El Alzheimer

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Dr. Gustavo Báez Valiente

La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa, que se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos conductuales. Se caracteriza en su forma típica pro una pérdida progresiva de la memoria y de otras capacidades mentales, a medida que las células nerviosas (neuronas) mueren y diferentes zonas del cerebro se atrofian.

La enfermedad suele tener una duración media aproximada de 10 años después del diagnóstico. El alzheimer es la forma más común de demencia, que aparece con mayor frecuencia en personas mayores de 65 años de edad.

Por lo general, los síntomas iniciales son la inhabilidad de adquirir nuevas memorias y suelen ser confundidos con actitudes relacionadas con la vejez o el estrés. A medida que progresa la enfermedad, aparecen confusión mental, irritabilidad y agresión, cambios de humor, trastornos del lenguaje, pérdida de la memoria a largo plazo y una predisposición a aislarse a medida que los sentidos del paciente declinan. El pronóstico para cada individuo es difícil de determinar, ya que hay varias diferencias de incidencia, dependiendo del sexo, por ejemplo, ya que que existe un riesgo mayor de padecer la enfermedad en las mujeres, principalmente entre la población mayor de 85 años.

Viejos

La gran mayoría de los pacientes de esta enfermedad es porque la contrajeron o es porque han tenido algún familiar con alzheimer. La presencia del gen de la apolipoproteína E es el factor de riesgo genético más importante para padecer Alzheimer.

El diagnóstico se basa primero en la historia y la observación clínica. No existe un test para diagnosticar finalmente el alzheimer. Las pruebas de tomografía axial computarizada (TAC), resonancia magnética (RMN), tomografía por emisión de positrones (TEP) o la tomografía computarizada por emisión de fotón único pueden mostrar diferentes signos de que existe una demencia, pero no especifica de cuál se trata.] Por lo tanto, el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer se basa tanto en la presencia de ciertas características neurológicas como neuropsicologías.

En la actualidad no existe cura para la enfermedad de Alzheimer, pero sí existen tratamientos que intentan reducir el grado de progresión de la enfermedad y sus síntomas, de modo que son de naturaleza paliativa. El tratamiento disponible se puede dividir en farmacológico, psicosocial y cuidados.

Los tratamientos farmacológicos disponibles son inhibidores de la acetilcolinesterasa. En la intervención psicosocial, el entrenamiento cognitivo intenta mejorar las capacidades debilitadas al ejercitar las habilidades mentales del paciente. Ambos ejercicios han mostrado cierta efectividad en el mejoramiento de las capacidades cognitivas.

Los tratamientos orientados a la estimulación incluyen la arteterapia, la musicoterapia y las terapias asistidas por mascotas, el ejercicio físico y cualquier actividad recreacional. Esta estimulación tiene apoyo modesto al ser aplicado con la intención de mejorar la conducta, el humor y, en menor grado, el funcionamiento del paciente. Así, el principal beneficio reportado entre las terapias de estimulación es el mejoramiento en las rutinas de la vida diaria del paciente.

Viejas

Debido a que el Alzheimer no tiene cura, con el tiempo el paciente cae en un estaod de imposibilidad de autosuficiencia para cuidar de sí mismo, por lo que los cuidados por terceros son una medida vital para esa deficiencia y deben ser abordados cuidadosamente durante el curso de la enfermedad. A medida que esta progresa, pueden aparecer distintas manifestaciones médicas, como las enfermedades orales y dentales, úlceras de presión, desnutrición, problemas de higiene o infecciones respiratorias, urinarias, de la piel o los ojos, entre otras. El manejo cuidadoso del paciente puede prevenir dichos problemas, pero de llegar a aparecer, deben ser tratados bajo supervisión médica. Durante las etapas finales de la enfermedad, el tratamiento se centra en mantener la calidad de vida hasta el fallecimiento.

Hoy día, varios estudios epidemiológicos se han propuesto diversas relaciones entre ciertos factores modificables, tales como la dieta, los riesgos cardiovasculares, los productos farmaceúticos o las actividades intelectuales, entre otros, como principales formas de prevención del mal de Alzheimer.

Los componentes de una dieta mediterránea, que incluyen frutas y vegetales, pan, cebada, y otros cereales, además de aceite de oliva, pescados y vino tinto, incluso el blanco, pueden, de manera individual o colectiva, reducir el riesgo y el cursop de la enfermedad.

A pesar de que los riesgos cardiovasculares, como la hipercolesterolemia, la hipertensión arterial, la diabetes y el tabaquismo, están asociados a un mayor riesgo de desarrollo y progresión de la enfermedad. Sin embargo, diferentes actividades intelectuales, como el jugar ajedrez, la lectura, completar crucigramas o las interacciones sociales frecuentes, parecen retardar la aparición y reducir la severidad del alzheimer. La capacidad de hablar varios idiomas también está vinculado a la aparición tardía de la enfermedad.

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