Alimentación sustentable

10 tips para cuidar nuestra salud y la del planeta - Lic. Gabriela Fretes Centurión - Nutricionista - MSc en Nutrición y Alimentos »

Más allá del acto de comer, la alimentación es un fenómeno cultural y social a través del cual podemos establecer espacios de construcción de una ciudadanía más saludable y responsable. En la actualidad no podemos solamente hablar de llevar una alimentación saludable que beneficie a nuestra salud, sino que debemos incorporar a la definición tradicional el concepto de sustentabilidad, así como el significado que los alimentos tienen en cada cultura.

Los alimentos que elegimos tienen un impacto directo no sólo en nuestra salud, sino también en la salud del planeta. Estamos en el Siglo XXI y aún existen situaciones inaceptables que siguen ocurriendo en el mundo: aproximadamente 795 millones de personas sufren hambre, mientras 1,9 billones se encuentran con sobrepeso u obesidad y otros millones de personas presentan deficiencias de micronutrientes como el hierro, zinc, entre otros. Haciendo números, podemos estimar que prácticamente la mitad de toda la humanidad vive con algún problema relacionado a la nutrición.

Por otra parte, el reconocimiento cada vez mayor de la degradación ambiental y la pérdida de la biodiversidad, demuestra la naturaleza no sustentable del sistema alimentario global y particularmente de cómo es practicada la agricultura actualmente en muchas partes del mundo, fomentando el monocultivo y la ganadería intensiva. La forma en la que producimos, procesamos y distribuimos los alimentos son un problema global. El sector alimentario es uno de los principales productores de emisiones de gases de invernadero, inclusive doblando la cantidad de hace 50 años. El cambio climático causado por estas emisiones, produce efectos negativos en nuestra habilidad para producir cultivos sanos y de calidad, completando el círculo vicioso de la producción no sustentable.

Lo que comemos es también una fuente de preocupación. Las enfermedades no transmisibles (ENT) como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer son responsables de 2/3 de las muertes a nivel global, convirtiéndolas en las principales causas de muerte. En Paraguay, se encuentran entre las primeras 10 causas de muerte y lo preocupante es que se da en personas jóvenes. Las ENT se encuentran asociadas con factores de riesgo alimentarios como el consumo excesivo de calorías, las grasas saturadas, los azúcares, la sal y el bajo consumo de frutas, verduras y granos enteros.

Pero, ¿qué podemos hacer nosotros como ciudadanos frente a esta situación para contribuir a la construcción de un entorno más saludable y sustentable en términos de alimentación?

1. Aprenda y enseñe a cocinar. Tener un conocimiento básico de cocina es indispensable a la hora de tener control sobre los alimentos que elegimos y consumimos. Aprender a cocinar sus comidas favoritas utilizando ingredientes locales puede marcar la diferencia. Si no tiene conocimientos básicos de cocina, es el momento para que tome la decisión y aprenda. Enseñar a los niños habilidades de cocina también contribuirá a formar consumidores inteligentes; existe evidencia que demuestra que los mismos eligen alimentos más saludables y tienden a consumir lo que cocinan, además de aprender acerca de los alimentos desde su origen.

2. Compre alimentos nacionales. Especialmente los productos provenientes de la agricultura familiar campesina. Estos alimentos no tienen que atravesar ningún océano y contaminan menos en términos del medio de transporte utilizado para que el mismo llegue a su mesa. Frutas de estación, verduras, lácteos, carnes, legumbres. Apoyemos la producción nacional y de esta forma la economía local.

3. Coma frutas y verduras de estación. Mango, piña, melón, tomates, ensaladas verdes en verano. Pomelo, naranja, mandarina en otoño. Frutillas en invierno. Incluso los productos lácteos y huevos son más abundantes en ciertas épocas del año. Cada fruta y verdura tiene su tiempo de esplendor, ese es el momento ideal para consumirlas ya que aportan todas las vitaminas y minerales que necesita. Busque algún calendario de disponibilidad de frutas y verduras por estación y planifique sus comidas en base al mismo.

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4. Plante algo, empiece con una huerta en su cocina y luego llévela a su comunidad. Empiece con algunas hierbas como albahaca, perejil, lechuga, espinaca, cebollitas, rúcula. Puede ubicarlas en macetas individuales o combinarlas en una más grande. Si vive en un departamento, seguro que podría destinar algún rincón del mismo para la huerta. Existen muchos tutoriales en internet que le podrían servir de ayuda. Una vez que la tenga consolidada en casa, piense en unirse con sus vecinos y empezar una huerta comunitaria.

