Bullying, el ...

... nombre del miedo - Aurora Bachem – Psicóloga, Psicoanalista. Tel.: 227-665 »

El acoso escolar existe desde siempre, pero quizás hoy día las estrategias del hostigador se perfeccionaron tras aprender directa o indirectamente de la sociedad de consumo nuevas formas y modelos de violencia, evadiendo culpas y consecuencias, atrofiando el desarrollo de la estructura de valores y de sus emociones morales como; el respeto, la tolerancia, la compasión, entre otras. En los años 70 el psicólogo e investigador noruego Dan Olweus, padre del término, concluyó que el bullying es diferente a la violencia que surge de la convivencia entre pares; como peleas comunes, bromas, discusiones, robos o destrozos, que se sancionan con firmas en el “libro de disciplina” y que forman parte del adaptarse a la vida posterior a la escuela.

El bullying tiene síntomas, consecuencias e intervenciones diferentes y sólo antivalores. También en nuestro país, hoy día es considerado un problema social que se debe dar a conocer para poder abordarlo y eliminarlo. Según los especialistas, bullying se define como “un comportamiento prolongado de insulto verbal, rechazo social, intimidación psicológica y/o agresión física de un/os niño/s hacia otro que se convierte en víctima.” Los protagonistas son; además del agresor y la víctima; los demás compañeros, profesores/maestros/personal de la escuela y padres. Todos de forma directa o indirecta, por acción u omisión, cumplen un rol activo o pasivo en el hostigamiento escolar.

Las posibles causas del bullying

Para que un chico se convierta en hostigador o víctima depende de muchos factores:

  • Aunque surge en todos los niveles socioeconómicos y culturales, aparentemente el hacinamiento es un factor físico detonador.
  • La influencia familiar, a través de una educación muy severa o una sin límites.
  • En lo social; un ambiente hostil o sobreprotector.
  • La carga genética y el ambiente predisponen a un chico a la agresión: deportes violentos (boxeo, full contact, etc.), videojuegos, internet, televisión y modelos a seguir. Muchos de los programas juveniles son tan populares e identificativos siendo la fuente oculta: la discriminación.
  • En el caso de la víctima; el aspecto físico y la inseguridad, el trabajo infantil y maltrato intrafamiliar, exceso de culpa, entre otros. Los factores no son una consecuencia, sino una causa para el bullying.
  • Los chicos son más acosadores que las chicas, acosan tanto a chicos como a chicas, con violencia física y verbal. Las mujeres que acosan lo hacen de forma más sutil e indirecta, son manipuladoras; difunden rumores y provocan aislamiento social en la víctima. Pero en ambos géneros se dan todo tipo de agresiones y la estrategia y la planificación es el factor común, ya que la agresión no surge de forma espontánea, sino premeditada, buscando sólo la reacción de la víctima como diversión, sin vincularse con sus sentimientos.

La composición del bullying

Bullying, el nombre del miedo

El agresor (bulero):es el que idea el hostigamiento y no siempre el que lo ejecuta. Es temperamental, inescrupuloso y sin sentimientos de culpabilidad, con deseos inmediatos no negociables y falta de empatía interpersonal. Es o fue víctima de acoso en algún momento de su vida, dentro o fuera de la escuela. Carente de cariño, ya sea por indiferencia o permisivismo.

La víctima (buleado):en general es un chico débil, introvertido, incapaz de salir por sí solo de la situación que padece. Sobreprotegido y muy dependiente de la familia. Es poco flexible y estructurado en cuanto al relacionamiento con personas que no piensan igual que él. No siempre entiende los chistes o bromas y queda excluido directa o indirectamente del grupo, quedando así vulnerable. A veces, la apariencia física, algún acontecimiento vergonzoso o dificultades al hablar, suelen provocar al hostigador.

Los observadores silenciosos:son los compañeros que no defienden a la víctima por temor a la posibilidad de pasar a ocupar su lugar y esta inacción es otra forma de agredir. Muchos se divierten ante la humillación de un compañero. También pueden sentir que el agresor hace aquello que ellos mismos no se animan. Se produce un contagio social que inhibe la ayuda e incluso fomenta la participación en los actos intimidatorios.

La clandestinidad:es el eje principal de este manejo perverso, ya que ningún adulto se entera de la situación en la que se encuentra la víctima y de si pretende contar su problema; las posibles consecuencias y las amenazas se encargarán de que ni lo intente. Esta epidemia del silencio se propaga si no se detecta a tiempo y puede ser mortal. Un ejemplo conocido es la masacre ocurrida en abril de 1999, en la escuela secundaria Columbine situada en el Condado de Jefferson-Colorado, este hecho es el reflejo de lo que es capaz un chico hostigado, que deviene en agresor en nombre de la venganza, “cerrando” el círculo vicioso.

Para combatir el bullying, lo primero es descubrirlo. Desvelarlo y romper el silencio poniendo en evidencia al agresor, ya que éste al no tener límites, día a día se inyecta de poder ante la impunidad de sus fechorías. El abordaje no consiste en castigos ejemplares ni en satanizarlo, sino ofrecer la contención apropiada porque él es también víctima de su actitud violenta.

Existen métodos para prevenir y detener el amedrentamiento y el cambio recae en todos. Los adultos, deben comenzar por un trato involucrado y cálido con los chicos, tanto en la casa como en la escuela, para que aprendan a valorarse y reforzar su autoestima; definir los límites y las conductas adecuadas o rechazadas; sancionar inmediatamente a la situaciones de agresión y fomentar la práctica de roles positivos de cada alumno mediante la vinculación proactiva entre pares y la ayuda mutua, según sus capacidades y talentos.

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