El desafío de ...

... la tolerancia - Lic. Sergio Carron – Psicólogo, Senior Coach Ontológico »

Tolerar o no tolerar, he ahí la cuestión.

La palabra proviene del latín tolerancia, que significa “cualidad de quien puede aceptar”. ¿Y qué se debe aceptar?. Evidentemente aquello que es distinto, diferente, contrario, a nosotros.

Tolerancia se refiere a la acción y efecto de tolerar. Como tal, la tolerancia se basa en el respeto hacia lo otro o lo que es diferente de lo propio. En un mundo tan conectado, la tolerancia se erige como un valor fundamental porque constantemente estamos vinculados a gente distinta, que opina diferente, que piensa de otra manera. En las redes sociales, al comentar algo, al compartir una información, las opiniones de los demás serán diversas, muchas de ellas contrarias a lo que deseábamos expresar.

Este principio radica en el hecho de que todos somos distintos, no existe ningún ser humano igual al otro, desde allí, debemos tomar conciencia de que nuestras relaciones estarán ligadas a conocer al otro, reconocerlo como alguien distinto, comprenderlo y aceptarlo.

En este momento muchos dirán que, aunque uno haga eso, los demás no lo hacen, no aceptan, no comprenden, no toleran…

Y entonces surge la pregunta fundamental: ¿podemos controlar lo que los otros hacen?

Y la respuesta es no, lo único que podemos controlar es lo que nosotros hacemos.

A veces no toleramos a los otros por su color de piel, su raza, su credo, su cultura, pero en otras ocasiones no toleramos actitudes: la impuntualidad, los errores, la alegría de los demás o su tristeza, los éxitos de otros, etc.

Pero en todos los casos, la tolerancia o intolerancia no está afuera de nosotros, no es causada por el otro (que tiene todo el derecho de ser distinto y, en verdad, es por esencia, distinto a nosotros) la tolerancia o intolerancia está en nuestro interior, en la manera en que percibimos y administramos la diversidad en los demás.

Por lo tanto, el desafío de la tolerancia está planteado en cada uno de nosotros, en la decisión libre que tomamos al relacionarnos con los demás. Establecer normas y acuerdos sociales para ello está muy bien, pero vivirlo internamente es la clave.

¿Se anima?.

PD: no puedo hablar de la tolerancia, sin mencionar la pasividad y la indiferencia, que son cosas distintas.

El desafio de la tolerancia

La tolerancia pasa, reitero, por conocer, reconocer, comprender y aceptar, y este último verbo (aceptar) es una decisión. Yo elijo aceptar al otro, así como es.

La pasividad, en cambio, es la decisión de, al no ser igual, elegir no hacer nada, incluso es renunciar a mis derechos, a relacionarme sin plantear mis necesidades para, por lo menos, llegar a un punto medio. Puede ser un temor a ser “inflexible”, pero llegando al extremo de “no ser”… La pasividad en las relaciones lleva a pueblos de Europa a preguntarse en qué momento las comunidades extranjeras, se convirtieron en “dueñas” de su país…En esos casos, no fue tolerancia, fue pasividad…

Y la indiferencia, tampoco es tolerancia, porque en ella elijo no vincularme, no relacionarme. En ella no hay una aceptación, no hay una comprensión, ni siquiera hay un conocimiento o reconocimiento… en todo caso hay una evitación, incluso podríamos hablar de una marginación del otro. En ocasiones se encubre de tolerancia, pero desde el “dejarlo ser, pero lejos”… Y en algunos casos, la indiferencia es una soberbia disfrazada de “libertad”, cada uno es libre de vivir como quiera, lo tolero...O ¿en verdad no me importa?. Para pensar...

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