La elección de pareja ...

... y destino - Aurora Bachem – Psicóloga, Psicoanalista - Tel.: 227-665 »

En la elección de pareja intervienen dos factores: uno práctico y otro emocional. El aspecto práctico es el más evidente, vemos en el otro lo que hace referencia a nuestros gustos, costumbres y preferencias cotidianas y superficiales; el aspecto físico, nivel sociocultural y status social, etc.

El aspecto emocional, impone una serie de requerimientos que, en numerosas ocasiones, no sabemos cómo manejar ni sabemos de dónde surgen, una persona nos llama la atención aunque no sea muy atractiva, y no comprendemos muchas veces el porqué; esto tiene que ver con cuestiones inconscientes que desconocemos y no sabemos identificar, pero que controlan y determinan la elección. Según Sigmund Freud: “La elección de una persona se basa en la relación con uno mismo. Se ama lo que uno es en sí mismo; lo que uno ha sido; lo que quisiera haber sido; a una parte de lo que fue la propia persona; o a la cualidad que uno quisiera tener”.

Conocernos a nosotros para juzgar a los demás

Sucede que muchas veces, uno se desconoce. No sabemos lo que queremos ni hasta dónde podemos llegar, por lo tanto tampoco entendemos bien lo que esperamos de una pareja. Es allí donde se crean falsas expectativas sobre las personas y exigimos al otro lo que no podemos ser, eligiendo “ideales” y no realidades que luego salen a relucir. La elección de pareja es un asunto intrigante y complejo, y la proliferación de modelos de belleza y perfección, de ideales estéticos o de parejas exitosas, siempre se opone al lazo amoroso que es azaroso. La manera en la que cada uno ha sido querido, el lugar que ha ocupado en el seno familiar (el juego que se establece en la relación madre-padre-hijo), más la relación con los objetos satisfactorios en la infancia,establece una matriz de relaciones que dará cuenta de las elecciones amorosas en la vida adulta, tanto del lugar que ocupará en la pareja y los objetos que le darán satisfacción. Esta matriz amorosa se repetirá a la manera de un cliché con cada nueva pareja, donde se cambiarán solo de “nombre y apellido”, nada más; los síntomas, malestares y goces, van a repetirse cual prototipo por elección inconsciente y de ahí surge la famosa frase “No tengo suerte en el amor”.

La elección de pareja y destino

Captar lo que se repite

La pregunta es: ¿Estamos destinados a elegir a alguien similar a nuestros padres o se puede inventar un nuevo amor, distinto a aquel del que fuimos parte en nuestra infancia? Se debe poder captar, con la ayuda de un profesional, cuál es el patrón que se repite, qué parte influye sin saberlo, para así, decidir si quiere seguir en donde está, pero ya con una decisión objetiva, lo que implica dejar de quejarse de ello, o crear una nueva forma de relacionarse con los otros, que no esté determinada por el inconsciente.

Elegir pareja sin estar condicionados

La propuesta es pasar de una elección de destino (inconsciente) a crear un amor y una elección a conciencia; claro que esto no descarta las viejas formas de elegir, pero advierte sobre la tendencia a buscar prototipos que producen malestar y se repiten en cada pareja. También tener en cuenta que el rasgo que atrae del otro, luego puede ser el motivo de recriminación a futuro. La elección de pareja está determinada por cuestiones que además de necesitar introspección, necesita de una revisión personal profunda y a veces dolorosa, pero que vale la pena si la elección es de por vida.

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