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Lic. Fátima Rojas Villanueva - Nutricionista -Reg. Prof. Nº 1113

La alimentación es una parte importante en nuestra vida. El cuerpo obtiene sus nutrientes de los alimentos que consumimos, sin embargo a veces podemos pasar por alto algunos hábitos alimentarios que provocan aumentos de peso.

No hay mucha gente que relacione conscientemente el vínculo que hay entre el comer y las emociones. Por eso, entender qué es lo que desencadena la conducta de comer emocionalmente puede ayudar a comenzar un plan para dejar de hacerlo.

Hasta cierto punto, todos somos comedores emocionales. Pero en algunas personas, comer emocionalmente puede ser un problema grave, porque provoca aumento severo de peso o ciclos de atracones y dietas de hambre. El problema de comer emocionalmente es que, en cuanto acaba el placer de comer, las emociones que lo desencadenaron permanecen. Y a menudo se sienten peor por haber comido la cantidad o el tipo de alimento que han ingerido. Por eso ayuda tanto conocer las diferencias entre el hambre física y el hambre puramente emocional.

Un estudio realizado en la Universidad de Texas demostró que existen diferencias entre el hambre física y el hambre emocional:
  • El hambre emocional comienza repentinamente; el hambre física ocurre gradualmente.
  • Cuando está comiendo para mitigar un sentimiento no importa si su estomago está lleno o vacío, solo necesita comer. Y en este caso elige una comida específica y no le satisface cualquier alimento. Cuando come porque realmente tiene hambre física, está abierto a todas las opciones.
  • El hambre emocional necesita ser satisfecha inmediatamente con el alimento que desea; el hambre física puede esperar.
  • Aun cuando está llena, si está comiendo para satisfacer una necesidad emocional comerá aún más. Si lo hace por hambre física, es más probable que deje de comer cuando está llena.
  • El comer emocional incluye siempre sensaciones de culpa; el hambre física, no.

Por todo esto, necesitamos aprender a comer. El primer requisito previo a comer es tener hambre genuina, no apetito. El concepto de comer solamente con hambre parece simple y obvio pero, en realidad, es el consejo dietético MÁS DIFÍCIL de aplicar en la práctica diaria.

Los patrones de comer emocionalmente son hábitos aprendidos que se adquieren desde la infancia. A un niño que se le premia con un dulce, cada vez que hace algo que el adulto espera que haga, puede crecer utilizando los dulces como recompensa por el trabajo bien hecho. Un niño que recibe galletitas para que deje de llorar aprende a asociar a las mismas al consuelo. No es fácil “desaprender” los patrones de comer emocionalmente. Pero es posible. Y el primer paso consiste en tomar conciencia de lo que está ocurriendo.

¿Comemos llevados por nuestras emociones?

El consumo de alimentos placenteros puede estimular la liberación de endorfinas, al igual que el ejercicio. Así que, después de comer, nos sentimos mejor. Los comedores emocionales usan la comida para aliviar el estrés. Pero, ¿cómo sabe que está utilizando los alimentos de esta manera? El primer signo es evidente. Se ganará peso si come demasiado. A la luz del aumento de peso, examine otras áreas de su vida: Ha estado bajo estrés últimamente en el trabajo o en casa? ¿Ha tenido alguna experiencia traumática que ha ocurrido en el último año? ¿Está tratando con un problema, pero no ha encontrado una solución? Si responde “sí” a alguna de estas preguntas podría significar que usted es un comedor emocional; si come pero no está necesariamente con hambre en ese momento.

Los alimentos que usted elija es lo que denominamos “comidas reconfortantes”: alimentos ricos en grasa, como papas fritas y otras frituras. Los productos azucarados como helados, amasados de pastelería, galletitas, tortas.

Todos tenemos nuestros propios alimentos consuelo. Curiosamente, pueden variar en función del estado de ánimo y el género. Algunos investigadores constataron que los hombres parecen preferir los alimentos consuelo; calientes y caseros, como los filetes de carne y los guisos. Las mujeres prefieren el chocolate y el helado.

Técnicas que ayudan:
  • Alimentos que le ayudan.Además de comprar los adecuados para una dieta balanceada y respetar los horarios de las comidas, ciertos alimentos son especialmente útiles a la hora de controlar el estrés por sus propiedades tranquilizantes, tales como el apio, el espárrago, la lechuga y todos aquellos ricos en vitaminas del grupo B, como germen de trigo y levadura de cerveza.
  • Mantenga un diario de sus alimentos durante el día. ¿Qué ingiere? ¿Qué tan frecuentemente lo hace? ¿Cómo se siente antes, durante y después? Poner toda esta información por escrito, es una muy buena herramienta de reflexión, ya que posibilita relacionar distintos aspectos y encontrar conexiones que no siempre es sencillo ver.
  • Siéntese y coma tranquilamente. Además de ser beneficioso para la digestión y una invitación al disfrute, sólo comer tranquilamente sin hacer al mismo tiempo otra tarea, en especial aquellas que le requieran mucha concentración o incluso le preocupen, permite un mayor control sobre la cantidad de lo que ingiere.
  • Invítese a realizar otra actividad. Comer lo que sea y cuando no tiene hambre no cambiará situaciones que le incomoden. Conversar con un amigo o proponerse cualquier otro plan es una forma más eficaz y beneficiosa de entretenerse y mejorar su humor. Adoptar esta actitud le permitirá ir sustituyendo el comer emocional por una conducta más conveniente.
  • ¡Ánimo! Cambiar viejas costumbres conlleva un proceso de aprendizaje y adaptación a hábitos nuevos. Siempre que aprendemos algo nos tropezamos en el camino, pero dichos tropiezos cada vez se van espaciando más hasta que dominamos, incorporamos y nos sentimos cómodos con lo nuevo. Lo mismo sucede con el comer emocional. No se castigue mentalmente si de vez en cuando tiene alguna recaída. Cuestione ese momento, ¿por qué sucedió?, ¿qué estaba pasando por su mente y cómo se estaba sintiendo respecto a eso? Si pone esto por escrito, aquí también encontrará vínculos y aspectos a analizar, que le serán útiles tanto para prevenir futuras recaídas como para considerar situaciones de su vida desde una perspectiva diferente.
Otros Consejos son:
  • Si está a punto de comer y logra darse cuenta de que no tiene hambre verdadera, sino que quiere hacerlo para mitigar alguna emoción, lo mejor será esperar por lo menos una hora y ver cómo esta sensación va cambiando. ¿Qué hacer en esa hora? Sin duda una actividad física aeróbica hará mucho más saludable la espera.
  • La actividad física regular es un aliado importante en el manejo de este tipo de hambre “falsa” que le resta salud al conducirle a un incremento del peso.
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