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Mg. Teresa Galeano - Psicóloga clínica

En la historia de nuestro país, la mujer siempre ha llevado muchas cargas sociales. Ha tenido que ser restauradora de toda una nación luego de la guerra del 70, sin siquiera pensar en sus derechos y en sus merecidas retribuciones. La mujer del nuevo siglo se enfrenta a retos cada vez mayores, cada vez es más exigente su presencia en el proceso de empoderamiento que se ha ganado a través de la historia. En nuestro país, este proceso se está dando, pero es más lento que en otros lugares, y esto se asocia sin lugar a dudas a diversos factores sociales y económicos. Vivimos en una sociedad donde impera el machismo y el tradicionalismo instalado es muy fuerte; la mujer es criticada cuando hace algo diferente a lo que espera la sociedad.

La infidelidad

Por estadísticas el hombre es más infiel; pero en los últimos años existe un incremento en la infidelidad de la mujer. Se da por diferentes motivos: el acceso a las redes sociales, estar más activa en el mundo laboral, ser consciente que la sexualidad está más liberada y menos oprimida. Pero, ¿qué es lo diferente entre estas infidelidades?.

En un alto porcentaje, el varón no perdona la infidelidad de su mujer y juzga hasta denigrar. Otro punto, es que el juzgamiento social es terriblemente intenso y descalificante. La diferencia con el varón es que en nuestra cultura patriarcal surgen ideas como: “el varón es normal que sea infiel”, “todos son infieles, hay que perdonarle”, “quién sabe qué no le diste por eso se fue a buscar en otro lugar”, “la mujer tiene que sacrificar todo por la familia”.

La mujer se ha ganado espacios laborales e independencia, pero en nuestro país tiene dos temas pendientes para trabajar y evolucionar: su propia autoestima y aprender a lidiar con las creencias de un paradigma patriarcal.

La autoestima de la mujer

No es algo individual, sino social también. Las mujeres partimos de una valoración social inferior que la de los hombres y, por esta razón, la baja autoestima se encuentra más frecuentemente en mujeres, especialmente en aquellas que les ha tocado crecer en una familia con roles tradicionales donde a menudo se dan maltratos psicológicos a los miembros del género femenino. Es hora que la mujer despierte a su propia dignidad y encuentre su propio valor; que sea capaz de reconocer lo “valerosa” que es, la fortaleza que tiene y que es su derecho el tener una vida mejor sin someterse a tantas cargas y sintiéndose merecedora de lo que es y de lo que logra. Que pueda decir en voz alta y sin miedo lo que piensa, que pueda poner límites cuando le hacen daño, que aprenda a cerrar puertas para abrir otras.

Evolución o revolución de la mujer paraguaya en el siglo 21 La mujer en la historia

La mujer ha jugado un rol histórico todavía no mesurado, logrando trastornar el orden social tradicional. Esto hace que su personalidad haya tenido cambios en su forma física y actitudes. Desde el inicio de la humanidad, el género masculino se identificó por ser el proveedor de la familia, mientras que la mujer cuidaba del hogar. Durante los años 50 era “aceptable” que los hombres fueran insensibles, y si bien se agobiaban por la presión de mantener un hogar, no permitían que sus esposas también tuviesen un trabajo. En esta época comenzó a aumentar el “madresolterismo” y/o las viudas pobres; esto hizo que en forma silenciosa la mujer fuera penetrando los diferentes campos para su subsistencia; empieza a educarse, a emigrar del campo a la ciudad, avanza lentamente pero con paso certero hasta obtener reconocimiento y equipararse al hombre en derecho y obligaciones.

A finales de los años 60 y comienzos de los 70, muchas de las mujeres experimentaban un creciente descontento con las restricciones de los estereotipos genéricos y rígidos; situación que cuestionó la distinción tradicional del: hombre para Cultura y mujer para Natura, ya que se rompe con esto los cabos de amarre y se sitúan en los mismos parámetros en una sociedad para dar albergue a los dos. Finalmente, la respuesta sexual femenina abre horizontes a la salida libre de la mujer a la sexualidad plena.

Podemos pensar desde el campo de la cultura, que las presiones laborales son causantes parciales de muchos desajustes, entre los cuales puede agregarse el intento femenino de asumir una imagen similar a la de su compañero, para desempeñarse en la sociedad y ser reconocida igualitariamente.

"Esta es la era de la mujer que prospera. Cada día rompemos más barreras de roles y nos permitimos pensar independientemente acerca de quiénes somos y qué significa para nosotras el éxito… Prosperidad significa experimentar el equilibrio en la vida, lograr lo que deseamos a nivel mental, físico, emocional, espiritual y financiero. La prosperidad es el resultado natural de abrir la mente a nuestras imaginaciones creativas y estar dispuestas a actuar con base en nuestras ideas". Ruth Ross.

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