El vínculo de apego ...

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Lic. María Laura Romero Lévera

La relación especial que se construye en el intercambio cotidiano y permanente entre el niño y el adulto que lo cuida (padres y/o cuidador) es lo que se llama vínculo de apego. Se construye a lo largo de los meses en ese intercambio sostenido con las figuras de apego.

Este vínculo se nutre de: los momentos de juego, la disponibilidad del cuidador, el respeto, la valoración, la empatía, la comunicación (miradas, gorjeos, gestos, etc.), el cuidado amoroso y la conexión emocional.

A diferencia de otros tipos de vínculos afectivos, el de apego cumple la función de regular o mantener el equilibrio emocional, permitiendo afrontar las situaciones perturbadoras o de estrés.

Para desarrollarse de manera óptima, el cerebro del bebé necesita, además de alimento y cuidado, esa conexión emocional y resonancia empática que se producen en las interacciones entre padres e hijos desde la primera infancia. La autoestima de los niños se va forjando gracias a la mirada valorativa de los padres.

El hecho de necesitar de las figuras de apego no implica dependencia, ya que este vínculo va tomando distintas formas a lo largo de las diferentes etapas del desarrollo. Un niño establece un vínculo de apego con sus padres, a quienes vuelve para buscar protección y seguridad. A medida que crece, esa base de seguridad le permite soltar y salir a explorar el mundo y armar otros vínculos, pero con la confianza de que “allá afuera” habrá alguien que los entienda y pueda brindarle un sostén si lo precisa.

En estas primeras experiencias con sus figuras de apego, el bebé hace un registro y con el tiempo van armando un modelo mental que le permite entender cómo funciona la relación con las mismas, qué se puede esperar y qué no. De esta manera, se generan los patrones de apego, los cuales tendrán gran influencia en sus relaciones interpersonales y autoestima.

El vínculo de apego y la primera infancia

Es importante remarcar que los niños establecen vínculos de apego con las personas que están presentes de manera estable, aún cuando los maltraten. En este último caso, el tipo de apego no será seguro sino inseguro, y probablemente, este tipo de vínculo no pueda brindar la calma y tranquilidad necesaria, o bien, se verá alterado en su capacidad de satisfacerlas.

El amor incondicional que ofrecen los padres o figuras primarias a sus hijos implica aceptar sus aspectos positivos y negativos, sin restricciones ni condicionamientos. A pesar de los errores, enojos, peleas o rencores, es importante que el niño tenga en claro que sus padres siempre lo van a amar. Esto no implica que no debamos poner límites, ni que estemos de acuerdo con todo. Que entendamos no significa que estemos de acuerdo con ciertas conductas y tampoco los exime de las consecuencias, pero no se cuestiona ese amor único.

Es tarea de los padres lograr el respeto de sus hijos pero para ello hay que empezar a respetar a los hijos desde muy pequeños.

Cuando los chicos van creciendo, seguramente muchas desiciones o conductas no sean las más adecuadas, pero siempre es importante respetar sus sentimientos y deseos, y al mismo tiempo, establecer los límites a sus acciones o palabras cuando no sean las correctas, entendiendo su enojo o molestia ante el límite puesto.

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