Hernias inguinales

... Prof. Dr. José Marín Massolo - Cirujano General y Laparoscopista - Tel.: 232-644/(0994) 258-800 »

Constituyen una patología bastante frecuente que se presenta a cualquier edad. Se trata de una zona débil del abdomen debido al tránsito de los elementos que van al testículo en el hombre y al ligamento redondo (que va hasta el útero) en la mujer, a través del conducto inguinal. Esta zona débil permite el paso de contenido intraabdominal al exterior (debajo de la piel) y puede verse como una protuberancia o un tumor bajo la piel, que aumenta con los esfuerzos y se reduce o desaparece con el reposo en posición horizontal.

Las hernias inguinales pueden ser:

  • Inguinoabdominales, cuando se desarrollan por encima del pliegue de la ingle.
  • Inguinocrurales, cuando saliendo por otro orificio (el que recorren los vasos para llegar a la pierna) emergen por debajo del pliegue inguinal.

Las primeras pueden ser denominadas indirectas o directas, siendo las indirectas las que recorren el conducto inguinal para emerger hacia el pubis y llegar en su progresión hasta las bolsas espermáticas en el hombre y los labios mayores en la mujer. Pudiendo en los primeros adquirir un gran tamaño si no se corrige oportunamente.

Causas

Las hernias indirectas (las más frecuentes) tienen un componente genético en su origen. Aparecen a una edad más temprana (incluidos niños recién nacidos) y no son causadas por una especial debilidad de la pared abdominal. En cambio, las directas si tienen en su origen una debilidad abdominal; se presentan en personas mayores e interviene como elemento predisponente la obesidad, por esto son más difíciles de corregir.

Diagnóstico

El diagnóstico básicamente es clínico, pero puede ser corroborado por una ecografía de pared abdominal. Esto es importante sobre todo en los estadios iniciales de la hernia o cuando la misma se enmascara con la grasa abdominal.

Tratamiento

El tratamiento en todos los casos es quirúrgico, por el riesgo de complicaciones y por el carácter progresivo de la afección que va destruyendo y debilitando la pared abdominal, creando dificultades a la hora de corregir el defecto herniario en la pared.

Hernias inguinales

La principal y más temida complicación, es la estrangulación herniaria. Esto puede llevar a una lesión irreversible del contenido de la hernia que, en el caso de ser intestinal, puede llegar a la perforación del intestino y a una peritonitis muy grave. La estrangulación consiste en que el contenido herniario, por un sobre esfuerzo (una tos o estornudo muy importante o al levantar pesos excesivos) hace que salga mayor contenido, de lo que permite la elasticidad del anillo herniario, y que el mismo permanezca atascado en la hernia sin poder reintroducirlo ni con el reposo. Esta situación produce cambios importantes en el tejido estrangulado que lo edematiza y produce la salida de líquidos, haciendo que el anillo suprima inicialmente la circulación venosa y luego la arterial al intestino incluido. Esta situación debe ser solucionada inmediatamente antes de que los cambios sean irreversibles y exijan la extirpación del intestino afectado.

El tratamiento quirúrgico actualmente tiene dos abordajes: la vía convencional o la laparoscópica. En ambos casos es recomendable la utilización de una malla para reforzar la pared abdominal en la zona herniaria. Esta malla es de un material denominado polipropileno.

En el procedimiento abierto dicha malla se sutura a los músculos y aponeurosis que rodean la zona de debilidad herniaria, actuando como una barrera para la aparición de nuevas hernias.

En el procedimiento laparoscópico, se llega a la región herniaria accediendo por el ombligo y puede realizarse por vía intraperitoneal o extraperitoneal, siendo esta última más simple. En todos los casos el mecanismo es el mismo: colocar una barrera entre la grasa intraabdominal y los intestinos y el orificio herniario. Ambos procedimientos requieren anestesia regional (epidural o raquídea) o anestesia total. Aunque en la laparoscopía es preferible la anestesia general.

Después del acto quirúrgico, se requiere un período de reposo de 6 a 8 semanas antes de realizar actividades físicas. Este período se prolonga aún más en el caso de la cirugía convencional. Por otra parte, la cirugía convencional es algo más dolorosa que la laparoscópica.

Ambos métodos tienen su porcentaje de fracaso (“recidiva”) y según las estadísticas está entre 1 a 10%. Los factores que predisponen a una recidiva son: la obesidad, la infección del sitio de la malla, la presencia de tos permanente o accidentes (caídas, tropezones).

Recomendamos que todo paciente que tenga o sospeche tener una hernia sea controlado por un cirujano y que se pueda fijar la fecha de la cirugía en el menor tiempo posible.

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