Hablemos de depresión

Dr. Néstor Girala - Esp. en Psiquiatría General de Adultos »

La Organización Mundial de la Salud se ha propuesto llamar la atención sobre la depresión y la necesidad de pedir ayuda cuando uno cae en esta condición (“Hablemos de la depresión”, lanzada en octubre 2016). Actualmente, a nivel global, la depresión es la carga más pesada sobre la salud de la humanidad: por su alta frecuencia y por el enorme impacto que tiene sobre el bienestar, la salud física y la productividad.

Se estima que 300 millones de personas de todas las edades padecen depresión, y solo la mitad de ellas acceden a tratamiento. ¿Qué pasa con la otra mitad? Sufren la enfermedad sin toda la ayuda que podrían recibir. ¿Por qué? Por vergüenza, ignorancia, falta de recursos, falta de servicios de salud adecuados.

La depresión es un trastorno muy heterogéneo. Sus síntomas son muy diversos, pero en el centro del problema está la tristeza, intensa y más persistente de lo normal, que dura al menos dos semanas. A la tristeza con frecuencia acompaña la angustia, la falta de energías y vitalidad, la tendencia al cansancio fácil, la pérdida de la capacidad de disfrutar las cosas que antes se disfrutaban y muchas veces un sentimiento general de culpa, derrota o impotencia.

Hay cambios más allá de lo emocional: el apetito muchas veces está disminuído, otras veces hay tendencia a comer en exceso, más por ansia que por apetito. El sueño también cambia en sentidos diversos, la mayor parte de las veces con insomnio o con sueño poco reparador, ocasionalmente con una necesidad de dormir que parece insaciable.

Ante este panorama la persona deprimida tiende a aislarse de los demás y a quedarse cada vez más inactiva, por las pocas energías y el poco disfrute de todo, ahondando en su malestar y en la interminable rumiación de ideas negativas, culposas, pesimistas. El futuro se vuelve oscuro, y la esperanza se va apagando.

La intensidad de la depresión también es muy variable, hay casos leves en que la persona sigue con su vida normal, pero con la sensación que todo es más difícil, como si ahora tiene que pedalear la vida en arribada, lo cotidiano se vuelve un esfuerzo grande.

En los casos graves la persona ya no puede afrontar sus ocupaciones habituales, con frecuencia pasa mucho tiempo en la cama o teme salir de la casa. El final más grave al que se puede llegar es el suicidio. El sentimiento de que no vale la pena vivir, aunque no se busque activamente la propia muerte, está presente incluso en casos de intensidad relativamente leve. Hay muchos tipos de depresión.

A veces la depresión aparece en un momento de la vida, con o sin causa aparente, lo que llamamos un episodio de depresión mayor, que puede durar unos meses y luego cede. Otras veces es más leve pero más arrastrada y prolongada en el tiempo, dura varios o muchos años: trastorno persistente del humor.

La mitad de las personas que tuvieron un episodio de depresión, vuelven a tener al menos otro en su vida. En algunos casos, además de episodios de depresión ocurren episodios de aceleración y exaltación del humor, constituyendo el trastorno bipolar (en este caso el tratamiento es distinto).

Ampliando la mirada

¿Por qué nos deprimimos?

Esta pregunta no tiene una sola respuesta y ninguna de las que hay es aplicable a todos los casos, a pesar que no faltan los falsos expertos que sentencian que la depresión es sólo enfermedad de gente que no tiene problemas reales (“yo no tengo tiempo de deprimirme”), de gente floja de carácter, de gente sin fe y sin confianza en Dios, o un mero espejismo que está sólo en la mente del que la padece (“está todo en tu cabeza, es psicológico”).

Este tipo de prejuicios ignorantes son los crean el ambiente para que la mitad de las personas con depresión no lleguen a recibir ayuda terapéutica.

Sobre las causas, es ilustrativo conocer algunas situaciones en que la depresión se presenta con más frecuencia: en momentos de cambio hormonal (adolescencia, postparto, menopausia, hipotiroidismo); en las rupturas o pérdida de pareja o seres queridos; en la ancianidad; en enfermedades como diabetes, demencias, accidentes cerebrovasculares, enfermedades cardíacas; en abusos de sustancias (especialmente el alcohol); en las mujeres es más frecuente que en los hombres. Como se ve confluyen causas de diversa índole: sociales, biológicas, psicológicas.

Tratamientos:

Son, a grandes rasgos, de tres tipos: orientaciones sobre el estilo de vida y manejo de la enfermedad, terapias psicológicas y tratamientos con fármacos. Profesionales médicos no especialistas y otros profesionales de la salud pueden dar orientaciones y fármacos contra la depresión no severa.

La actividad física regular, la vida social activa, tener el tiempo ocupado (sin llegar a niveles altos de estrés por actividades excesivas), el buen sueño, la alimentación sana, evitar excesos de alcohol y consumo de otros tóxicos, son algunos rasgos del estilo de vida que contribuye a superar la depresión, y en cierta medida a prevenirla.

Las terapias psicológicas, que generalmente son individuales y ocasionalmente grupales, ayudan en conversación con el terapeuta especializado (psicólogo o psiquiatra) no sólo con el desahogo (catarsis), sino a comprender lo que está pasando y cambiar el rumbo de la depresión. En los casos no severos puede usarse incluso como único tratamiento.

Los fármacos antidepresivos contribuyen a normalizar el estado de ánimo distorsionado en la depresión. Habitualmente después de 10 a 15 días de tomar un antidepresivo se empieza a notar una mejoría, pero la normalización habitualmente lleva más de un mes y se da de manera progresiva. Los fármacos se usan siempre en los casos severos, aunque también son eficaces en casos leves y moderados.

Los prejuicios que rodean el uso de estos fármacos se relacionan con el temor a ser “dependiente”, a estar “dopado”, aumentar de peso o tener que tomarlos por el resto de la vida. Afortunadamente, en la actualidad hay una amplia gama de antidepresivos, que permiten ir escogiendo para cada persona particular aquél que no causa molestias y sea eficaz.

La mayoría de ellos ni da sueño ni aumenta de peso. No crean dependencia, a diferencia de los tranquilizantes. Los tratamientos habitualmente duran varios meses o pocos años, en una minoría de casos es necesario seguir con la medicación por años o toda la vida.

Hable con alguien de confianza sobre cómo se siente. Busque ayuda profesional, el médico de cabecera es buen inicio. Recuerde que con la ayuda necesaria se supera la depresión. Trate de mantener sus actividades habituales. Mantenga contacto con su familia y amigos. Haga ejercicio, cuide el sueño y la alimentación. Acepte que tiene depresión y ajuste sus expectativas sobre qué puede hacer en este momento. Cuidado con el alcohol y las drogas. Si tiene ideas de suicidio, pida ayuda de inmediato. La depresión se puede tratar.

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