5. Evite comprar productos que puede preparar en su casa. Para cocinar, prefiera los condimentos naturales como orégano, albahaca, romero y evite los que digan “sabor X”. ¿Antojos de algo dulce? Evite consumir a diario las galletitas empaquetadas, contienen mucha azúcar, grasas y sal; intente prepararlas en casa. En caso de comprar productos empaquetados, aprenda a leer el etiquetado y a evitar los productos altos en azúcar, grasas y sal. La comida hecha en casa siempre será más rica.

6. Conozca el verdadero costo de los alimentos baratos. Muchas veces reclamamos que los alimentos saludables son más caros. Pero, ¿no deberíamos estar preguntándonos por qué los alimentos no saludables son más baratos? La realidad es que puede que no esté pagando su precio real en la caja del supermercado, pero el costo de ese producto para su salud y la del planeta están allí y tarde o temprano la factura llegará, seguramente con muchos intereses. Este punto es muy importante entenderlo como consumidores, para así poder realizar compras más inteligentes e informadas.

7. Disminuya el consumo de carnes, especialmente carnes rojas. Hagamos un ejercicio juntos para entender el por qué de esta recomendación y ver cómo lo que comemos realmente impacta en el ambiente. Imaginen un plato de asado; para producir un kilo de carne vacuna se necesitan 15.454 litros de agua y a su vez se producen 27 kilos de CO2 (un gas contaminante). Mientras que para producir un kilo de verduras se utilizan sólo 184 litros y la producción CO2 es mucho menor (1,1 kg). ¿Alguna vez lo pensamos? Pongamos en la balanza estos números y repensemos en lo que diariamente elegimos para consumir. También existen fuentes vegetales de proteína de muy buena calidad. Para que el cambio no sea brusco, podría iniciar destinando un día de la semana a consumir platos “sin carne”.

8. Planifique sus compras y evite el desperdicio. Antes de ir al mercado o supermercado, prepare una lista de alimentos a comprar en base al menú semanal programado y limítese a esa lista durante las compras. Al evitar comprar alimentos en exceso también evitamos el desperdicio de los mismos. La misma recomendación va para cuando vamos a comer a algún restaurante. Si no se consumió toda la comida, no tenga vergüenza en solicitar lo que sobró y llevarlo a la casa. Evitemos el desperdicio.

9. Coma en compañía y sin apuros. ¿Quién no disfruta de una comida en buena compañía? Comer acompañado hace que la experiencia con las comidas sea más agradable y placentera. Comparta la mesa con amigos, familia y personas que aprecie.

10. Comparta información de buena fuente con sus amigos y familiares. Estamos en la era de la información, cuando buscamos información relacionada con alimentos y nutrición, nos encontramos con un océano del cual muchas veces salimos aún más confundidos. Hay muchas corrientes, lo que hay que tener siempre presente al consumir cierto tipo de información es la fuente y la evidencia científica que sustenta a la misma.

Finalmente, la alimentación es un acto social. Es por eso que conectar a la ciudad con los pequeños productores, movilizar la economía local, lograr que los espacios públicos sean espacios de encuentro y valorización de nuestros alimentos son acciones que podrían aportar a una mayor cohesión social en la comunidad. La importancia del consumo de alimentos saludables se une a la concienciación medioambiental de ser cuidadosos con las materias primas, los terrenos de cultivo, el origen de nuestros alimentos.

Le propongo que miremos nuestros platos, los cuales deberían ser el reflejo de un sistema alimentario saludable, más sustentable, eficiente, equitativo y justo. Como “ciudadanos alimentarios”, debemos dejar de ser individuos pasivos, situados al margen del sistema alimentario y convertirnos en ciudadanos activos e informados que participen activamente en la configuración de un sistema alimentario saludable y sustentable a nivel local, regional, nacional y global.

3 o 4 veces al día tenemos la oportunidad de votar con nuestros platos, votar por el mundo en el cual queremos vivir y la salud de la cual queremos gozar. Pensando a nivel global y actuando a nivel local, contribuyamos a construir juntos espacios para el desarrollo de un sistema alimentario sustentable en todos los sentidos: económico, social y ambiental, en donde cada actor juegue el papel que le corresponde: productores, consumidores, industrias, investigadores y políticos, y se tomen decisiones informadas, conscientes y responsables respecto a la alimentación. Cada aspecto de nuestras vidas es, en un sentido, un voto por el mundo en el cual queremos vivir.

“Los alimentos son el sine qua non de la vida y pueden cambiar profundamente la manera en que vivimos”. El desafío esta en su plato. Bon appétit!

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