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Lic. María José Rodríguez – Psicóloga

La inteligencia emocional consiste en la habilidad para manejar los sentimientos y emociones, utilizar estos conocimientos para dirigir los propios pensamientos y acciones. Esta habilidad puede ser aprendida a lo largo de toda nuestra vida, pero sin duda es en la infancia el momento en que mejor se adquieren los aprendizajes; el manejo de las emociones es un aspecto fundamental para educar personas emocionalmente más inteligentes, seguros y que logren establecer relaciones estables y saludables con uno mismo y con los demás.

Las emociones se encuentran en cada aspecto de nuestras vidas

El hecho de saber gestionarlas y utilizarlas a nuestro favor a través del fomento de la inteligencia emocional nos permite afrontar nuestro día a día de una manera más eficiente.

Para los adultos resulta verdaderamente difícil gestionar las emociones en determinados momentos, para los niños es aún más complicado al carecer de experiencias previas similares y estrategias de abordaje.

Muchos estudios avalan que la inteligencia emocional aporta cerca del 80% para el éxito en la vida y (el éxito entendiéndola desde diferentes perspectivas) contra el 20% que aporta la inteligencia racional; por todo esto es importante comprender que no es la escuela el responsable de educar a nuestros niños en esta habilidad sino que es en el interior de la familia donde los niños deben de ser educados con inteligencia emocional, siendo los padres los principales responsables en brindar las herramientas que prácticamente son las habilidades para la vida.

Actualmente, nos encontramos con niños cuyo control emocional es prácticamente inexistente, ante cualquier negativa de sus padres se muestran irritables e irascibles, carecen de tolerancia a la frustración y son incapaces de establecer adecuadas relaciones con sus pares demostrando poca capacidad de empatía, porque en general, están acostumbrados a que se les permita y consienta casi en todo.

Aprender a identificar, comprender y gestionar las emociones son elementos básicos, y muy importantes para que los hijos aprendan a afrontar determinadas situaciones y logren desenvolverse adecuadamente en sociedad.

Pero, ¿cómo aplico todo esto en mis hijos?

Lo primero y no menos importante es que nosotros los adultos, padres de familia, seamos ejemplo para nuestros hijos en el manejo de las emociones y el control de nuestras acciones que son desencadenadas por alguna emoción.

Educando con inteligencia emocional

Los niños aprenden observando e imitando, los padres son el espejo en el que ellos se miran; entonces lo primero que debemos preguntarnos es: ¿Cómo estoy gestionando mis emociones? ¿Cómo me comunico y me rela ciono con los demás? ¿Qué hago cuando se me acaba la paciencia? ¿Cómo reacciono ante una frustración?

Nuestros actos tienen más peso en la educación de nuestros hijos que las palabras o consejos que les ofrezcamos.

Otra forma de educar en esta habilidad, es ayudando a que reconozcan sus emociones y saber nombrarlas, por ejemplo: triste, enojado, alegre; no solo expresar “me siento bien o mal”, y reconocer esto también en los demás a través del desarrollo de la empatía, que es el saber ponerse en el lugar del otro, lo cual favorece las relaciones.

Generar una autoestima saludable también forma parte importante en el desarrollo de esta habilidad, a través de esto educamos a niños más seguros, felices y capaces de hacer frente a las situaciones adversas de la vida.

Por medio de este artículo les invito a ahondar un poco más en este tipo de inteligencia, para que lo vayan aplicando en ustedes y también en sus hijos.

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