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Lic. Natacha Golabek - Psicóloga

En el momento en que llega el tan ansiado último día de clases y los profesores desean felices vacaciones a sus alumnos, inicia para los padres la ardua tarea de manejar a tiempo completo el horario de sus hijos, y todo lo que ello implique en el día a día.

Por un lado, comienza la tranquilidad para los padres, ya que no deberán levantarse, estar apurados y bajo la presión del correr de las horas, teniendo que organizar el día en el hogar y en el trabajo, al mismo tiempo que se debe estar con los hijos y acompañarlos en sus actividades escolares y extraescolares, sin descanso alguno.

Ahora comienza la desaceleración del ajetreo diario, pero se asoma un gran desafío: el exceso de ocio en la mayoría de los niños.

Ciertamente, los padres no tenemos vacaciones y... de haberlas, es como si no existieran.

Existen varios tipos de familias: las que dejan a sus hijos hacer lo que desean porque están de vacaciones, y por otro lado, las que fraccionan o limitan sus tiempos combinando con responsabilidades y ocio.

Ambos ejemplos de familia, aman de manera desmedida a sus hijos y desean siempre lo mejor para ellos. Pero, en aquellas familias en las que no se combina responsabilidad y ocio, ¿realmente creen que un hijo puede ser tan maduro como para saber limitarse, habiendo un abanico tan amplio de actividades dentro y fuera de casa? ¿Quién regula al hijo? ¿Quién pone las pautas y los límites?

Las vacaciones de nuestros hijos y los límites

Los padres también debemos saber y aprender, que los hijos son hijos, llenos de futuras experiencias tan diferentes a las nuestras, con una visión inmadura y, muchas veces, irreal del mundo.

¿Por qué evitamos poner límites y pautas dentro de la casa? Tanto en nuestra comunidad como en la sociedad misma, existen reglas y hay que saber cumplirlas para la mejor convivencia entre todos.

Si nuestros hijos no cumplen las demandas o las pautas establecidas dentro de la casa, ¿podrán cumplirlas en la sociedad más adelante?

Es importante recordar lo esencial que es educar a nuestros hijos desde la infancia, ya que pretender comenzar a hacerlo desde la adolescencia se vuelve una tarea mucho más difícil.

Amar no quiere decir dar todo, es enseñar a valorar y respetar, con amor y cariño. Poner límites a tiempo, es necesario para forjar un adulto mejor en el futuro.

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