Medicina del ...

... viajero - Dr. Edgar Ortega – Esp. en Medicina Interna e Infectología Clínica

Dr. Edgar Ortega

La medicina del viajero es una especialidad médica dedicada a los aspectos relacionados con la prevención de enfermedades y situaciones potencialmente peligrosas a las que están expuestas las personas cuando realizan un viaje. Comprende no sólo la prevención de enfermedades infecciosas durante el viaje, sino también la seguridad personal de los viajeros y la prevención ante riesgos ambientales. Por ende, incluye diagnóstico y tratamiento de patologías adquiridas en viajes y manifestadas durante el mismo o a su regreso.

¿Por qué los viajes nos exponen a riesgos?

Las personas se exponen a múltiples riesgos cuando viajan, ya que cambian su medio ambiente habitual. Pueden encontrarse súbitamente en áreas con altitud, clima, flora, fauna, microorganismos, costumbres y culturas muy distintas a las de su entorno cotidiano. Esto suele involucrar situaciones de estrés y fatiga, que pueden conducir a la aparición de enfermedades o incapacidades, y a que no se logren los objetivos primarios del viaje.

Consulta antes del viaje

Dentro de los preparativos de un viaje también se debe incluir una consulta médica, la cual debe realizarse con una anticipación adecuada (30-45 días) para contar con el tiempo necesario para tomar todas las medidas preventivas. Ellas incluirán las generales para todos los viajeros y según la entrevista y el examen físico inicial, adaptarlas a cada persona y a cada destino. Se recomienda llevar a esta consulta el carnet de vacunación para evitar la aplicación de vacunas ya recibidas y el itinerario detallado del viaje, ya que algunas indicaciones varían según el destino (y aún dentro de un mismo país).

Consulta luego del viaje

En ocasiones se requiere el seguimiento del viajero a su regreso para recopilar toda la información relacionada a aspectos sanitarios del viaje. En esta consulta se hará un registro de los acontecimientos relacionados con la salud, adherencia a las medidas preventivas brindadas, reacciones adversas a medicamentos utilizados y diagnósticos diferenciales de patologías potenciales cuando el viajero acude a la consulta con síntomas o signos de enfermedad. En cuanto a los tiempos de incubación de muchas patologías, principalmente tropicales, pueden originar sintomatología de manera muy tardía.

Recomendaciones

Es fundamental que, independientemente del destino, todos los pacientes tengan su calendario de vacunación al día: completar esquemas de vacuna contra hepatitis B, tétanos y difteria y Triple viral (sarampión, rubéola y paperas). Además, hay vacunas específicas que se indican según el destino específico y el tipo de viaje.

Vacunas obligatorias y vacunas recomendables

Un importante aspecto a tener en cuenta es la posible exigencia legal de vacunación (certificado internacional de vacunación), establecida por algunos países para la circulación de viajeros en su territorio. Actualmente estas exigencias quedan prácticamente limitadas a la vacuna de la fiebre amarilla en algunas áreas de Sudamérica, África y Asia.

Desde un punto de vista sanitario, toda una serie de vacunas pueden ser de utilidad para el viajero (vacunas recomendables), de hecho, la mayor parte de las vacunas se administran en los centros de vacunación internacional bajo este concepto. Vacunas de gran interés para los viajeros son: hepatitis A, hepatitis B, hepatitis A+B, fiebre tifoidea, meningocócica, sarampión/triple vírica, poliomielitis y otras de menor uso como la rabia o las de las encefalitis japonesa o centroeuropea.

