La osteoporosis

... epidemia silenciosa - Dr. Ernesto Paredes – Reumatólogo »

La osteoporosis ha sido denominada como una “epidemia silenciosa”, debido a que antes de que se complique con fracturas, no da síntomas. Es una enfermedad caracterizada por masa ósea baja, un deterioro en la microarquitectura ósea, además de un incremento en la fragilidad, y por lo tanto, incremento en el riesgo de fracturas (Definición de la OMS).

Se trata de una enfermedad que afecta a todo el esqueleto; se produce una disminución de la cantidad de hueso y además una alteración en la calidad de la estructura de ese hueso, ambos llevan a un aumento del riesgo de fractura. La fractura que es la complicación y consecuencia de la osteoporosis determina un importante deterioro en la calidad de vida de los afectados.

La fractura osteoporótica más grave es la de cadera, necesita hospitalización y generalmente intervención quirúrgica junto con un período importante de rehabilitación. El tratamiento no asegura la recuperación total y de hecho se sabe que sólo un tercio de los pacientes recupera un 100 % de su estado previo a la fractura; por otro lado, las personas que sufren fractura de cadera tienen mayor riesgo de morir por distintas complicaciones, en los meses que siguen a la fractura. Los pacientes de sexo femenino se fracturan más y a menor edad que los masculinos, debido a que tienen un esqueleto más frágil y a factores de riesgo como los que se tienen al inicio y luego del período llamado menopausia.

Una de las principales medidas para evitar las fracturas en la vida adulta, es conseguir el desarrollo de huesos más fuertes durante la infancia y la adolescencia; generalmente, alrededor de los 20 años se alcanza el máximo de masa ósea y se ha estimado que un aumento del 10% de hueso puede reducir a la mitad el riesgo de fractura, de tal manera que es de gran importancia la nutrición y la actividad física en estas etapas.

¿Cuál es la influencia de la dieta?

Calcio: Es esencial para el desarrollo de un hueso sano y su consumo en niños y adolescentes aumenta el crecimiento óseo. La leche y los productos lácteos en general son la mejor fuente de calcio. En aquellas personas con intolerancia por los lácteos debe suplementarse el calcio. No existe acuerdo total acerca los requerimientos diarios de calcio en las diferentes edades, pero se acepta que: en niños entre 1 a 3 años es de 500 mg (esto aumenta progresivamente) y desde los 7 años es de 1000 a 1500 mg. Los períodos de mayor requerimiento son los de crecimiento rápido, embarazo y postmenopausia en la mujer.

Vitamina D: Es necesaria a cualquier edad porque ayuda con la absorción del calcio en el intestino y en el depósito del calcio en el hueso. La exposición a la luz solar es una de las fuentes de vitamina D y cuando no es suficiente (por no salir mucho al sol), se puede suplementar con 400 a 800 UI de vitamina D por día.

Proteínas: Cuando se produce una mala nutrición, especialmente durante la etapa de desarrollo, con bajo aporte de proteínas y calorías, se puede alterar el crecimiento óseo por lo cual es imprescindible una alimentación equilibrada.

¿Cuál es la influencia de los deportes y el ejercicio?

Los ejercicios más efectivos son caminar, gimnasia, baile, juegos de pelota y en general todos los que impliquen carga sobre el esqueleto. Esto ayuda al incremento de la masa ósea durante el crecimiento y al mantenimiento durante la vida adulta. El exceso de ejercicio en las jóvenes, cuando se acompaña de bajo peso excesivo, puede producir trastornos hormonales con cese de la menstruación y esto daña el desarrollo del hueso. En los adultos que presenten alguna limitación articular como artrosis o artritis, debe realizarse un equilibrio para no descompensar las articulaciones por exceso o por ejercicios contraindicados.

Influencia de otros factores

Tabaco, café o alcohol: El consumo de tabaco desde la adolescencia, que prevalece hasta la vida adulta con un mayor consumo, junto con poca actividad física y poco consumo de lácteos, aumentará el riesgo de fractura en la vida adulta. No hay evidencia de que el café en cantidades razonables, 2 a 3 tazas al día, produzca daño en el hueso. No hay suficientes datos acerca del consumo de alcohol en adolescentes respecto a su efecto sobre el hueso; en adultos el consumo excesivo es capaz de producir daño hepático y deteriora el hueso, en cambio estudios de poblaciones sugieren que el consumo moderado disminuye el riesgo de fracturas en hombres y mujeres sobre 60 años.

¿Hay un liderazgo ideal?

Uso de fármacos y osteoporosis: Existen algunos fármacos que implican mayor riesgo de osteoporosis, entre los más frecuentes tenemos: Tratamiento crónico con corticosteroides, diferentes patologías hacen imprescindible el uso de corticoides, estos deben ser indicados por el médico quien los dosificará en menor cantidad y tiempo posible y se asegurará de que el paciente reciba un aporte adecuado de calcio y vitamina D; en algunos casos como pacientes con artritis activas el uso de corticoides puede ser más beneficioso que no usarlos, porque mucha inflamación también contribuye a la pérdida acelerada de hueso. Tratamiento excesivo con hormona tiroidea, los pacientes con hipotiroidismo que necesitan tomar hormona tiroidea de reemplazo, deben recibir la dosis necesaria porque el exceso produce pérdida acelerada de hueso.

La disminución de las hormonas sexuales tanto en el hombre como en la mujer produce disminución de la masa ósea. En la mujer, mientras más precoz sea la menopausia más riesgo de osteoporosis existe. La mujer adulta tiene menor masa ósea que el hombre a cualquier edad y experimenta una pérdida acelerada tras la menopausia.

También existen algunas enfermedades crónicas que actúan como factores de riesgo: la anorexia nerviosa, la artritis reumatoide, la insuficiencia renal crónica, hipertiroidismo, hiperparatiroidismo y otras que interfieren con el metabolismo óseo.

Tratamiento

Una vez que se hace el diagnóstico de osteoporosis, establecido a través de una densitometría ósea, se debe planificar el tratamiento, de acuerdo a las características individuales del paciente. Para ello contamos con diferentes posibilidades (aunque hay algunas que son básicas y comunes para todos): cuál es el aporte adecuado de calcio y vitamina D, junto a una actividad física adecuada. Cuando sea necesario se agregarán terapias antireabsortivas, por ejemplo: reemplazo hormonal, bisfosfonatos, calcitonina o SERMS. Están comenzando a usarse nuevas terapias formadoras que aumentarán los resultados positivos en este campo. Una vez comenzada la terapia es importante el seguimiento y control clínico, de laboratorio y densitometría para evaluar los resultados y reafirmar o modificar si fuera necesario.

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