Comunicación: acción ...

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Lic. Sergio Carron – Psicólogo – Senior Coach Ontológico

Dice una frase: “Entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo decir, lo que digo, lo que quieres oír, lo que oyes, lo que crees entender, lo que quieres entender, lo que entiendes… existen nueve posibilidades de no entenderse”.

La palabra “comunicación” está compuesta por otras dos: “común” – “acción”. Por lo cual, podríamos decir que comunicación es “acción en común”. Seguramente, al leer esto algunos me dirán que no es “sólo eso”, y es cierto, la comunicación también es transmisión de información, al dar una noticia, al decir algo, etc. Y es allí, donde desde el Coaching Ontológico, hacemos una distinción.

Al decir cosas que son “datos” o “hechos”, no hay mucho que discutir o conversar. Por ejemplo: yo puedo decir que hoy está lloviendo, o que subió el dólar, o que hoy llegué tarde, etc. Como se puede ver, todo lo dicho anteriormente es información, allí no hay “acción en común”, salvo la acción de hablar, de comunicar.

Pero, a partir de estas comunicaciones se dan otras, como ser: está lloviendo, será un mal día; subió el dólar... qué bueno para mis ahorros en esa moneda; hoy llegué tarde porque soy un irresponsable. Estos comentarios dejan de hablar de hechos y comienzan a hablar de nuestra interpretación de los mismos, y en ese espacio son muy discutibles, opinables, diferentes a los demás, etc.

Ahora, también hay otro tipo de comunicación, que podemos llamar “conversación”, donde además de nombrar hechos y darles nuestra interpretación, queremos coordinar acciones con otros. Un comunicado en una oficina, que “avise” que trabajaremos más tarde hoy y que debido a eso saldremos 2 horas más tarde, es una “información”, pero ¿qué tipo de “relación” genera? Si ese es el tipo de comunicación que tienen los líderes con sus colaboradores, ¿qué tipo de ambiente se está construyendo en esa oficina?

Otro ejemplo sería: un asado entre los muchachos o un té entre amigas, implica una serie de conversaciones para llegar a concretar dicha actividad. Dónde será, cuándo, quiénes irán, deben llevar algo o no, se divide la cuenta o cada uno paga lo suyo. Pero además, aparecen otras conversaciones: quién dijo que iría, pero seguramente no lo hará; quiénes responden de una manera ambigua (se pide confirmación y hay gente que pone un mensaje con emoticón de una mano con el pulgar levantado, el famoso “like”, que no significa sí, pero tampoco no); quién condiciona (voy pero si no va tal persona, voy pero si lo hacemos en tal lugar), etc.

Este ejemplo es de una reunión de amigos (el asado o el té), así que muchos dirán que no es tan importante, pero si pasamos esto a un nivel organizacional, pasan exactamente las mismas cosas, hay un nivel de coordinación de las acciones para hacer algo y un nivel de coordinación de las acciones en base a las relaciones que tenemos.

Comunicación: acción en común Veamos qué pasa:

Lo primero que pasa es que no siempre decimos todo lo que pensamos o sentimos. Creemos que hacerlo podría tener una consecuencia negativa en las relaciones, así que callamos, pero la mayoría de las veces, lo que callamos tiene que ver con algo que no nos gusta, con lo cual eso sigue pasando y nos sentimos incómodos…

Luego puede ocurrir que decimos lo que pensamos y sentimos, pero lo hacemos explotando, porque nos contuvimos tanto, que cuando hablamos es como un esclusa de una presa cuando se abre y suelta el agua con mucha fuerza y violencia, que se lleva todo por delante. En otras ocasiones lo decimos, pero contrario a lo anterior, lo hacemos de una manera tan ambigua, que finalmente no queda claro lo que queremos decir (ni siquiera para nosotros). También puede ocurrir que decimos de una manera amable pero sin claridad, por lo cual, aunque creímos habernos comunicado bien, la otra persona entendió otra cosa.

Qué podemos hacer:
  • Primero: desafiar a ese pensamiento que decir algo que pienso, siento, y sobre todo, algo que no me gusta, es malo, negativo, etc.
  • Segundo: aprender a decir, cuidando la relación con los demás (no agredir, ni explotar), pero también con nosotros (dejar en claro que es mi necesidad, que es mi molestia o inquietud).
  • Tercero: podemos decir muchas cosas, pero el otro no siempre entenderá claramente, lo cual no significa falta de voluntad (al igual que la frase con la que inicia este artículo). Debemos asumir la responsabilidad al “hablar” de que nos estamos haciendo entender como necesitamos, que lo que dijimos, lo que pedimos, ha quedado claro para las otras personas.
  • Cuarto: aprender a escuchar, la comunicación es un ciclo constante donde hablamos y a la vez escuchamos, todo el tiempo. Aprender a escuchar activamente, asegurarnos de entender al otro, como el otro está necesitando…

Así que a partir de ahora, ¿qué responsabilidad querría asumir al hablar y al escuchar?, ¿qué cambios va a realizar en sus conversaciones para coordinar mejores acciones y lograr mejores resultados?

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