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Lic. Patricia Zubizarreta – Psicóloga Clínica

Antes que nada, quiero aclarar que no creo que exista una verdad absoluta y universal con respecto a la crianza; los tiempos van cambiando, las culturas, la información, las necesidades, la manera de ver el mundo, todo cambia todo el tiempo. Por lo tanto, creo que la crianza también cambia, y finalmente lo más importante, desde mi sistema de creencias, es importante que la madre pueda vivir su maternidad desde la conciencia y el amor, conectada a las necesidades de sus hijos y confiando en su instinto, en su poder de madre. Creo firmemente que si una madre confía en sí misma, le puede transmitir a los hijos esa confianza tan necesaria para su crecimiento emocional en la vida.

Creo que hay tantos estilos de crianza como madres y padres hay en el mundo, y no hay una sola forma de criar “bien” a los hijos. Pero sí creo que hay ciertos criterios que pueden servir de guía a la hora de criar a nuestros hijos.

EL NACIMIENTO Y EL PRIMER AÑO

Cuando el bebé nace, pasa de un estado de total contención (el vientre materno, donde no siente frío, hambre, calor, sed, ni dolores, vive en un contexto húmedo, no tiene que sostener su cuerpo, recibe el sonido amortiguado) a recibir un bombardeo de sensaciones desconocidas para él, recibe a través de sus 5 sentidos todo tipo de cosas extrañas. Lo único que necesita en este momento es: “una atmósfera de seguridad, confianza y amor”.

La crianza desde el amor y el respeto

Los primeros meses de vida son claves para formar la base, el cimiento emocional para el despliegue de la vida del niño. Lo más importante en el primer año de vida, es que pueda sentirse seguro, amado, respetado, tenido en cuenta, y con total confianza en sí mismo y en los demás. Los primeros años constituyen el momento clave, el cimiento de la constitución emocional, corporal, afectiva y espiritual.

Según como hemos sido amados, protegidos, resguardados, amparados y tocados, es como desplegaremos nuestra vida futura ”. Laura Gutman.

Partiendo de esta premisa, todas las dudas que puedan tener las madres sobre si lo están haciendo bien o mal, como: ¿Lo estoy haciendo con amor? ¿Lo estoy haciendo con confianza? ¿Estoy respetando las necesidades de mi bebé? ¿Le estoy prestando atención con cariño y amor? ¿Le estoy transmitiendo seguridad? ¿Acudo a su llamado amorosamente?… si las respuestas son SÍ, no importa cómo o qué estamos haciendo, con total seguridad es lo mejor para el bebé, y seguro lo están haciendo bien.

La pregunta que siempre hacen las madres o los padres: ¿Cargar a un niño, lo vuelve más seguro?

Como decíamos anteriormente, el bebé necesita seguridad y confianza, por lo tanto, estar en contacto con el cuerpo de su madre lo ayuda a sentirse seguro, ya que ese contacto le brinda el mismo bienestar natural que sentía en el vientre amoroso de su madre. Cuando un bebé no es sostenido la mayor parte del tiempo por algún adulto amoroso, puede llegar a sentirse vacío, traicionado y con miedo. Al no ser atendido y contenido repetidas veces o la mayor parte del tiempo, puede experimentar soledad, temor, silencio y termina resignándose a no esperar de su madre o los adultos la satisfacción de sus necesidades básicas (recibir amor, contención, sostén, caricias, miradas amorosas).

El niño que aún no tiene independencia de movimiento, necesita mucho contacto, amor y sostén para poder desarrollar esa seguridad y confianza que necesita para lanzarse al mundo de las relaciones personales. Entonces, un niño que recibió esa confianza, ese arraigo emocional y esa contención amorosa, se sentirá seguro para enfrentar las nuevas experiencias y desafíos para la realización personal posterior.

Los niños necesitan una sola cosa: estar muy cerca del cuerpo de las madres. Todo lo demás es aleatorio. Incluso en medio de acontecimientos difíciles , el cuerpo de la madre sustituye la peor calamidad ” . Laura Gutman

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