¿Qué es el comer ...

... emocional? - Mg. María Teresa Galeano – Psicóloga clínica - Master en Terapia Familiar »

Comer emocionalmente es usar la comida como una forma de afrontar las emociones y no para satisfacer el hambre. Si una persona lo hace muy a menudo, o cuando se vuelve la única forma que encuentra para enfrentar las emociones, puede afectar su peso corporal y su salud. Después de la efímera sensación de gratificación y confort, derivada de la comida, sigue la sensación de culpa y fracaso.

¿CÓMO SE FORMA EL HAMBRE EMOCIONAL?

La forma de comer tiene raíces en la niñez. El bebé obtiene sus primeras sensaciones de la alimentación, la seguridad le llega a través de la leche. Aprende a querer a su madre a través del vínculo con la comida. Al niño lo premian por sus buenas conductas con golosinas o lo castigan sin postre si se porta mal. Los adultos, celebran las alegrías y encuentros con comida. Así, la comida ya no tiene solamente un significado fisiológico, sino emocional. Con este proceso asociativo labrado a lo largo de la vida, para celebrar algo que da felicidad o cuando se presenta la frustración, tristeza, enfado o preocupación, se recurre a la comida en un intento de recuperar las sensaciones positivas a las que se la ha ido asociando.

RELACIÓN ENTRE LOS TRASTORNOS ALIMENTICIOS Y LAS EMOCIONES

En muchas ocasiones, los trastornos de alimentación están relacionados con una falta de espacio personal protegido. La persona ha sido invadida en muchos aspectos: control de lo que hace, chantaje emocional, control de cómo debe sentirse, hasta el punto de creer que lo que piensan los demás es lo correcto y siente que lo hace todo mal y cada cosa que le dicen, le afecta enormemente. No sólo le ocurre con gente de fuera, sino que también con la familia y otros seres queridos. La única escapatoria entonces parece la comida, el vómito como desahogo de este caos interno. Porque el cuerpo, a menudo, se convierte en el único reducto de intimidad que queda, que “sólo uno mismo puede manipular”.

EL MIEDO A LOS ALIMENTOS

Muchas personas, al comenzar una dieta, adquieren una especie de miedo a ciertos alimentos, que suelen ser los que más les gustaban: dulces, fritos, snacks. Creen que si los consumen, no podrán comer sólo un poco, sino que perderán totalmente el control y no serán capaces de parar. Esta evitación total, puede hacer que los idealicen aún más y que sea muy posible que ocurra ese descontrol, si en algún momento tienen que enfrentarse al objeto de su obsesión. No es sano tener miedo a los alimentos. Hay que tener en cuenta que son sólo comida y no permitir que sea más fuerte. La solución más saludable sería aprender a consumirlos en cantidades razonables, manteniendo en todo momento el control de la situación, así, el alimento perderá su cualidad de prohibido y peligroso, por lo que desaparecerá la obsesión.

¿Qué es el comer emocional?

MITOS DEL COMER EMOCIONAL

Hay una serie de mitos o ideas erróneas que pueden llevarnos a comer de más, llevados por nuestras emociones. Son los siguientes:

  • “Me valoraré más cuando baje de peso”: Este planteamiento está equivocado desde el principio. Primero debemos aceptarnos y querernos tal y como somos, tener una autoestima elevada y saludable.
  • “Como por aburrimiento”: La gente aburrida no come, busca algo que hacer. La gente que dice comer por aburrimiento, lo hace porque se siente vacía y se valora poco.
  • “Comer me hace sentir seguro y a gusto”: Aunque comer puede hacer que nos sintamos bien en un primer momento, después aparece la culpa, el remordimiento y la vergüenza.
  • “Dar de comer es una muestra de amor”: Cuidarnos y cuidar a los que queremos para lograr estar saludables, es una mejor manera de demostrar amor.

EQUILIBRIO ENTRE LAS EMOCIONES Y LA COMIDA

Para que la alimentación no sea puramente emocional, debemos entender que la comida brinda placer y es un desestresante pero no soluciona nuestros problemas y sólo calma la ansiedad temporalmente. Podemos recurrir a otras actividades placenteras que no impliquen el consumo de alimentos. Si dejamos que ante cada emoción nuestro cuerpo ingrese comida, se puede desencadenar obesidad a largo plazo. Pero si por el contrario reprimimos nuestros deseos de comer, por ejemplo algo dulce de vez en cuando, también estaremos alterando el equilibrio, pues cuando nos permitamos por fin comer, no lo disfrutaremos y posteriormente sentiremos culpa. Si volvemos habitual este acto que vincula emociones y comida, podemos caer en un círculo perjudicial para el organismo.

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