El ICTUS o ACV

... una de las grandes epidemias del mundo occidental - Dr. Alan Flores - Neurólogo »

El ictus o accidente cerebrovascular (ACV) es un síndrome clínico de origen vascular que se caracteriza por el desarrollo rápido de signos de afectación neurológica focal. (Sacco et al., 2013)

La enfermedad cerebrovascular supone la tercera causa de mortalidad en el hombre y la primera en la mujer, también la primera causa médica de discapacidad permanente en la edad adulta en el mundo occidental. Las estimaciones prevén un incremento de la incidencia y prevalencia dado el creciente envejecimiento poblacional. Todo esto genera un importante impacto en la salud pública. (OMS Eur J Neurol 2006). En Paraguay, se encuentra entre las primeras 5 causas de mortalidad. (MSPBS Indicadores de Salud, 2013)

Usualmente, el 80-85% de los ictus son de naturaleza isquémica (generalmente por la oclusión de un pequeño o gran vaso cerebral) y el 15-20% restante son hemorrágicos. Datos del hospital de clínicas han mostrado que 70% son isquémicos. En ambos casos (sobre todo en el isquémico) la rápida y adecuada atención especializada puede cambiar el pronóstico en las personas que sufren un ictus.

En el ictus isquémico (ACV isquémico) en concreto, la rápida identificación de síntomas y signos como: aparición brusca de debilidad de los miembros de un lado del cuerpo (hemiparesia), torcedura de la boca (desviación de la comisura labial), pérdida del campo visual (hemianopsia) y/o problemas del lenguaje o para hablar (disartria o afasia), deben ser asumidos como signos de alarma que deben ser evaluados adecuadamente con la mayor celeridad en centros especializados (unidades de ictus o stroke units) capaz de ofrecer cuidados especiales y tratamientos de reperfusión (fibrinólisis endovenosa o tratamiento endovascular) que aumentan las probabilidades de una buena evolución clínica. (VA Stroke Study. Neurology 2003)

El manejo prehospitalario del ictus es sin duda tan o más importante que el conjunto de medidas terapéuticas que se puedan adoptar en el hospital. En efecto, partiendo de la máxima “tiempo es cerebro”, ante cualquier sospecha de ictus se debe trasladar al paciente a un centro hospitalario.

¿Hay un liderazgo ideal?

Un retraso en la llegada al hospital puede impedir la administración de tratamientos muy efectivos con la consiguiente repercusión sobre el pronóstico final. Si la sospecha es alta y la distancia es razonable deberá priorizarse siempre el traslado a un centro capaz de ofrecer una atención especializada al ictus, es decir, que cuente con un neurólogo de guardia y una Unidad de Ictus reconocida.

Además de procurar un traslado rápido del paciente, el preaviso al centro receptor del paciente también ha demostrado ser una medida eficaz; tras identificar a un paciente con un déficit neurológico focal de instauración aguda o con disminución brusca del nivel de conciencia deberá avisarse telefónicamente al centro hospitalario receptor. Esto permitirá activar y preparar al equipo de médicos y enfermeros. Habitualmente se denomina esta medida como “Código Ictus” (CI).

Una medida tan simple como activar el Código Ictus ha demostrado tener un impacto positivo, al reducir los tiempos de latencia y mejorar la evolución clínica de los pacientes (Alvarez Sabin, Molina et al. 1999). En este sentido, desde noviembre del 2016 se encuentra en marcha el código ictus extrahospitalario que permite la rápida actuación para llegar a tiempo a centros donde puedan recibir un tratamiento adecuado.

Posteriormente, es necesario determinar e identificar las causas del ictus, controlar los factores de riesgo vascular e iniciar el tratamiento preventivo idóneo para evitar una recurrencia (profilaxis secundaria). En aquellos casos con secuelas, la rehabilitación motora y del lenguaje ayuda a mejorar la calidad de vida de estas personas.

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