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Lic. María Laura Romero Lévera - Psicóloga y Estimuladora Temprana

La confianza en uno mismo se va desarrollando mediante los primeros vínculos que establecemos durante la infancia con nuestros padres o cuidadores. A partir de la seguridad en esos vínculos, vamos cultivando la confianza en nosotros mismos, en los demás y en el mundo que nos rodea. Esta seguridad le permite al niño establecer vínculos con otras personas, hacer frente a las dificultades que se le presenten, así como también ir forjando su autonomía.

Para esto, es esencial que los padres confíen en sí mismos como padres, a pesar de los errores, las dudas y los miedos que puedan presentarse. La confianza implica esa sensación de esperanza y una mirada positiva que permite avanzar, buscar soluciones y pedir ayuda si es necesario. Nos convoca a vivir, crear lazos, a levantarnos y volver a intentar, porque creemos que algo mejor nos espera y que podemos entregar aún más.

Hay que evitar trasladar a los hijos los propios miedos e inseguridades, de los cuales a veces los propios adultos no son conscientes. La confianza no solo se expresa a través de palabras, sino tambien con miradas, actitudes, gestos, tono de voz y posturas. El cuerpo habla y los chicos lo perciben desde muy pequeños.

Los padres temerosos y/o sobreprotectores evitan o tratan de resguardar a sus hijos de todas aquellas situaciones de conflicto, desafíos y problemas que surgen, generando un menoscabo de su autoestima y limitando las posibilidades de crecimiento, autonomía y aprendizaje. Más bien, se debe actuar como un faro que guía e ilumina el camino y un punto de apoyo donde puedan sentirse seguros para compartir sus temores, dudas, expresar sus pensamientos y sentimientos, sin miedo a ser juzgado o menospreciado.

Algunos tips para fomentar la confianza en los hijos:

- Demostrar y expresar el amor incondicional y la confianza.

Criar hijos seguros

- Evitar compararlos con otros, así como también etiquetarlos. Cada uno es único e irrepetible.

- Criticar el comportamiento, en vez de juzgarlo como persona.

- Permitir que puedan tomar sus propias decisiones y ser responsables de sus acciones. Aconsejarlos si lo permiten y estar disponibles para ofrecer un abrazo o unas palabras de aliento si lo precisan.

- Enseñar que los errores y fracasos son parte del proceso de aprendizaje. Reconocerlos es el primer paso para resolverlos.

- Estimular sus intereses y brindarles palabras de aliento cuando lo consideren necesario.

- Crea un clima familiar de confianza, evitando burlas, ironías y descalificaciones entre los miembros de la familia.

- Y lo fundamental, ser modelos para nuestros hijos. Enseñar con el ejemplo.

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