Problemas relacionados con factores físicos
  • Viajes en avión: A altitud de crucero y aunque las cabinas de los aviones comerciales estén presurizadas, hay una disminución de aire que puede ser causa de ligera hipoxia. La menor presión favorece la expansión de los gases de las cavidades corporales, lo cual puede provocar molestias auditivas y en los senos. La cirugía reciente es una contraindicación para volar, al poder favorecer la dehiscencia de suturas por aumento de volumen de aire atrapado.
    El estasis circulatorio, favorecido por los largos vuelos transoceánicos y la inmovilidad, favorece las trombosis venosas y la aparición del denominado “síndrome de clase turista”. Se recomienda realizar movimientos frecuentes, paseos cada 1 o 2 horas, ingerir líquidos, y en caso de existir factores predisponentes de enfermedad tromboembólica, aspirina u otro antiagregante (siempre bajo prescripción médica). Los viajes en avión están contraindicados en recién nacidos de menos de 7 días y en embarazadas desde 30 días antes de la fecha prevista del parto hasta 7 días después. Así también, se desaconseja el vuelo en pacientes con: angina de pecho en reposo, enfermedad infecciosa grave y aguda, enfermedad de descompresión después de bucear (12-24 h), aumento de presión intracraneal (traumatismo, etc.), infección de las vías respiratorias altas, infarto de miocardio o ictus reciente, cirugía reciente (abdominal, etc.), Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) grave, anemia falciforme, hipertensión arterial > 200 mmHg o enfermedad psiquiátrica reciente.
  • Cinetosis: Depende en primer lugar del medio de transporte, de mayor a menor, el orden es: barco, avión, coche y tren. Los niños mayores de 2 años y las mujeres son más susceptibles. Los ambientes contaminados por humo, olores desagradables, los movimientos bruscos y fijar la vista en la lectura favorecen así mismo la aparición del síndrome. La prevención se basa en evitar, en lo posible, estos ambientes y en el empleo de fármacos como escopolamina (parches o comprimidos) y antihistamínicos.
  • Jet lag: Se produce debido a las alteraciones de las pautas de sueño y otros ritmos circadianos al atravesar varios husos horarios en cortos períodos de tiempo, por ello, no hay jet lag cuando se viaja de sur a norte o de norte a sur. Las manifestaciones son mucho más acusadas en vuelos hacia el este, que cuando se viaja a favor del sol. Los síntomas se alivian procurando iniciar la partida descansado, con comidas ligeras y jugos, procurando una adaptación progresiva a los horarios de comidas, descanso etc. Pueden emplearse fármacos como pastillas para dormir de acción corta.
  • Luz solar: La exposición a la luz solar, sobre todo en horas centrales del día, en áreas geográficas cercanas al Ecuador y en situaciones de “hambre de sol”, favorecen la aparición de quemaduras en la piel, queratitis agudas y fotosensibilización (por interacción con diversos medicamentos, como tetraciclinas). Todo ello sin contar con los efectos a largo plazo debidos al daño del ADN celular.
  • Altitud: La presión de oxígeno disminuye progresivamente con la altura, dificultando la oxigenación de los tejidos. Cuando la ascensión se produce de forma rápida no da tiempo a la puesta en marcha de mecanismos compensadores (aumento en el número de hematíes) y puede aparecer el llamado “mal de altura”. Sus síntomas más comunes son: cefalea, anorexia, náuseas, vómitos, insomnio, fatiga e irritabilidad. A gran altitud y en estadios avanzados puede aparecer edema pulmonar y cerebral de desenlace fatal. La probabilidad de aparición del síndrome es mayor en viajeros con enfermedades de base de tipo cardiovascular, pulmonar o anemia de cualquier naturaleza.
    Entre las medidas de prevención están: ascensión progresiva (en 2 o 3 jornadas) a las regiones de mayor altitud, sobre todo por encima de los 3.000 metros; moderación en el ejercicio físico y adaptación gradual con períodos de estancia en altitudes intermedias, especialmente cuando se prevea realizar actividades de escalada o trekking. Como medicación paliativa puede emplearse acetazolamida (siempre bajo prescripción médica) en áreas de gran altitud.
  • Diarrea del viajero: El riesgo se relaciona fundamentalmente con el agua y los alimentos. La denominada “diarrea del viajero” afecta a una buena proporción de viajeros en algún momento del viaje. Las causas son múltiples, infecciosas habitualmente (la enfermedad infecciosa más común), el 70% de las veces por bacterias como E. coli (cepas enterotoxigénicas y enteropatógenas), Shigella, Salmonella y otras. En ocasiones, las toxinas de peces y moluscos o fármacos empleados como quimioprofilácticos son responsables del cuadro clínico. Aunque la mayoría de las veces la enfermedad es de curso benigno y autolimitada, otras veces puede ser grave. Pueden contraerse enfermedades específicas como la hepatitis A, la fiebre tifoidea o la brucelosis. Las dos primeras, además, por contacto de persona a persona por mecanismos de manos sucias. Se dispone de vacunas frente a ambas enfermedades.
  • Precauciones con el agua, otras bebidas y alimentos: Se recomienda beber exclusivamente agua (u otras bebidas) embotellada y precintada, el agua con gas es más difícil de falsificar. Si ello no es posible, debe procederse a la desinfección mediante ebullición, métodos químicos como cloro (1 o 2 gotas de hipoclorito sódico por litro) o yodo (5-10 gotas de tintura de yodo al 2%) o filtros de cerámica.
    Debe evitarse la ingesta de agua en el baño o ducha, y conviene emplear agua embotellada para la higiene bucal. Los cubitos de hielo no son seguros si no puede garantizarse su procedencia.
    Deben evitarse los alimentos crudos (verduras, frutas, moluscos), excepto la fruta pelada por uno mismo, así como los alimentos cocidos o no, expuestos durante horas a temperatura ambiente. Los alimentos vendidos en puestos callejeros y los helados no son seguros. Los peces escombroideos (atún, barracuda, etc.) pueden contener toxinas. Conviene obtener información local.
    También existen: enfermedades por contacto con suelo y agua, enfermedades por contacto con animales, enfermedades de transmisión sexual, enfermedades transmisibles por vía aérea.
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