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Lic. María Laura Romero Lévera

El juego es una actividad inherente al ser humano que trasciende toda edad, época y cultura. Favorece el desarrollo a nivel cognitivo, social, afectivo y de la comunicación. A su vez, la evolución de los distintos tipos de juego, está estrechamente relacionada al curso del desarrollo típico de las personas.

Los trastornos del espectro autista (TEA), son trastornos del neurodesarrollo que se caracterizan por dificultades en la sociabilizacion, comunicación, presencia de intereses restringidos y conductas estereotipadas.

La ausencia de juego en los niños, es un indicador importante a tener en cuenta al momento de la evaluación y el diagnóstico de TEA.

En niños con trastorno del espectro autista, las dificultades sociales iniciales no favorecen la interacción con los demás, lo cual limita el juego social espontáneo.

Por otra parte, estos chicos presentan mayor dificultad en la capacidad de imaginación, el tipo de juego tiende a ser limitado, repetitivo y solitario. Asimismo, la conducta suele ser inflexible y rígida.

el juego en niños con tea

El juguete puede ser utilizado como objeto de autoestimulación. Suelen focalizar su atención en los pequeños detalles, como luces, texturas, sonidos o movimientos, impidiendo el desarrollo del juego funcional.

La familia es el principal núcleo socializador del niño, y es aquí justamente, donde se deben ofrecer patrones de conducta que ayuden al niño en su proceso de desarrollo integral.

Algunas propuestas para estimular el juego:

  • Identificar fortalezas y debilidades del niño, así como también aquellas cosas que le gustan y que le generan rechazo o miedo.
  • Elegir objetos acordes a su nivel de desarrollo, habilidades y preferencias.
  • Brindar, en lo posible, un ambiente tranquilo y estructurado, para que resulte más predecible al niño.
  • Establecer los tiempos de juego. Muchos niños con autismo presentan una gran dificultad para pasar de una tarea a otra, una vez que la inician la continúan de manera compulsiva hasta terminarla. Ante cualquier cambio o modificación de la rutina, aparece la incertidumbre y la ansiedad.
  • Comenzar con actividades de tiempo acotado, donde esté claro el principio y fin de cada actividad. Para pasar de una actividad a otra se puede recurrir al uso del timer o temporizador y/o imágenes que indiquen la secuencia a seguir.
  • Darle la posibilidad de que se comunique y/o inicie el juego al niño, pero en caso de que no lo haga, se puede iniciar con alguna actividad de su interés.
  • Es muy importante mantener el contacto visual, de frente al niño, facilitando la comunicación con el mismo.
  • Utilizar un lenguaje claro y sencillo para facilitar la comprensión.
  • Generar un ambiente lúdico positivo y de encuentro entre padres e hijo/s.
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