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Lic. Laura Romero Lévera - Psicologa

¿Cuándo pasamos de ser cuidados a ser los cuidadores de nuestros padres? En muchas ocasiones, observamos que de a poco empiezan a requerir de mayor ayuda y asistencia, pero otras veces, ocurre de un día para otro, ya sea por un accidente o una enfermedad.

Los hijos, inevitablemente, deben tomar las decisiones relacionadas a los temas legales, económicos, médicos, de cuestiones diarias y relativas al término de la vida, que no siempre son fáciles de resolver o asumir.

Uno anhela que la presencia de los padres sea eterna, pero sabemos que no es así. En algún momento ya no estarán con nosotros pero preferimos no pensarlo demasiado. La muerte genera tristeza, rechazo, miedo y enojo. Se evita hablar de este tema en familia, por lo cual la vejez muchas veces no se proyecta ni planifica, se espera que pase y llegue “ese momento”. En cambio, si nos preparamos, seguramente podremos transitar mejor esta etapa de la vida, a pesar del dolor, las dificultades y las condiciones que se puedan presentar.

Quizás sea la oportunidad para reencontrarse con los padres, desde otro lugar. No se trata sólo de una inversión de roles donde los hijos cuidan a sus padres, sino en considerarlos como personas con sus propias necesidades, derechos e historias personales. Son momentos de cambio, reflexión y transformación.

El tipo de apoyo que requerirán es variable. Puede ser del orden: económico, práctico o instrumental (hacer las compras, arreglos de la casa, trámites, etc), emocional, asistencia personal (higiene, vestimenta, alimentación, etc), de información o consejo. Esto dependerá básicamente del estado de salud funcional, el grado de autonomía que dispongan para realizar las diversas actividades de la vida diaria, la salud mental (estado cognitivo y de ánimo), funcionalidad psicosocial, estado de salud física, recursos sociales y ambientales, situación económica, y también de sus necesidades espirituales y afectivas.

¿Cómo afrontar esta difícil tarea?

A muchos adultos mayores les cuesta aceptar la ayuda y se resisten a perder su autonomía. En otras ocasiones, es necesario poner límites claros a los padres, porque invaden en la vida familiar, generando más conflictos.

Por otra parte, hay hijos que niegan la situación, estableciendo una barrera afectiva, y en el otro extremo, están los hijos sobreprotectores que le sacan toda posibilidad de autonomía, lo cual repercurte en la autoestima de manera negativa.

Es difícil encontrar el equilibrio, pero intentarlo permitirá acompañarlos en esta etapa desde el amor y el respeto.

Cuidar de nuestros padres: cuando los roles se invierten

- Primeramente, hay que ser realistas sobre el estado de salud de los padres y de las propias posibilidades. Esto permitirá organizarse y tomar decisiones más acordes en cuanto al cuidado requerido y evitará muchas frustaciones.

- Escucharlos es fundamental. Tener en cuenta sus deseos y opiniones.

- Buscar apoyo y contención, saber pedir ayuda, ya sea de un familiar o profesional de acuerdo a la necesidad. Es importante poder expresar y compartir con otros las angustias y los temores. Es imprescindible tener un tiempo para uno mismo, de descanso y cuidado.

- Promover la armonía familiar, desde el diálogo y el consenso entre todos los miembros de la familia involucrados. La brecha generacional, así como la diferencia de valores e intereses, puede generar conflictos en el seno familiar.

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