamientos con estas drogas son relativamente bajas y con tasa de recaídas alta a los 24 meses. Esto pone en evidencia la necesidad de tratamientos más efectivos para esta enfermedad con tan altos índices de morbimortalidad.

¿Qué es el cigarrillo electrónico?

El cigarrillo electrónico o E-cig; hoy por hoy nombrado dentro de un grupo de Sistemas Electrónicos de Administración de Nicotina (ENDS por sus siglas en inglés), ha sido introducido al mercado en el año 2003, con el objetivo presuntamente de ser una alternativa para dejar de fumar.

En septiembre del 2013 el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU., informó con mucha preocupación, que el uso del E-cig se había duplicado entre los estudiantes de secundaria y preparatoria entre 2011-2012, estimando que 1,78 millones de estudiantes los habían probado a finales del 2012. En distintos estudios el porcentaje de jóvenes consumidores estaría entre un 13 y un 20%, con el agravante de que aproximadamente un 4% de ellos, eran no fumadores previos y debutaban con el tabaco al usar estos sistemas.

Otra encuesta en cuatro países europeos, encontró que el 70,4% lo utilizó para obtener nicotina en espacios libres de humo, y de hecho ese uso se convirtió en un comodín de los fumadores para infringir normativas vigentes sobre el humo en espacios cerrados. Hemos pasado de tener fumadores a tener vapeadores y en vez de humo inhalan vapor.

Actualmente su uso excede el debate de un tratamiento para dejar de fumar e incluye una evaluación minuciosa, de sus potenciales riesgos en la salud a mediano o largo plazo, la posibilidad de que aumente el número de fumadores a causa de su uso y de que se violen las normas de prohibición de fumar en espacios cerrados.

DESTAQUE.- No en vano el mercado de los E-cigs, inicialmente dominado por empresas sin vínculos con la industria tabacalera, está cada vez más en manos de empresas tabacaleras.

Pero… ¿funcionan realmente para dejar de fumar?

Hay serias dudas respecto de su eficacia y seguridad a nivel individual, pero estas dudas son mucho mayores a nivel poblacional. No hay evidencia clara respecto al efecto en no fumadores en contacto con el vapor que emiten. En primer lugar contiene nicotina, sustancia altamente adictiva y que en cantidades excesivas puede ser letal. Existe evidencia reciente, además, de que la nicotina puede ser una droga de entrada en el cerebro, dado que existe un mecanismo biológico que explicaría la secuencia del consumo de cigarrillos y su paso a la cocaína, efecto que bien podría darse con el E-cig.

El E-cig, además, contiene propilenglicol, glicerina, saborizantes, nitrosaminas y dietilenglicol, entre otras. El vapor contiene formaldehído, acetaldehído, acroleínas y metales pesados (níquel, cromo, plomo); todas sustancias presentes también en los cigarrillos convencionales, y que producen irritación de la vía aérea suficientemente comprobada.

Sus efectos beneficiosos para dejar de fumar o reducir el daño no pudieron hasta el momento, comprobarse

Hasta la fecha solo se han realizado siete estudios clínicos de calidad. Tres de ellos con escaso número de pacientes no aleatorizados ni controlados. Tres de ellos midiendo eficacia tanto en el abandono del hábito tabáquico, como en el control de los síntomas de abstinencia. (Craving). En ninguno de los tres se pudieron sacar conclusiones importantes, ya sea por resultados sin significación estadística o por errores metodológicos. En ambos grupos había bastante intromisión de la industria tabacalera en el acceso a los dispositivos en forma gratuita.En vista de estos datos es evidente que necesitamos un número mayor de estudios clínicos bien diseñados, estrictos desde lo metodológico que permitan llegar a conclusiones contundentes.

En cuanto a encuestas mundiales sobre cese tabáquico, estudios bien realizados en varios países de Europa, Asia y los EE.UU., han demostrado que solo 2 de cada 10 dejan totalmente el cigarrillo convencional, y 8 continúan consumiendo ambas formas, reduciendo la cantidad de cigarrillos convencionales, lo que genera nuevas interrogantes sobre el consumo dual de estas formas de uso de la nicotina. El grupo que deja el cigarrillo mayormente queda en uso permanente del E-cigs, lo que nos llevaría a la pregunta de si ¿estamos cambiando un vicio por otro?.

Mitos y verdades sobre el cigarrillo electrónico

Pero… el E-cig ¿es más seguro que el cigarrillo convencional?

Tal vez debería ser así, pero la verdad es que se han encontrado cantidades similares de nicotina, tanto en la sangre como en la saliva de vapeadores, comparando con fumadores. La teoría de los defensores del uso de E-cigs sobre la reducción de riesgos de enfermedades con los vapeadores, no está comprobada, y los trabajos existentes dan muestra que la sola reducción del número de cigarrillos diarios, no reduce significativamente el riesgo de enfermedades respiratorias como EPOC, y tampoco los daños cardíacos. Se siguen esperando estudios sobre el riesgo de cáncer de pulmón con los vapeadores que en principio parecerían ser menores a los del cigarrillo convencional.

En conclusión:

Si bien algunos informes indican que una proporción indeterminada han dejado de fumar gracias a la utilización de estos productos, su eficacia aún no se ha evaluado sistemáticamente. Las pruebas de la eficacia de los E-cigs como método para dejar de fumar son limitadas y no permiten extraer conclusiones. Hasta el presente, ningún organismo gubernamental ha evaluado ni aprobado ningún sistema electrónico de administración de nicotina como método para dejar de fumar.

Es necesario que existan regulaciones sobre la venta y el consumo de estos dispositivos de nicotina, su mal uso podría tener efectos muy negativos en políticas de Salud. Un reciente documento emitido por el Foro Internacional de Sociedades Respiratorias, analiza profundamente el tema sugiriendo que los E-cigs sean regulados como medicamentos.

Esto incluye prohibir su promoción para el uso en cesación tabáquica hasta que se establezcan riesgos, beneficios y falta de daño como las agencias reguladoras exigen para otros productos. Diversos estudios muestran con demasiada preocupación, la posibilidad de que los niños (y en general los no fumadores) se inicien en el consumo de nicotina con los E-cigs, a una tasa mayor que la esperada si no existieran. Los dispositivos cada vez más novedosos con colores, sabores y hasta tecnologías atractivas, va dirigido principalmente a captar la atención de los más jóvenes.

Hemos tardado muchos años, en salir del engaño de los fabricantes de cigarrillos, debemos evitar caer en una nueva trampa para que el E-cig no se transforme en un MODERNO CABALLO DE TROYA de las tabacaleras.

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