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Dr. Jorge Vacante

Relación entre la dieta hipocalórica y la longevidad

Desde hace varios años se investiga la relación entre una dieta hipocalórica y la longevidad de los seres vivos. Entre tantas dietas que circulan, la baja en calorías, es la única que con certeza mejora la salud y alarga la vida. Innumerables estudios de laboratorio con animales, tanto en la edad máxima como en su promedio de años de vida, demostraron que la longevidad aumenta cuando se les somete a dietas de calorías restringidas.

En los humanos, algunos datos sugieren la validez de estos argumentos en animales. En Okinawa, donde muchos habitantes consumen bajas calorías, el número de centenarios de la isla, multiplica por 40 la de cualquier otra región de Japón.

La sirtuina

Las dietas de calorías restringidas reducen los daños oxidativos a las células y los órganos que, en condiciones normales, aumenta con la edad. Desde el año 2000 se conoce que en el interior de las células existe una sustancia llamada sirtuina, que cuanto más activa se encuentre más se prolonga la vida celular. Una dieta de bajas calorías es un importante factor para que la sirtuina no esté inactiva en el interior de la célula, sino que por el contrario, se despierte y funcione más; por lo cual la célula vive mucho más tiempo. Investigadores de la Universidad de Harvard identificaron algunos polifenoles presentes en el vino, las frutas, las verduras y el aceite de oliva (quercetina, resveratrol y similares), como notables activadores de la sirtuina.

Cómo alimentarse para permanecer jóvenes y saludables

Factores que aumentan los radicales libres

Las dietas hipercalóricas, ejercicio físico intenso, déficit de antioxidantes, tabaquismo, consumo de drogas, metales pesados, etc., son responsables del aumento exógeno de radicales libres en el organismo, responsables del envejecimiento y de la mayor parte de los procesos degenerativos (Según la teoría de Hartmann – 1956).



Antioxidantes endógenos y exógenos

El organismo posee enzimas con actividad antioxidante endógena:

  • Superóxido dismutasa (SOD).
  • Glutatión peroxidasa.
  • Catalasa.
  • Coenzima Q10.

Los antioxidantes exógenos: provienen de la alimentación

  • Alimentación equilibrada.
  • Eliminar las comidas "basura", recalentadas o quemadas, precocinadas.
  • Evitar el consumo de tabaco y drogas.
  • Reducir el consumo de carnes y sus derivados.
  • Limitar la ingesta de grasas saturadas.
  • Evitar los alimentos fritos o ahumados.
  • Utilizar aceite de oliva (que nunca debe quemarse).
  • Consumir alimentos ricos en ácidos grasos esenciales.
  • Evitar los alimentos con aditivos.
  • Tomar abundante jugos de frutas y de verduras frescas.
  • Ingerir a diario verduras de la familia de las crucíferas: brócoli, coliflor, coles de Bruselas.
  • Realizar ejercicio adecuado y moderado.
  • Evitar en lo posible el estrés.

El estrés crónico

En las personas con estrés crónico (y también con depresiones prolongadas o mal tratadas) se activa una suerte de interruptor genético, llamado GATA 1, que está normalmente "apagado". Al encender, se bloquea la formación de las conexiones entre las neuronas, necesarias para su normal funcionamiento y durabilidad. Esto genera la disminución de la masa cerebral; además, induce síntomas emocionales, trastornos de memoria y concentración por comprometer especialmente la región prefrontal del cerebro y el hipocampo (centro de la memoria).

Alimentos adecuados

La dieta debe ser balanceada, con mayor aporte de verduras, frutas, frutos secos, cereales integrales, carnes blancas y de pescado; alimentos imprescindibles para la formación de neuronas nuevas y sanas.

Una dieta restringida en calorías, activa mecanismos que permiten que las neuronas vivan más tiempo.

"Fácil y útil de recordar es que los alimentos que son dañinos para el corazón, lo son también para el cerebro".

"Nuestro cuerpo se desgasta y se renueva continuamente".

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