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Lic María José Rodríguez – Psicóloga Clínica

Se considera que la familia es la primera influencia que moldea los valores y patrones de conducta del niño, y la forma de vivir en el medio familiar ejerce profunda influencia en el mismo.

Son múltiples los factores que contribuyen a que la familia se desintegre, por ejemplo, algunas son: la migración, la muerte, el abandono o el divorcio entre los padres. Varias investigaciones avalan que la principal causa es la separación entre los padres.

Nuestro país ha experimentado un número significativo de cambios en la vida familiar en los últimos tiempos, debido a la alta tasa de divorcios y separaciones entre los padres, y con frecuencia, se observan cada vez más madres solteras que se convierten en jefas en el hogar.

Los padres son los pilares de una familia y la ruptura entre ambos puede impactar de manera significativa en los, hijos generando consecuencias emocionales, conductuales, académicas, entre otros más.

En ciertas ocasiones, los padres en medio de muchos sentimientos que los invaden en el momento, pueden cometer ciertos errores comunes, como:

  • Discutir frente al niño.
  • Involucrar a los hijos en los problemas de la pareja.
  • Colocar al niño en medio para que elija entre uno de sus padres.
  • Expresar comentarios negativos hacia la figura del padre o la madre ausente.
  • Introducir a parejas y pretender que cubra el rol del padre ausente sin crear un vinculo previo con el menor.
Cómo afecta la desintegración familiar a los niños

Todo esto sin duda genera en el niño consecuencias negativas, y el impacto de ellas se manifiesta de forma diferente en cada niño, dependiendo de su edad y madurez, de su personalidad, de la situación en sí de la separación y de cómo los padres manejen esta problemática. Por ello, es esencial que los padres hagan todo lo posible por manejar la situación de forma responsable y adecuada, teniendo en cuenta que cualquier decisión puede llegar a ocasionar consecuencias negativas en sus hijos.

La desintegración familiar tiende a afectar de mayor manera en su estado emocional y, por ende, en su rendimiento escolar, generando, sentimientos de tristeza, sensación de culpa (al carecer de capacidad de comprender las causas de la separación), sensación de rechazo, inseguridad, miedo, incertidumbre, baja autoestima, dificultad en la atención y concentración, problemas de aprendizaje; y, algunos niños, con el correr del tiempo aún tienen la esperanza de que sus padres se puedan reconciliar. También muchos niños tienden a cambiar su conducta, generalmente, se muestran más rebeldes y/o agresivos. Los más pequeños suelen manifestar síntomas físicos, como dolor de panza, de cabeza, etc.

En general, las situaciones de separación no suelen darse de la mejor manera, pero a pesar de ello, es importante poner el bienestar del niño por encima del propio.

Intente asumir la separación con la mayor madurez posible y de la forma más pacífica que pueda, ya que la estabilidad emocional de los hijos dependerá, en gran medida, de cómo lo asuman los padres.

Explíque al niño que ambos seguirán estando ahí para él, aunque la relación haya sufrido una ruptura. Y recuérdele que los padres se separan, pero los hijos no.

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